Conceptos básicos para no liarse luego
En un discurso racional es necesario tener claras las diferencias entre expresión de algo, concepto de lo mismo, y el objeto mismo.
Veámoslo con una casa como ejemplo:

Para empezar, “glopcho prito”, “fanuncio”, “hada”, “Dios”, “casa” y “Richard Dawkins” son en primer lugar, expresiones. Las acabo de escribir (=expresar). Cuando decimos “Dios tiene cuatro letras” nos referimos a la expresión “Dios”, que en castellano tiene cuatro letras. Cuando decimos “Richard quiere decir poder valiente” nos referimos a la expresión también, asi como cuando digo “me acabo de inventar glopcho prito para este aporte“.
Las palabras son una forma de expresión, asi que son expresiones.
Por otro lado, {hada}, {Dios}, {casa} y {Richard Dawkins} son también conceptos. Los conceptos son eso que tenemos en nuestra cabeza cuando pensamos en un hada, en Dios, en una casa o en Richard Dawkins. Tenemos una “imagen mental”, un tipo de proceso de nuestra mente. Los conceptos están en nuestra cabeza.
Vemos que sólo algunas de las expresiones que he listado tienen un concepto. No tenemos, en principio, una imagen mental asociado a “glopcho prito”. Tampoco a “fanuncio”. Eso se debe a que no hay ningún concepto asociado a ésas expresiones.
El concepto asociado a una expresión es su significado o sentido. La expresión es el significante de ése concepto. Una misma expresión puede tener varios significados. Cuando esto ocurre en un mismo lenguaje, se le llama ambigüedad, como en “banco” (¿de sentarse o de inversión?). También un mismo significado puede tener varios signficantes, como {marido}, que se puede decir “marido” o “esposo”.
“Glopcho prito” y “fanuncio” son entonces, expresiones sin sentido, o sinsentidos. Porque no tienen significado, es decir, concepto asociado. El resto de las expresiones que he usado, sí tienen sentido: hay un concepto asociado a ellas, y ése es su sentido.
Cuando en un lenguaje se define una palabra, lo que se hace es darle un determinado sentido, crear esa asociación. La definición da características. Por ejemplo, {hada} se define en castellano estándar como “Ser fantástico que se representaba bajo la forma de mujer, a quien se atribuía poder mágico y el don de adivinar el futuro“. Eso son un conjunto de características:
- Ser un ser fantástico.
- Representarse bajo forma de mujer.
- Que se le atribuyan poderes mágicos.
- Que se le atribuya el don de poder adivinar el futuro.
Ésas son las características definitorias de un hada. Porque son características, y están en la definición. Si nos imaginamos a un ser que, por ejemplo, aunque es fantástico, no lo representamos con forma de mujer (sino por ejemplo, con cabeza de toro y cuerpo de hombre), eso no es un hada, es otra cosa (concretamente un minotauro).
Pero el concepto de hada puede, por supuesto, tener más características, que no son las definitorias. Nos la podemos imaginar, por ejemplo, con un sexy trajecito verde (y asi nos la imaginaremos muchos de los que pasamos la infancia con el Peter Pan de Walt Disney). “Tener un sexy trajecito verde” es otra característica, pero no es definitoria: si se lo quitamos mentalmente (¡pervertido!), sigue siendo un hada.
Finalmente, están los objetos asociados a ésos conceptos. “Mi casa en el lago” no está en mi mente, tampoco Richard Dawkins. Son entidades reales, no sólo imágenes mentales nuestras. La relación entre concepto y objeto puede expresarse así:
El objeto cumple con el concepto si tiene las características defnitorias de ése concepto. Si un objeto realmente está ahí delante, y es fantástico (lo que en el fondo es contradictorio, si está ahí no es fantástico, pero dejemos eso), y tiene forma de mujer, y le atribuímos poderes mágicos y la el don de predecir el futuro… es un hada.
Claro… como está ahí delante, no es fantástico. Y por tanto no puede ser un hada. De lo que deducimos fácilmente que las hadas no existen por definición. Si existe, no es un hada.
Pero objetos que cumple con el concepto “casa” sí existen, y un montón. Eso lo decimos así: “las casas existen”. Y para representar esa relación entre un concepto y muchos objetos, podemos decir también que el concepto incluye cosas como ése objeto de ahí… eso… ésa casa. El concepto de “casa” incluye ése objeto, y por tanto ese objeto “es una casa”.
Finalmente: Como un concepto, expresado por una expresión, es igual a la definición de esa expresión, siempre podemos usar esa definición donde antes usábamos la expresión. La frase no cambia de significado. Un ejemplo: Si “hada” fuera (simplifiquemos) “ser mágico con forma de mujer”, entonces la frase…
“María se vistió con un traje de hada“
…significaría exactamente lo mismo que…
“María se vistió con un traje de ser mágico con forma de mujer“.
En realidad habría que poner toda la definición, pero dejemos eso a un lado.
El caso es que en ambos casos, el significado de la frase es el mismo. Esto tiene necesariamente que ocurrir. Si no ocurre, es que no se ha substituído el concepto por su definición, sino por otra cosa.
En el próximo aporte usaré otro ejemplo que nos afecta más: Dios y su existencia.
Una versión anterior de este aporte puede encontrarse aquí.