En el juego de Hartland Trefoil ”Civilización” habían “cartas de desastre” ocultas entre los bienes adquiridos por la explotación de ciudades. Habia bienes de valor 1, 2… hasta el 9. Y en cada pila de cartas de bienes, había una carta con un desastre. Uno de ellos era “desorden civil”.
China acaba de sacar esa carta, y toca en el Tíbet.
Ha sido un caso de “gota que colma el vaso”, por lo que he leído (intentaban “reeducar patrióticamente” a los monjes). Desde luego, la acusación china de que el Dalai Lama se encuentra detrás del asunto es ridícula. No ya por la propia personalidad del Dalai Lama (ya verdad, he oído rumores desagradables sobre su pasado y no me fío de él), sino simplemente porque si fuera el tipo de persona dispuesta a provocar escándalos para llamar la atención sobre su causa, habría provocado muchísimos más en las décadas que lleva gobernando en el exilio. No es su estrategia.
Lo que tampoco creo es que sea casualidad que esto esté ocurriendo a meses de los Juegos Olímpicos de Pekin. El Tíbet lleva décadas ocupado ¿por qué ahora, estos desórdenes? Yo creo que es fundamentalmente, porque la gente no es tonta. Es la gente del Tíbet la que está harta de la ocupación, y también harta de una estrategia pacificadora y autonomista de su respetadísimo líder… que no ha llevado a nada. Que no ha conseguido absolutamente nada.
Y esa misma gente sabe que los JJOO son la ocasión ideal para hacerse oír. No se necesita ser el Dalai Lama para saber eso: Lo sabe cualquier zapatero tibetano. La gente no es tonta y piensa “ahora nos tendrán que oír”.
Y les oiremos. Protestaremos, nos negaremos a enviar a nuestros Jefes de Gobierno a la inauguración (como acaba de hacer Alemania), pediremos explicaciones, y recordaremos a China que deben respetar los derechos humanos.
¡Cómo me gusta esa expresión de la alta política internacional! “recordar“…. es que se les olvida, y entonces los demás gobiernos se lo recuerdan, y China dice “ay, sí, disculpen”… y pasa a respetarlos. Y luego, el cazador destripa al lobo malo y saca a la abuelita de su barriga y colorín colorado.
Asi que haremos todo eso, tan útil. Y luego, claro, nos olvidaremos del asunto, como nos hemos olvidado ya de las protestas en Birmania, de la situación en Darfour o de la eterna guerra del Congo.
Francamente, si yo fuera tibetano, intentaría salir del país. Y si no puedo, me apuntaría al Partido Comunista Chino, diria que “si” a todo, e intentaría vivir mi vida lo mejor posible. Es de tontos, decía Gengis Khan, luchar una batalla que no puedes ganar. Los tontos pueden ser nobles, y tener toda la razón del mundo, y ser dignos y grandiosos y hasta heroicos. Pero su sacrificio no sirve para nada, y cada uno de nosotros tiene sólo una vida. Sólo una.
En “Civilización”, el “desorden civil” era un “desastre 2″. Al siguente turno te habías olvidado del asunto.
Francamente, si yo fuera tibetano, intentaría salir del país. Y si no puedo, me apuntaría al Partido Comunista Chino, diria que “si” a todo, e intentaría vivir mi vida lo mejor posible.
¿De verdad harías eso More, estás seguro?
Ateadelsur:
No me considero una persona cobarde (tampoco especialmente valerosa) pero mi análisis actual es que la resistencia simplemente es inútil.
Asi que al menos lo intentaría. Adaptarme y ser feliz. Y ayudar a mejorar la vida de los demás, sólo dentro del marco permitido por el aparato represivo, sin dar motivos a nadie para dudar de mi lealtad al Partido.