Existen en la Unión Europea lo que se llama “opt-out”, es decir “opciones de exclusión” de un determinado aspecto de la Unión. Esto significa que el país que está “fuera” no es un miembro de la Unión a los efectos de esa determinada cooperación.
El peligro de esto es lo que se llama “Europa a la Carta”, es decir, que cada país acabe entendiendo Europa a “su” manera de forma que, por un lado, el ciudadano europeo no sepa qué quiere decir exactamente el que otro estado “es miembro de la Unión”, ya que se puede “ser miembro” de mil maneras distintas. Por otro lado, el peligro es que cada estado coja lo que más le convenga… y la Unión le quede como único papel lo que menos le conviene a los demás, una especie de “basurero institucional”.
De momento la posibilidad de salirse de estas cooperaciones se ha mantenido en límites: Tenemos a gente “fuera” en el euro (Reino Unido, Dinamarca y Suecia), en el Tratado de Shengen (Reino Unido e Irlanda), y en otros dos temas (sólo Dinamarca, reconozco que no he mirado con detalle ésos temas).
El Tratado de Lisboa, sin embargo, introduce dos posibilidades más de salirse de la “cooperación reforzada” europea: Política de Cooperación Judicial y Policial, y la Carta de Derechos Fundamentales de los ciudadanos de la Unión. En estos dos aspectos hay países que han tomado una “opción de exclusión”.
En el primer caso, Irlanda y… ¿les suena?… Reino Unido.
En el segundo (la Carta de Derechos Fundamentales, recordemos)… adivinen cuál es el único país que definivamente no va a firmarla…
En principio, mientras las opciones de salida no sigan multiplicándose como setas, no hay motivos para alarmarse. Muy especialmente, no hay motivos para forzar a un país a adquirir el euro, aceptar gente sin controles en sus fronteras, o fundir su ejército en un ejército europeo… si no quieren. Europa puede vivir con algunas escepciones de ese estilo.
Pero cuando un país sistemáticamente adquiere el papel de “freno” en todas las negociaciones de nuevos tratados que han habido desde su admisión en la Unión… cuando un país resulta estar una y otra vez en el campo de los que quieren un trato especial… cuando un país recibe del presupuesto de la Unión Europea un trato especial y único (el “cheque británico“) que correspondía a una situación que ha dejado de producirse hace décadas… cuando un país no está de acuerdo (Cielo Santo!) en los derechos fundamentales de los ciudadanos de la Unión… y cuando en todo esto estamos hablando siempre del mismo país… uno empieza a preguntarse: “¿Qué hace este país ahí? Si no les gusta lo que hace la Unión… ¿¡por qué no se van de una vez!?“.
El Reino Unido entró en una Europa que tenía sueños de integración, pero que era poco más que una área de libre comercio. Dado que esto les interesaba, entraron, y han estado desde entonces haciendo todo lo posible por que la Unión se quede ahí, en un área de libre comercio. Pero el resto no desea sólo eso. Simplemente.
Teniendo como tenemos ya un instrumento poderosísismo para establecer áreas mundiales del libre comercio (la Organización Mundial de Comercio)… ¿qué sentido tiene que el Reino Unido continúe en la Unión?
Realmente, claro: Mucho.
Las élites del Reino Unido saben perfectamente que éste perdería toda relevancia internacional fuera de la Unión. Que el Reino Unido sólo ya no puede hacer nada por mover el mundo en una dirección acorde a sus intereses. El Reino Unido ha tenido tradicionalmente tres ejes de poder internacional: La conexión europea, la conexión estadounidense, y la conexión de la Commonwealth. Pero estamos viendo lo inútil e incluso dañina que puede ser la segunda, y la tercera hace mucho que se convirtió en poco más que folklore. Si el Reino Unido quiere conseguir algo, tiene que conseguirlo como parte de la Unión.
Pero esto es algo que la población del mismo Reino Unido se niega a aceptar. Y como consecuencia, tenemos a unas élites que se llenan la boca de retórica antieuropea cuando hablan a su gente, y luego sonríen en Bruselas y firman todo lo necesario.
Eso si, para evitarse problemas en casa: Sólo lo estrictamente necesario. Y hacen que sea necesario lo menos posible. Y así llegamos a la dinámica que tenemos y que acabo de describir.
Bien pues: ¿Cuál es la solución?
Obvia: Déjenles irse. Y si no quieren, échenlos. No hace falta ser rudos, sin embargo….
1) Se establecen los principios de acuerdo a los cuales un país dejar de ser miembro de la Unión, y los mecanismos que llevan a ellos… esto también ayudará a que algunos países nuevos del Este se den cuenta de que la unión no está obligada a aceptarles cualquier capricho (ver Polonia de los hermanos Kaczynski).
1.1) Entre esos mecanismos está el de no aceptar un nuevo Tratado de la Unión (como el de Roma, Maastricht, Amsterdam o Lisboa).
1.2) Y se establece el tiempo mínimo de readmisión, por ejemplo 20 años.
2) Se realiza un nuevo tratado. Lo ideal, desde luego, sería uno que incluyera el euro, Schengen, el Euroejército (al menos un núcleo) y por supuesto los derechos fundamentales, y que no se añadiera sino que substituyera los tratados existentes (por pedir que no quede) ni incluyera el “cheque británico”. En todo caso, un tratado aceptable por todos pero que no traga con las escepciones británicas en ningún aspecto.
2.1) Se somete a aprobación parlamentaria o por referéndum. El gobierno del Reino Unido, entre la espada y la pared, tendrá dos opciones:
2.1.1) Si lo firma, probablemente perderá las próxima elecciones, pero ningún gobierno futuro lo denunciará porque conocen las consecuencias para el país a medio plazo.
2.1.2) Si lo somete a referéndum o no lo firma, el resultado será la salida automática del Reino Unido de la Unión Europea.
¿Y entonces? Entonces la población británica tendrá la ocasión de vivir lo que significa estar fuera de la Unión. El aislamiento y la irrelevancia política pueden llegar a ser tales, que el Reino Unido deje de ser, en esos 20 años, un país desarrollado para pasar al “segundo mundo”. En todo caso, no será placentero, y lo notará cada británico en cada uno de sus bolsillos. Tras 20 años de “cura de adelgazamiento”, el Reino Unido solicitará el ingreso sin escepciones y con una población entusiasmada ante el fin del aislamiento.
Y por supuesto, la UE les dará la bienvenida. Tienen una larga tradición de apoyar países en apuros…