Sadismo y Machismo, semejanzas y diferencias.
2008-04-11 por moredan
Tras el aporte explicativo acerca de la naturaleza del sadismo, me sigue preocupando el tema del machismo, y cómo distinguirlos lo más claramente posible.
A nivel ideológico la cosa debería estar clara: El machismo es una ideología, la creencia de que los hombres son fundamentalmente diferentes a las mujeres, en aspectos que hacen positivo y esperable que sean tratados de forma diferente… una forma diferente que de hecho discrimina negativamente a las mujeres.
El discurso machista puede estar lleno de flores dirigidas a las mujeres, algo que ha cobrado fuerza desde que el humanismo consiguió hacer impresentable el discurso de simple inferioridad femenina. Hoy en día el machista “en ningún caso se considera inferiores” a las mujeres… sino “diferentes“, en una serie ininterrumpida de grandes características femeninas… ellas son “buena madres“, y como son tan “buenas madres“, lo lógico es que dediquen a los hijos todo su esfuerzo… son “sensibles“, tan “sensibles” que es mejor no molestarlas con cosas sucias como la política, o difíciles como la ciencia… etc, etc… es típico del machismo actual, el que no pare de denigrar y limitar a las mujeres con la fachada de estar alabándolas.
El sadismo moderno, en cambio, no hace diferencia alguna entre hombres y mujeres. El mismo Marqués de Sade era tan masoquista como sádico. En el sadismo, los “doms” varones y mujeres se consideran “hermanos” con los que compartir experiencias e ideas, y hay una corriente de solidaridad (y cuchicheos compartidos sobre las parejas “dom”) entre los y las masoquistas. La cultura BSDM está incluso obsesionada con la idea del consenso: Todo está permitido, mientras esté absolutamente claro que es consensuado, mientras no haya la mas mínima duda de que los participantes están actuando libremente. Ejemplos de esto son las “listas de chequeo” (”check lists”) que se preparan previamente, y las “palabras o signos de seguridad” (”safe words/signs”) que permiten interrumpir una actividad en cualquier momento.
Por tanto es fácil distinguir un machista de un sádico ¿verdad? El machista, sobre todo el caso extremo que es el maltratador, es una persona tradicionalista, de baja extracción social, que usa un discurso copiado de instancias tradicionales (como la Iglesia) y va por ahí defendiendo lo inferiores que son las mujeres en general (aunque no lo diga así directamente). El sádico es un hombre cultivado, parte de una cultura progresista y liberal donde hay personas de ambos sexos, que usa sofisticados sistemas para evitar cualquier actividad no consensuada. Pregunta respondida, respuesta fácil.
¿He comentado ya que no me gustan las respuestas fáciles?
Y es que, por supuesto, lo que he escrito aquí arriba es una solemne tontería. Muchos machistas son personas de extracción social media, e incluso alta. Y, sobre todo, me atrevería decir que muchos hombres viven experiencias sádicas perfectamente consensuadas de forma instintiva, usando códigos totalmente ajenos al código del látex y al carísimo club privado o la mazmorra. Códigos como “me pega, pero es porque me quiere” y como “a las mujeres hay que tratarlas así, si no no te respetan“.
Códigos netamente machistas, imposibles de diferenciar de los de un cerdo sin corazón o una mujer tan machacada por su cultura que acepta lo que la destruye.
Pero entonces: ¿cómo diferenciarlos?
Pongamos un ejemplo concreto: Pepe y Ana son dos jóvenes de una barriada pobre. Son novios. A veces, Pepe abofetea a Ana, y después hay sexo (-dolor-). A veces, Pepe humilla a Ana en público obligándola a decir “soy tu puta” (-humillación-). Cuando están solos en casa de Ana, Pepe le da órdenes superfluas a Ana (como “tráeme un vaso de agua”) y disfruta al ver cómo ella le obedece (-control-).
La tarea es distinguir entre: (A) Una relación machista y moralmente condenable y (B) una relación sadomasoquista que funciona de perlas, de forma instintiva.
El mejor criterio es, me parece: Miren a Ana.
El sádico moralmente aceptable, es un hombre que se preocupa por el bienestar de su pareja. Está seguro de sí, muy feliz de haber conseguido una relación que hoy por hoy no es fácil de establecer, y hace todo lo posible porque su pareja sea feliz. Y el resultado se ve: Ana es capaz de ironizar sobre Pepe cuando está con sus amigas. Ana tiene actividades y tiempo libre sin Pepe. Ana busca a Pepe. Ana sonríe cuando están juntos. Ana sigue teniendo las mismas aficiones que antes, y las mismas amistades, y tiene tiempo para ellas. Ana tiene planes de vida y de futuro, y habla sobre ellos. Puede que Ana disfrute con esas cosas que hace Pepe (masoquista) y puede que no, pero en todo caso no le fastidia la vida. Ana es feliz, y hay que dejar a Pepe en paz o felicitarlo.
El machista maltratador, en cambio, busca la aniquilación de la pareja porque es la única forma que tiene de sentirse seguro. Por supuesto, nunca lo consigue, y por eso sus ataques son periódicos, ya que se siente permanentemente inseguro. El machista intenta encerrar a su pareja en un mundo donde sólo exista él. Asi que Ana va perdiendo el contacto con sus amigas. Ana está cada vez más callada, y a veces tiembla o tiene frío sin motivo objetivo. Ana da la bienvenida a Pepe con una sonrisa nerviosa. Ana tiene la sensación de que lo hace todo mal. Ana no se atreve a criticar a Pepe ni siquiera la seguridad de su familia o amigas. Ana está siendo destruída como persona, y hay que coger al cerdo de Pepe y espabilarlo o encarcelarlo antes de que haga mas daño.
No es fácil reconocer todo esto. No es fácil rechazar la condena simple y rápida (”¿¡te abofetea!? ¡a la cárcel!“) y buscar y analizar qué está ocurriendo. No sólo no es fácil: Es arriesgado. La condena fácil es más segura a la hora de impedir el machismo más destructivo, y desde luego es más fácil de apoyar legalmente.
Pero el precio es condenar relaciones que realmente son consensuadas, constructivas, y felices, y que en un mundo donde tanto el sadismo como el machismo existen, van a ser confundidas con frecuencia con modelos machistas.
¿Merece la pena, la represión por la protección? ¿cuánta de cada? La pregunta acaba siendo si preferimos que alguna persona “sometida” sufra daños porque la ley no permite detener a tiempo al agresor, o preferimos que algún inocente (sádico) acabe en la cárcel porque la ley le toma por un agresor ¿admitiría la sociedad que se aplicara aquí el principio de que es preferible un culpable en la calle que un inocente en la cárcel?
¿Está preparada la sociedad para admitir que los sádicos modernos son personas como los demás, inocentes, que simplemente tienen gustos rarillos? ¿está preparada la sociedad para solidarizarse con ellos si la justicia los confunde con maltratadores, o el proceso de linchamiento sería imparable?
Preguntas difíciles, respuestas difíciles.
[...] sadomasoquistas, ya que es incapaz de distinguirlas de parejas machistas (tema que ya traté en otra aportación). A menos, por supuesto, que la mujer sea la parte dominante (en cuyo caso probablemente [...]