La crisis energética surgida en el Siglo XX es uno de los problemas más graves a los que se enfrenta la humanidad. Nuestra capacidad para consumir cantidades crecientes de energía, nuestra capacidad para transformar unas energias en otras, y nuestro crecimiento de capital y población, nos ha llevado a una situación en que la energía es un auténtico “cuello de botella” del crecimiento económico.
Nuestra sociedad se ha vuelto dependiente del petróleo, como fuente principal de energía. Esa dependencia es destructiva, ya que provoca daños medioambientales a gran escala. La catástrofe climática que estamos empezando a vivir, es sobre todo consecuencia de nuestra dependencia del petróleo. Noten por favor que no es nuestra dependencia de la energía, lo que es peligroso ni dañino, sino específicamente la dependecia de formas dañinas de obtención de esa energía. Toda sociedad depende de energía, incluso todo ser vivo depende de ella, y el consumo de grandes cantidades de energía sólo es un indicador, bastante fiable, de una considerable cantidad de poder (recuerden, “poder y sabiduría”).
Es demasiado tarde para evitar la catástrofe climática, pero no lo es para reducir su intensidad y duración. Tenemos la obligación de hacerlo. Para conseguir esto, se nos ofrecen diferentes alternativas.
Algunas están centradas en cambiar nuestros hábitos, disminuyendo la demanda:
- Disminuír el gasto de energía con mejores costumbres domésticas.
- Crear y aumentar los impuestos sobre hábitos de consumo ineficientes, y subvencionar los hábitos eficientes.
- Potenciar los transportes públicos e inhibir el transporte privado (salvo aquel que usa energía corporal humana).
- Cambar de dieta, disminuyendo o eliminando el consumo de carne (muy ineficiente energéticamente).
- Invesigar, usar la ciencia para mejorar la eficiencia en el uso de la energía.
Otras estrategias se centran en la distribución de la energía:
- Simplemente, cuidar mejor de las redes de distribución.
- Aumentar la eficiencia de la distribución, con la ayuda de nuevas tecnologías como el consumo de hidrógeno[1], de energía inercial, o el uso de motores eléctricos.
Otras estrategias se basan en la substitución o aumento de la oferta:
- Energía hidroeléctrica.
- Energía nuclear de fisión.
- Energía eólica (molinos de viento).
- Energía nuclear de fusión.
- Energía geotérmica.
- Energía solar, en todas sus muchas variantes, desde los paneles solares, pasando por las chimeneas solares o la energía termosolar concentrada.
- Biocombustibles, biomasa, y biogas.
- Energía de las olas y las mareas.
En mi opinión, la pregunta “¿cuál de estas estrategias debemos seguir?” está obsoleta. Estuvo obsoleta desde el día en que supimos que se estaba produciendo un cambio climático. La respuesta correcta a esa pregunta es todas, y sin tardanza.
Ya no nos podemos permitir el lujo de renunciar a absolutamente ninguna de estas formas de aumento de la eficiencia energética. Ese tiempo ya pasó. Me encantaría poder recomendar desde este blog la renuncia a la energía nuclear de fisión, por ejemplo, pero no lo voy a hacer. Simplemente, ya no nos podemos permitir ese lujo. Deberíamos acumular los residuos de forma que algún día podamos extraerlos de nuevo y, o bien limpiarlos con medios que ahora desconocemos, o bien enviarlos a un lugar seguro en el espacio (por ejemplo, el sol, una planta nuclear al aire libre).
Tampoco podemos renunciar al uso de biocombusibles. Por supuesto, no van a cubrir la totalidad de la demanda en un futuro previsible. Tampoco se pretende. Pero deben formar parte del cóctel que necesitamos para poder renunciar al petróleo.
Es posible que en el futuro a medio plazo (no diré treinta años[2]) consigamos alimentar toda nuestra sociedad con energía nuclear de fusión, una energía que de momento se nos antoja muy limpia, muy eficiente, segura y cuyo combusible es virtualmente inagotable. Pero ahora mismo no podemos confiar en eso, asi que ninguna energía alternativa al petróleo va a cubrir la totalidad de nuestras necesidades por sí misma. Nos dirigimos hacia un “cóctel energético”, debemos aceptar que es así y llegar a un cóctel que pueda substituír completamente al petróleo lo antes posible.
Es urgente y es importante, y ya no tenemos tiempo que perder. El momento de cerrar las plantas nucleares de fisión llegará, y espero que llegue lo antes posible, pero será cuando haya una alternativa mejor para obtener esa energía, y de momento la que hay (petróleo) no es mejor.
[1] Cuidado con esto, a veces se vende el hidrógeno como una nueva fuente de energía en los medios de comunicación, esto es totalmente falso, el hidrógeno molecular apenas es encontrable en la Tierra, y por tanto debe ser producido con gasto de energía. Es una nueva y eficiente forma de transpotrar, no de producir, energía.
[2] Dicen que la energía de fusión ha creado una nueva constante de la fisica: “Treinta años”, que es el tiempo que aún necesita para poder ser comercializada… esta constante apareció en los años 70, y sigue invariable…
Siento decirle que, siguiendo el principio PTE, «es nuestra dependencia de la energía, lo que es peligroso ni dañino, sino específicamente la dependecia de formas dañinas de obtención de esa energía», no puede ser cierto.
Porque dado que lo realmente peligroso es:
A. El uso de energía, independientemente de la fuente, se da en el planeta a día de hoy para uso exotérmico, es decir, no para proveernos de calorías alimenticias, sino para usar recursos naturales y con ellos lograr producción de bienes. Pero los recursos naturales como los minerales, imprescindibles para la humanidad a día de hoy, son finitos.
Sumado a
B. El crecimiento en consumo de energía, el crecimiento en demografía, o el crecimiento en ambos a la vez, energía y demografía, llevan a agotar cualquier recurso finito.
Entonces
Yo propongo que el mayor problema en el uso de la energía es el crecimiento en su uso.
Y como su aseveración y la mía no pueden ser ciertas a la vez, al menos una de las dos no es correcta.
Vea aquí mi argumento, en vídeo de 52 minutos.
Saludos cordiales
Su visión me parece tremendamente simplista y errónea, lo siento. Aunque no conozco el “principio PTE”, asi que sobre eso no puedo juzgar.
Usamos energía para muchísimas cosas, no sólo para “usar recursos naturales”: También para descubrirlos, extraerlos, substituítlos por otros (naturales o no), renovarlos o reciclarlos; y también para hacer un montón de cosas que no tienen que ver directamente con recursos naturales (por ejemplo, para escribir en Internet).
El aumento del calor de la Tierra por el uso directo de energía (es decir, el hecho de que nuestra propia civilización es “exotérmica”) NO es un problema prioritario ahora mismo, ni es algo sobre lo que nos tengamos que preocupar en un futuro próximo. Si algún día llega a serlo, habrá herramientas para solucionar el problema… herramientas que por cierto, requerirán el uso de energía. El problema ahora es mucho más grave porque emitimos gases de efecto invernadero. Comparado con eso, el calentamiento “directo” es nimio.
Todo recurso es finito, y todo recurso finito se agota en un tiempo finito, con o sin aumento demográfico e independientemente de si el consumo es elevado o escaso. Vivimos, y por tanto consumimos recursos y energía. Nada de esto es un problema prioritario: si por ejemplo conseguimos vivir de energía de fusión nuclear, podemos dejar que la ciencia y la tecnología de dentro de decenas de miles de años nos digan si realmente algún día se nos va a agotar la energía, y cuándo, y qué podemos hacer para evitarlo. Teniendo en cuenta que hace mil años no hubiéramos ni siquiera comprendido el problema, tengo la impresión de que debemos dejar ese nuevo problema (si realmente existe) para quienes lo tengan, no para mis lectores actuales.
No voy a ver su vídeo, lo siento, ando escaso de tiempo (ver aporte “Discapacitado físicamente”) y de momento sus argumentos me parecen bastante débiles. Quedo sin embargo a la espera de sus contraargumentos.
Un saludo.
¿para qué, si no va a tener tiempo de discutir sobre lo que usted mismo escribe?
Saludos.
Pregunta capciosa, vuelva a leer mi respuesta, por favor.
Dicho de otro modo:
1) Yo ya he rebatido lo que ha dicho, y me he tomado el tiempo de hacerlo.
2) Si usted puede apoyar mejor esos argumentos, me tomaré el tiempo de analizar sus argumentos, y nunca he dicho lo contrario.
3) He dicho exactamente para qué no voy a tener tiempo y por qué.
4) Y su respuesta la interpreto como una huída provocada por el hecho de que no tiene nada con lo que refutarme.
Que tenga un buen día.
Más que una huida será algo de pereza, sinceramente. Porque en principio su artículo me gustó, solamente pretendía hacer un inciso sobre lo que subrayó en negrita.
Buen día tenga usted.
Vamos, usted me quiere decir ahora, Sr. Tobar, que me acusó falsamente a mí de algo (“no tomarme el tiempo de discutir sobre lo que escribo”), para no reconocer que es precisamente eso, lo que usted hace o pretende hacer.
Hum… no, no creo. Creo que su falta de ganas se debe a que se da cuenta del tremendo esfuerzo que supondría (para usted) intentar siquiera refutar racionalmente mis objeciones o la frase en negrita que comenta.
De su malthusianismo desvirtuado a una objeción seria hay un largo camino, y por eso usted lo deja. Las objeciones que ha presentado son, como mostré, muy débiles.
Que tenga un buen día.
[...] mi aporte sobre la crisis energética ya mencioné la necesidad de usar la energía nuclear de fisión como parte de la lucha contra el [...]