Quizá habrán notado que cuando escribo una fecha, la escribo poniendo primero el año, luego el mes, y luego el día. Por ejemplo: 2009-04-08 sería el 8 de Abril de 2009. Esta no es la convención habitual europea ni la estadounidense, sino que corresponde con el estándar ISO 8601: cuando escribimos un número (por ejemplo el mismo 8601) los primeros dígitos son los más importantes, y los siguientes son cada vez menos importantes. Ni yo ni la gente de ISO, por lo visto, hemos entendido por qué esta sencilla regla debe romperse cuando escribimos una fecha.
Las ventajas del formato ISO 8601 son muchas, pero quizá la más importante para la vida cotidiana es que hace que el orden alfanumérico y el cronológico sean iguales. Pongamos por caso un archivo llamado “Resumen 13 Abril 2008.txt” y otro llamado “”Resumen 21 Enero 2008.txt“. Si uno ordena esos archivos ascendientemente en el ordenador, el primero saldrá antes que el segundo, aunque la fecha sea posterior. En cambio, si (a) se expresan los meses con números (b) se respeta la norma de “lo más importante primero” y (c) se introducen ceros para números más cortos que el máximo (04 en lugar de 4)… entonces el primer archivo estará antes del segundo si y sólo si, cronológicamente también está antes: “Resumen 2008 04 13.txt” sale después de “Resumen 2008 02 21.txt“.
El formato ISO incluye más signos y posibilidades, desde un “maquinal” 20090314093010 a un más entendible 2009-03-14 T 09:30:10. Pero me gustaría ir un poco más lejos en este aporte.
El calendario gregoriano es un desastre. Admitámoslo: Comienza con el año 1, incluye días que no existieron, tiene números tan extraños como 365.2475 (media de días de un año), meses de duración irregular, y demás. Todo como producto de una agitada e interesante historia, pero francamente muy poco útil.
En un Mundo Ideal (categoría a la que pertenece este aporte)… ¿cómo se vería un calendario?
Creo que hay tres cosas básicas a considerar: El formato, el punto inicial, y el periodo.
1. Formato
Es curioso cómo la gente que creaba estándares hasta el S. XX tendía a pensar que estos eran eternos y jamás necesitarán ser actualizados. Eso mató a más de un estándar: Ni siquiera el metro actual mide exactamente lo que medía la primera vez que fué propuesto.
Esa mala costumbre acabó con la asociación de nombre más hermoso que jamás he conocido, la ISO[1]. Asi que comencemos proponiendo un formato de fecha que incluya un prefijo para (a) el estándar mismo, por ejemplo ISO y (b) la versión del mismo. Como esto lo hace la ISO mejor que nosotros, nuestra fecha completa inicial comenzará por “ISO XXXX:YYYY”. Cada vez que mejore el estándar cambiará XXXX o bien YYYY.
2. Punto inicial.
Los estándares deberían ser universales ¿no les parece? Y bueno, ustedes saben que yo lo de universal me lo tomo un poco literalmente… ¿qué tal el Big Bang como punto inicial?
Con un poco de suerte, este punto inicial tiene la ventaja de que no existen las fechas negativas: para el modelo estándar (espero estar al día en esto) el tiempo antes del Big Bang no existe. No hay un “antes del Big Bang” y por tanto nada que fechar en esa fecha.
La desventaja del Big Bang es que no sabemos “exactamente” cuándo fué: 12,7 millardos de años parece una aproximación muy buena, pero evidentemente no sabemos si fueron 12.712.345.678 o 12.789.012.345 (por ejemplo). Por otro lado, sí podemos suponer que nuestras aproximaciones serán cada vez mejores: ?qué hacer?
Propongo usar un número redondo (por ejemplo 12.700.000.000) como “base”, y asociarlo a una versión de estándar. Cuando mejoren las estimaciones, podemos cambiar el número de estándar, y entonces el a~o “ISO XXXX:0001 12.700.000.000” puede ser la misma fecha que “ISO XXXX:0002 12.726.300.000“.
No tiene por qué ser la única base. Sería un poco raro decidir que vivimos precisamente en el a~o 12.700.000.000, la falta de precisión actual nos permite honrar otros hechos importantes como el holoceno: ya existe una propuesta de “calendario holocénico” provocada en parte por los mismos problemas que causan este aporte. Asi que podemos poner como año actual, por ejemplo, 12.700.012.008.
Son necesarias sin embargo algunas aclaraciones:
- Cuando se conozca mejor el comienzo del holoceno, esta fecha base tambien puede cambiar, con otro cambio de versión como en el caso de la edad del universo.
- Cuando se conozca la edad del universo son suficiente precisión, el holoceno pasaría a “chocar” con esto, y debería ser eliminado como punto de referencia.
- El holoceno no es un punto universal, sólo afectó a la Tierra, asi que de todas formas a largo plazo debería desaparecer del estándar.
- He dado los ejemplos en años. Pero un buen calendario no debería alterar sólo el punto inicial, sino también, y sobre todo, los períodos.
3. Períodos
Pensando en una civilización terrestre que se expande por las estrellas, no tiene mucho sentido que el calendario estándar tenga en cuenta cosas como la rotación de un planeta sobre su eje o su traslación alrededor de su sol. Semejantes fenómenos naturales no tienen mucha cabida.
La base 10 es otra de las cosas ques se pueden poner en discusión: es una base nacida del hecho de que tenemos manos con diez dedos. A un nivel más universal, la base 12 o 60 tienen mucho más sentido. De hecho en Asia Menor se usó la base 60 y ése es el motivo de que la circunferencia aún hoy tenga 6×60 grados con 60 minutos y 60 segundos.
Pero por amor a la claridad (piedad hacia mis pobres lectores) voy a suponer que al menos en las primeras versiones del estándar se respeta la base 10. ¿Cuál es la unidad de tiempo más pequeña y universal posible? Se me ocurre que el Tiempo de Plack: 0,00000000000000000000000000000000000000000539121(40) segundos. El que sea una unidad pequeña nos ahorra (en principio) el trabajar con decimales, y es una constate realmente universal (el tiempo que tarda un fotón en recorrer una distancia de Planck).
Desde luego no tiene mucho sentido ir por ahí contando Tiempos de Planck, pero llamando algo así como segundoPlanck (”sP”) a una unidad 10e42 veces mayor ya tenemos algo parecido al segundo (la mitad de un segundo): 0,539121(40) segundos serían un “sP”.
A partir de ahí no hay motivos para no seguir usando la base 10, sin más: Vivimos en una fecha que podría expresarse como ISO XXXX:0000 31.000.030.000.000.000, expresado en sP’s desde el Big Bang y con el Holoceno como base intermedia. Tiempos más pequeños pueden expresarse con una coma decimal.
4. Vida cotidiana.
La vida cotidiana, sin embargo, serguirá estando regida en muchos planetas por los (diferentes) ciclos naturales del año y del día. Por eso mi propuesta no incluye unidades que se llamen así: años, meses y días, horas, minutos y segundos podrían seguir existiendo, pero con algunas condiciones:
- Su uso estaría restringido a un sistema local. Por ejemplo, “tiempo de la Tierra”. Cualquier nuevo planeta habitado debería poder escoger su propio tiempo, y desde luego cualquier nuevo sistema de tiempos debería ser más regular que el desastroso calendario gregoriano.
- No comenzarían, evidentemente, por el mismo numero ISO que la fecha universal: La XXXX de “ISO XXXX:…” debería ser única.
- Deberían abarcar periódos de tiempo más bien modestos, adaptándose a la fecha universal para las grandes fechas. La primera vez, sin embargo, puede hacerse al revés: “31.000.030.000.000.000″ es un buen número de base al menos durante algunos a~os, si se aceptara este estándar.
Por ejemplo: Marte es colonizado dentro de unos 50 a~os. Las autoridadedes marcianas podrían establecer el a~o 0 (!no uno!) marciano, bien en una fecha bastante exacta como “31.000.030.122.467.492″ (el sP en que aterrizó la primera nave colonizadora), bien en una fecha más redondeada y fácil de convertir como “31.000.030.123.000.000″.
Por supuesto mis esperanzas de que alguien realmente asuma este estándar de fechas
.
Pero eso nunca me ha impedido soñar.
[1] La belleza del nombre se deriva de que, por casualidad, la descripción más exacta y completa posible de sus actividades (Asociación Internacional de Estándares) da un acrónimo inglés (ISO) que corresponde con el prefijo griego para “igual” (isobara, isótopo). A veces la casualidad nos hace un regalo.