Hay varios debates en diversas sociedades occidentales que tienen una relación común y merecen ser tratados en su conjunto:
- La prohibición de símbolos y de la publicación o difusión de ideas nacionalsocialistas en Alemania y otros países.
- La prohibición de la “apología del terrorismo” en España (golpeada por el fascismo de ETA) y otros países.
- La prohibición de la “incitación al odio” en el Reino Unido y otros países.
- La prohibición del uso del pañuelo en la cabeza que usan algunas mujeres musulmanes, en Francia y otros países.
- La prohibición de la negación pública del genocidio armenio en Francia.
- La prohibición de la afirmación pública del genocidio armenio en Turquía (exacto, una persona coherente que tenga una opinión al respecto debe autocensurarse en uno de los dos países si no quiere acabar sancionada o en la cárcel)[1].
Creo que como primer paso debo explicar que agrupo todo esto bajo el mismo aporte porque me parece que son aspectos diferentes de un mismo tipo de mentalidad: se trata de prohibir expresiones públicas (en la ropa, en símbolos, en publicaciones) que nos parecen contrarias a nuestros valores más fundamentales[2].
La intención es: proteger a la sociedad trabando la difusión de tales ideas, proteger a las víctimas del dolor que les producen estas expresiones, impedir que tales ideas lleguen a tomar el poder destruyéndo la democracia.
Mi postura al respecto, por decirlo sin más tardanza, es como de cosumbre gris. Recuerden por favor que Dios les ama (no, un momento… paso demasiado tiempo en chats evangélicos… ah, si…) recuerden por favor que mi moral es consecuencialista, y por tanto ni prohibir ni permitir van a ser “siempre buenos”. Considero que la prohibición de símbolos y de la expresión pública de ideas puede estar justificada cuando quedan todavía una considerable cantidad de víctimas de esas ideas. Víctimas que se merecen, simplemente, que el estado asuma su territorio como un territorio “en duelo” por algo ocurrido, donde expresiones que normalmente estarían permitidas, se prohiben.
No considero, sin embargo, que los descendientes de las víctimas puedan pretender que su dolor es de la misma intensidad. Y desde luego, considero que se trata de un estado escepcional, temporal y limitado.
Y el resto de los argumentos que se aducen no me parecen, por lo general, de peso:
La idea de proteger la democracia impidiendo que se difundan ideas antidemocráticas me parece pésima: la democracia defiende y se basa precisamente en la libertad de expresión. Prohibir ideas, además, nos pone en la tesitura de qué ideas prohibir: ¿fué acaso el marxismo-leninismo mucho mejor que el nazismo? ¿prohibimos entonces los bustos de Lenin y Stalin[3]? Y ademas hay problemas de eficiencia: al prohibir esas expresiones las hacemos más difícil de vigilar. Por ejemplo: ¿cómo saber si un populista de derechas es en privado un nazi, si decirlo está prohibido? ¿le votaría tanta gente si se expresara como quiere, sin miedo a ser detenido?
La idea de prohibir “símbolos religiosos” para preservar la “laicidad del estado” me parece una locura (y eso a mí, un enemigo de las religiones comparable a Richard Dawkins): ¿dónde acaba la religión y empieza la ideología? ¿no se deberían prohibir entonces los símbolos ideológicos? ¿y dónde empiezan y acaban estos, el pañuelo es religoso si lo lleva Aisha pero no si lo lleva Gerlinde? ¿la cruz es religiosa si la lleva una monja pero no si la lleva como pendiente un chica gótica?.
La idea de impedir que las mentiras históricas tengan voceros, usando prohibiciones, también me parece contrapoducentes: sólo puede derrotarse limpiamente a la mentira histórica en un debate en igualdad de condiciones. Estoy completamente de acuerdo en que el estado invierta dinero en propaganda (por supuesto verídica) destinada a combatir mentiras históricas peligrosas, pero no en que amordace a sus oponentes.
Y por tanto: Me parece lógico que en Israel la cruz gamada estuviera prohibida durante décadas. Ya no me parece tan lógico que lo siga estando ahora. Me parece lógico que se prohiba la apología del terrorismo en lugares donde éste está activo. Me parece lógico que en Bosnia se prohiba negar el genocidio de Srebenica, o la limpieza étnica llevada a cabo por los serbios: pero sólo durante unas décadas.
La única razón válida que encuentro, porque las consecuencias son visibles, claras e importantes, para limitar la expresión pública[4] de ideas o símbolos, es proteger a personas que han sufrido mucho a manos de gente que portaba esos símbolos o defendía esas ideas.
Todo lo demás, confío en que se pueda limitar usando la razón, el debate, y como último recurso los medios propagandísticos del Estado. Sin prohibiciones.
[1] Por si a alguien le cabe alguna duda: será mejor que yo no publique nada en Turquía, ya que considero que el genocidio armenio sí tuvo lugar y sí fué un genocidio, aunque no tan sistemático como el nazi y con rasgos mezclados de “simple” limpieza étnica.
[2] En Turquía puede que el valor fundamental que se defiende sea el patriotismo. Supongo. Otras personas consideramos que el patriotismo no es un valor fundamental sino generalmente un desorden mental peligroso.
[3] La idea de que Lenin era “el bueno” mientras que Stalin fué “el malo” es simplemente errónea, Lenin apoyaba el terror y el autoritarismo con todo entusiasmo.
[4] Noten por favor que todo el tiempo he estado hablando de la expresión pública, no privada, de estas ideas y símbolos.
Yo si creo que hay ciertas ideas que deberían estar prohibidas permanentemente. Me refiero a expresarlas, claro, no a tenerlas en el cerebro.
Y el ejemplo sería la apología del terrorismo, por ejemplo. No creo que una sociedad democrática deba permitir que se puedan decir esas ideas animando a otros a cometer esos actos.
Bien, yo no prohibiría la expresión privada de ninguna idea, sea la que sea. Por principio, como norma fácil de entender y respetar y que hace tanto bien que el mal que pueda hacer puede ser ignorado en aras de mantener la norma.
En cuanto a la expresión pública y apologética del terrorismo… le comprendo a usted, pero yo no la prohibiría tampoco. Mi mayor problema es quién y cómo define qué es “apología” y “terrorismo”. Digamos que considero demasiado peligrosa esa prohibición… y poco eficaz, por lo dicho ya en el aporte.
Pero comprendo su opinión.
Un saludo.
Yo también comprendo que es difícil dicha definición, y quienes lo definirían.
Pero un ejemplo que me “suele gustar” es esta caricaturización llevada al extremo: si difundir una idea no estuiviese prohibido, entonces el que un capo mafioso dijese a alguien de su familia que quiere que mate a X no sería delito.
Y la inducción al asesinato si que es delito.
Es decir, que me estoy liando, que veo la apología del terrorismo un poco como la inducción a cometer un crimen. No se si entiende.
Ehm… bien, la orden del capo mafioso no es SOLO una idea, es una orden. No se la condena por idea sino por orden.
Comprendo la relación entre apología del terrorismo e inducción al asesinato. Pero entonces: qué me dice que quien defienda públicamente llevar a cabo una guerra ilegal, por ejemplo la de Irak? Eso no es “apología del homicidio” tanto como la apología del terrorismo lo es del terrorismo? Lo prohibimos, entonces?
No, creo que una cosa es una idea y otra una orden, y una cosa es defender que algo “debe hacerse” o que “otros deben hacer” algo y otra cosa es decirle a alguien “hazlo tú” cuando sea ilegal que lo haga.
Pero ya ve, yo tampoco me siento cómodo con esto, no consigo dar límites precisos. La apología del terrorismo es, en efecto, igual que la defensa pública de una guerra ilegal, temas fronterizos donde la libertad de expresión choca con la lógica prohibición de la inducción a cometer delitos.
Muy buena objeción, arbitro. Gracias.
[...] merecen respeto. Me puedo tomar a chanza perfectamente creencias que me parecen ridículas, y puedo plantearme prohibir la expresión de creencias que me parecen dañinas. Puedo intentar usar la presión social como mecanismo para frenar creencias malvadas, y también [...]