Que una organización formada por hombres célibes, y que dedica gran parte de sus recursos humanos a la educación infantil, tenga un número elevado de pederastas no debería ser ninguna sorpresa. Eso no es culpa de dicha organización, y desde luego no indica que ésta esté formada sólo por pederastas ni ninguna barbaridad semejante.
Ahora bien, una organización así debe ser consciente del peligro, y debe implementar mecanismos de prevención, detección, control y castigo (entendido como el castigo en el sistema penal).
Tratándose de una organización antigua (o senil, depende del punto de vista) es más o menos lógico que ésos mecanismos no estén implementados desde el comienzo. La sensibilidad en el S. V acerca de la pederastia, por ejemplo, no era la misma que ahora. Pero ya cumplido el segundo siglo de la edad contemporánea, y teniendo ya detrás numerosos escándalos, cabe preguntarse a qué esperan.
La SICAR (Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana) no se hace culpable de pederastia porque unos cientos o incluso miles de sacerdotes abusen sexualmente de niños. Pero sí se hace culpable de encubrir e ignorar esos crímenes allá donde puede, de evitar prevenirlos tanto como puede, y de negar los cargos todo lo que pueden.
No hay investigaciones independientes. No hay una política de prevención, detección y control. Los castigos son ridículos e incluyen en muchos casos el ocultamiento de los crímenes ante la ley.
De eso sí es culpable la SICAR en su conjunto, como organización. Y como ya está empezando a hacerse, es posible y correcto pedirles responsabilidades legales por ello.