Llamémosla Mary. Tiene 20 años. Trabaja en una casona, grande, cuyas ventanas están cubiertas de persianas que arrojan a la calle una intensa luz roja. Es un “hada de la pradera”, modo poético de llamar a las prostitutas.
Los inviernos, viaja a Nueva Orleans, donde se gana bastante menos y la competencia es dura. Pero de Abril a Noviembre, se la puede visitar en la casona. Lleva trabajando desde los 15, una edad muy normal (algunas llegaron con 14).
Se cuida. Y cuida de sus clientes. No porque falten: Los cow-boys llegan a miles, contratados por 30 dólates al mes, jóvenes la mayoría, teniendo que pasar meses sin ver una mujer. Cuando llegan a Dodge City, la nueva “cattle city” (ciudad de ganado), a vender las piezas para que sean transportadas en el tren a Kansas City y luego a la costa, están hambrientos, pero no de carne de vaca, sino de hembra.
Mary cuida a sus clientes porque tiene la intención de casarse con uno de ellos. Espera poder elegir: Entre los clientes, siempre hay algunos “fijos”, y de entre ésos, algunos solteros. Sobran solteros en Dodge City.
Y cuando encuentre al apropiado, quizás a los 25 años, cogerá sus ahorros y los de él y montarán una tienda, o una granja, o lo que sea… y tendrá hijos. Asi que debe cuidarse. La sífilis no tiene cura.
No está sola, ni es la primera. Prácticamente la única presencia femenina en Dodge City en 1870 (pongamos) está compuesta por prostitutas. Y ex-prostitutas. El resto es una pequeña élite de esposas de los rancheros más importantes, del pastor. Una pequeña élite.
Un siglo después nadie querrá oír la historia de Mary. Sin la cual Dodge City se habría convertido en un pueblo fantasma con la primera ruta ganadera alternativa. Y con Dodge City tantas, tantas otras ciudades más. Los hombres llegaron a sacar dinero del ganado. Las mujeres, a sacarlo de los hombres. Y a pesar de las dificultades, el desprecio, las enfermedades, la violencia… a pesar de todo lo que esas heroicas mujeres tuvieron que pasar para ganarse la vida y conseguir un marido, al final fueron ellas, ellas tanto como los cow-boys, los que hicieron el Oeste Americano tal como lo conocemos.
Dodge City: hijos de puta.
(este aporte fué escrito en 2003, poco antes de la invasión de Irak, y publicado en los foros del periódico ABC)