Estamos a 19 de Noviembre de 1620. William Bradford, de 16 años, observa desesperanzado los bosques. Como describirá en su diario: “Nada en que asentar la vista, que alegre el corazón del hombre”. William es un peregrino.
Los peregrinos que llegan con el Mayflower son, sin embargo, imbatiblemente optimistas. Creen que America es la nueva Tierra de Promisión, el lugar elegido por Dios para su nuevo Pueblo Elegido, elegido para dar una nueva Luz al Mundo. Se consideran a sí mismos superiores al resto, a los “otros”, los “strangers” (extraños), de los que desconfían porque pueden corromper su sociedad. Se le puede llamar puritanismo. Se le puede llamar xenofobia. Y tienen motivos para estar orgullosos: Sus representantes son elegidos por la comunidad en elecciones más o menos democráticas. Una “comunidad de iguales” quieren ser, iguales libres, libres para trabajar… y para comerciar sin escrúpulos, pero rechazando de plano toda igualación comunista.
El que estas palabras, por cuidadosamente elegidas que sean, se apliquen en su totalidad al estadounidense medio actual, muestra hasta qué punto los “padres peregrinos” (pilgrim fathers) han marcado a los EEUUA. G.K. Chesterton la llamará, mucho tiempo después, “una nación con el alma de una iglesia”. Y éste hecho, el hecho de esta influencia imborrable, es un hecho demográficamente sorprendente que muestra la poderosa influencia que una minoría fuertemente ideologizada puede ejercer sobre su entorno.
Porque el medio centenar de peregrinos, y los peregrinos que vendrán después, por muchos miles que sean (unos 30.000), no llegan sólos. Ya en el Mayflower componen sólo la mitad de los 102 pasajeros, y teniendo en cuenta que los tripulantes se ven obligados a pasar el invierno en la inesperada soledad de la Pylmouth Plantation, los peregrinos no son ni la mayoría.
Inesperada soledad porque el asentamiento es ilegal: La carta de propiedad (charter) conseguida del Rey se aplica a un territorio de Virgina, no a esta costa extraña de lo que será Massachusetts a la que han acabado llegando por error. El hecho de que la autoridad de la comunidad peregrina se asienta sobre bases ilegales les obligará a firmar un documento de autogobierno que pasará a la historia como la primera señal de democracia en Norteamérica: El Contrato del Mayflower (“Mayflower Compact”).
Pero los peregrinos decidirán la nota de la plantación: Ir a Iglesia es obligatorio, para todos los habitantes, sean peregrinos o no. Los peregrinos, que se llaman a sí mismos “santos” (saints), no van a permitir que la corrupción de los extraños les afecte. Han empeñado su futuro (la producción en los próximos 7 años pertenece a sus pagadores) para alejarse de esa influencia maliciosa, no para huir de la persecución: Los peregrinos huyeron de la presecución religiosa viajando a Leiden, Holanda, donde llevan unos años instalados. Pero es el deseo de preservar su pureza lo que les trae a América. Su imposición de su religión a rajatabla sobre una parte de la sociedad que no comparte sus valores, unida a su deseo de purificar la Iglesia en el Mundo, justifica el adjetivo de fundamentalistas.
Se cometen otras ilegalidades: El contrato con el que han llegado prohíbe la posesión privada de tierra hasta que hayan pagado sus deudas. Bradford, entretanto líder de la colonia, ve desesperado como los efectos desmotivadores del comunismo entre su gente mantienen a la colonia al borde del hambre. Y finalmente, rompiendo la ley. facilita propiedad privada a los colonos “que lo merezcan”. El comercio vendrá luego, con la seguridad económica: Se vende a los indios licores… y armas, a pesar de la expresa prohibición del Rey.
Tampoco son los peregrinos los primeros en llegar: Florida tiene colonias españolas ya desde finales del XVI, y Virginia ha sido fundada 13 años antes por emprendedores aristócratas royalistas (“whims”), seguidos de sus siervos semiesclavos, hecho que un cuarto de milenio después seguirá siendo decisivo a la hora de decidir los frentes de la Guerra Civil.
Y al norte aparecerán pronto otras colonias: No sólo las puritanas como Massashusets (1629), sino de “strangers” como los comerciantes y burgueses de William Penn (Pennsylvania, 1681)). Al final del siglo, a los realistas sudeños y los burgueses norteños se han unido suecos, alemanes, holandeses… que fundan Nueva Amterdam, más tarde llamada Nueva York. Los peregrinos son para entonces una, y no la más numerosa, de las cuatro macro-comunidades de la norteamérica anglosajona.
Tampoco llegarán los peregrinos durante mucho tiempo: Con el final de la Guerra Civil Inglesa en 1647 las persecuciones cesan. El flujo de inmigrantes, sin embargo, crece sin cesar. La proporción de descendientes de los “pilgrim fathers” es hoy insignificante, y ya en vida de Bradford los ideales originales de éstos parecen perderse para siempre en la masa, de lo que éste se queja amargamente en su “Of Pylmouth Plantation”.
Y sin embargo…
…la búsqueda de la salvación personal se convertirá en la “búsqueda de la felicidad” en la Constitución de los EEUUA.
…la confianza en Dios permanecerá para siempre, los EEUUA nacerán convencidos de ser elegidos para dar una nueva Luz al Mundo, sólo que no es la del Evangelio sino la de la Democracia.
…el anticomunismo, el comercio ilimitado, y la creencia en la Tierra de Promisión permanecerán intactos.
…los “extranjeros” dejarán de ser los anglicanos y papistas para ser sucesivamente indios, holandeses, alemanes, franceses, ingleses, mejicanos, españoles, alemanes de nuevo por dos veces, comunistas y musulmanes.
Los pilgrim fathers darán otra cosa a los EEUUA. Aunque ellos se denominen “santos” son conocidos ya en el siglo XVII por otro nombre, usado por sus cohabitantes no puritanos:
“Yankees”
(este aporte fué escrito en 2003, poco antes de la invasión de Irak, y publicado en los foros del periódico ABC)
Em Portugal fazem falta humanistas radicais… Força, excelente “TOLA”!
“Our faithers were Englishmen which came over this great ocean, and were ready to perish in this willdernes; but they cried unto ye Lord, and he heard their voyce, and looked on their adversitie, &c. Let them therfore praise ye Lord, because he is good, & his mercies endure for ever.”
Muy buena historia, Moredan. Me la perdí hace 9 años