Quería observar que estamos viviendo los últimos siglos, si no décadas, en que la humanidad será la única especie inteligente sobre el planeta (si es que lo es, que ésa es otra
), y los últimos siglos en que será la más relevante a nivel político.
Independientemente de que descubramos o no inteligencia extraterrestre, simplemente nosotros mismos vamos a crear más especies.
El proyecto “Orion’s Arm“ al que recomiendo echarle un vistazo, presenta la tremenda variedad de “sofontes” (seres inteligentes) que la humanidad puede llegar a crear. Se distinguen de esa jungla varios conceptos: La mente de origen (humana, animal, artificial), el tipo de adaptación (genética o mecánica), el tipo de cuerpo (multifuncional, especializado, virtual), su cardinalidad (uno, muchos) y duración (definitivo, temporal) son las categorías que he descubierto allí. Dejaré la última para luego y daré algunos ejemplos de sofontes que algún día serán realidad.
- Seres humanos alterados cibernéticamente. Esto, realmente, ya es realidad: cualquier persona con un marcapasos es un cyborg.
- Seres humanos alterados genéticamente, por ejemplo para ser más inteligentes o resistentes a enfermedades, contaminación, venenos o las condiciones extremas de otros planetas (marcianos de diseño, por ejemplo).
- Animales alterados genéticamente para ser tan o más inteligentes que un ser humano. Lo mismo, pero con cibernética.
- Inteligencias Artificiales sin cuerpo, pero que pueden usar diversos robots.
- Seres humanos cuya mente ha sido transportada a una nube de nanorobots capaces de asumir las formas más diversas.
- Mentes humanas trasladadas a Internet.
- Mentes humanas insertadas en un gran robot, por ejemplo una nave espacial.
- Mentes humanas trasladadas a un cuerpo animal.
- El “anticyborg”, una inteligencia artificial controlando un cuerpo humano.
Pueden seguir combinando hasta cansarse todos los elementos mencionados. Todo esto es en teoría posible, y por tanto sólo es cuestión de tecnología, y por tanto de tiempo. Se podrá hacer, y cuando se pueda hacer, se hará.
Finalmente, hay que tener en cuenta que estas decisiones pueden ser temporales. Es perfectamente concebible que una mente surja por la “elevación” de un chimpancé, pase luego a un cuerpo robótico, luego decida vivir en el espacio virtual (sin cuerpo) pero los fines de semana los pase con un cuerpo de delfín nadando en algún océano.
Nada impide, en útlimo término, que se acabe tratando el cuerpo igual que se trata a la ropa: es algo que envuelve nuestra mente (que es nuestro verdadero “yo”), y que puede cambiarse a placer, y refleja nuestra forma de vernos y lo que deseamos transmitir con nuestra presencia.
Se pueden sacar algunas conclusiones de la inevitablidad de este proceso:
- Tendremos que ampliar nuestra moral. No tiene ningún sentido interesarnos compasivamente por la humanidad, pero no por seres que pueden ser igual de autoconscientes, creativos, morales, etc… que nosotros. Decidir que los individuos con un código genético X merecen ser protegidos pero otros con las mismas características mentales básicas no, es arbitrario y a la larga indefendible.
Por tanto, esas “personas” (uso este término como genético de todo ser autoconsciente) tendrán derechos, en principio los mismos que todo ser humano. Que los hayamos hecho no nos da mas derechos que los que tiene cualquier parde sobre sus hijos: limitados y temporales.
- Algunos de esos tipos de mentes excederán rápidamente nuestra capacidad de descubrir, analizar y solucionar los problemas a los que se vaya enfrentando nuestra civilización terrestre[1].
Consecuentemente, con el tiempo estos tipos de mente coparán los puestos de responsabilidad política, de poder político. Además de copar muchos otros tipos de posición. Los seres humanos “puros” quedarán relegados más y más, y puede llegar el momento en que no sirvan, sencillamente, para nada.
Eso no significa que desaparezcan ni que sean eliminados. Quizá encuentran un sentido adecuado para sus vidas, usando o sin usar premisas falsas o ilusiones. Y desde luego yo confío en que el progreso moral de la humanidad no se detenga con nuestros descendientes, con lo que creo sinceramente que muchos de ellos ni se plantearán la posibilidad de dañar o esterilizar a otro sofonte sin que sea absolutamente necesario.
- Cierto tipo de “inmortalidad” es una consecuencia inevitable de esta dinámica.
Evidentemente, si podemos trasladar fácilmente una mente humana a otro recipiente (sea un cuerpo humano más joven, un cuerpo animal, un cuerpo robótico o un espacio virtual), hemos resuelto al menos básicamente el problema de la muerte por vejez y degeneración del cuerpo original. Es decir, somos “inmortales”.
Esa inmortalidad no descarta, claro está, la muerte por homicidio o accidente, por enfermedades de desarrollo muy rápido o por suicidio. La gente seguirá muriendo. Simplemente, no tanta, y no tan rápido, como ahora.
Mucho más discutible que todo esto, son las fechas en que se producirá cada avance.
- Las primeras inteligencias artificiales capaces de superar el “Test de Turing” podrían existir dentro de unas décadas, o retrasarse unos (pocos) siglos.
- La selección genética de humanos y animales ya es posible, pero sólo a un nivel muy primitivo. Sin embargo, ya tenemos el genoma humano y hemos identificado (¿algunas de?) las funciones de algunos genes. Los primeros seres humanos con genes artificiales parecen ser cosa de pocas o muchas décadas, pero no de siglos. Y los animales seguirán poco después, si es que no acabamos experimentando antes con ellos por motivos morales.
- Desde hace milenios que existen prótesis no articuladas, y probablemente (no lo sé) también articuladas. Una prótesis activa, es decir que consume energía por sí misma, es sin embargo una novedad de los años 50 (estoy contando el marcapasos, si alguien conoce un ejemplo más antiguo, agradeceré la información). Ya existen interfaces entre neurona y chip, asi como lecturas (muy bastas aún) del pensamiento para controlar máquinas. Ya hemos vivido la existencia del primer “cyborg mental”, es decir una persona cuyos implantes cibernéticos afectan directamente y/o están controlados directamente por su mente: Matt Nagle. Me parecería innecesariamente conservador afirmar que tardaremos más de muy pocas décadas, en conseguir que esto sea relativamente “normal” (para enfermos, al menos al comienzo).
Parece por tanto que las primeras personas “no completamente humanas”, dejando de lado a quienes están entre nosotros ya desde hace siglos o décadas (diente artificial, marcapasos), van a ser relativamente normales en cuestión de pocas décadas, en una carrera entre los cyborgs cada vez más avanzados y los animales o seres humanos “aumentados”. Poco después llegarán las Inteligencias Artificiales “puras”.
Todo lo que he enunciado es concebible ahora mismo, usa tecnología que no tenemos pero que podemos concebir, y que no parece que vaya a tener dificultades ocultas y decisivas[2]. Esto es más de lo que pudo decir un sabio del S. XV sobre muchas cosas que hoy en día hacemos a diario, desde enviar dinero a la velocidad de la luz a la otra parte del planeta, pasando por simular en un acelerador las condiciones del universo hace 13 millardos de años. Al pobre sabio habría que explicarle, en muchos casos, qué es lo que se está haciendo, antes de que se pudiera asombrar por el hecho de que podamos hacerlo (¿”acelerador… de… partículas“?).
Partiendo de esa idea, me atrevo a suponer que, salvo que nuestra civilización sufra un desastre global “absoluto” (mucho más grave que el ya gravísimo desastre climático que podemos prever), dentro de cinco siglos ya tendremos todos estos tipos de personas pululuando por ahí.
Si para entonces el racismo interhumano no ha desaparecido ya, desaparecerá como consecuencia de esto. Toda posible diferencia percibida entre un esquimal y un tutsi palidece al lado de las diferencias con una nube de nanorobots con mente de perro inteligente.
Todo será que no repitamos, a nivel interespecie, los mismos errores cometidos a nivel intraespecie.
[1] ¿Algún lector llegó a preguntarse por qué yo uso esa expresión,
civilízación terrestre, en vez de
humanidad, en algunos textos? Si lo hizo, premio a su capacidad de observación.
[2] Efectivamente, no estoy de acuerdo con Roger Penrose, y me atrevo a decir que sobre el tema concreto (la Inteligencia Artificial) este magnífico cosmólogo no sabe mucho más que yo. Resulta que es un tema que me toca bastante de cerca. He leído su libro “La Nueva Mente del Emperador” y me ha parecido diletante, dicho sea con todo respeto por su autoridad indiscutible en otros temas.