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Debo anunciar una nueva disminución del ritmo de aportes, a 1 cada 3 días. Me temo que varios otros temas están llamando mi atención, y además empiezo a considerar que lo más importante ya lo he dicho.

La falta de comentarios también me afecta, pero no tomen esto como un reproche. Supongo que simplemente el blog ha llegado a su tamaño e interés natural, después de un momento inicial de euforia, y que seguirá sirviéndome para ordenar mis pensamientos, como un libro.

Progreso Moral

Soy de la opinión de que en la historia podemos percibir un progreso moral en la humanidad.

Ese progreso es bastante constante, y se mide en la adecuación de la moral de cada época con la moral humanista. Evidentemente no puedo evitar juzgar de acuerdo a mi moral. Asi que comparo la reacción de la gente ante la esclavitud, el hambre, el fanatismo religios, el sexismo o democracia, y no puedo evitar ver un avance bastante constante desde las primeras civilizaciones, pasando por la Antigüedad clásica, la Edad Media, el Barroco, la Revolución Industrial y las más modernas “revoluciones” ecológicas y feministas.

Esta idea, sin embargo, es peligrosamente inevitable. Quiero decir que:

a) Es normal que yo tenga la moral que ahora es mayoritaria. Si no fuera normal, no sería mayoritaria. Asi que es normal que yo tenga una moral que incluye los derechos humanos, la democracia, la lucha contra la discriminación, etc…

En otras épocas, lo normal sería que yo tuviera otra moral. Por ejemplo, que defendiera el absolutismo, viviendo en el S.XVII.

b) Dada una postura en la que “lo actual” es “lo bueno”, el desarrollo de la historia es necesariamente uno que acerca un punto alejado (el que sea), poco a poco, a la actualidad. Esto es inevitable, sin importar dónde esté la actualidad: el pasado es el desarrollo que llevó a donde estamos, asi que inevitablemente va a ser la historia de un acercamiento, con vueltas y revueltas pero acercamiento, a lo que tenemos ahora.

¿Es por tanto el “progresmo moral de la civilización terrestre” sólo un espejismo provocado porque me gusta lo que hay ahora, e inevitablemente hemos ido llegando a lo que hay ahora?

Dicho de otro modo: Un absolutista del S.XVII podría pensar no sólo que “ahora” (en el S. XVII) el absolutismo está afortunadamente triunfando, sino que además toda la historia de la humanidad ha sido un camino ascendente hacia el absolutismo. Y por tanto, que éste será mejorado y perfeccionado como parte de ese proceso ascendente, en un futuro absolutista.

Podría pensarlo, y el error habría sido garrafal. Resulta que el absolutismo es una etapa que llevó a algo completamente distinto: la democracia burguesa y representativa.

¿Me pasa a mí lo mismo?

La clave está en observar si las características que uno considera “positivas” realmente han tenido una evolución más o menos lineal hacia la postura actual. Si ha sido así, es razonable suponer que esa tendencia continúe. Pero si no ha sido asi, no.

Por ejemplo, el absolutista podría observar que ya han habido sociedades absolutistas, y han dejado de serlo: el Alto Imperio romano o la China legalista serían dos ejemplos. Este absolutista podría por tanto observar que el “nivel de absolutismo” del planeta no ha ido en constante aumento, y que por tanto el hecho de que en los últimos siglos sí haya un aumento en su región, no indica una tendencia global y con visos de seguir.

Pero yo no tengo los datos para decidir si esto es así… ¿qué criterios debería escoger? ¿cómo cuantificarlos? y maldita sea ¿de dónde obtener unos datos que muchas veces, lisa y llanamente no existen? Por ejemplo ¿alguien me puede dar el Coeficiente de Gini del Imperio Romano? Peor aún: ¿y el de los pueblos germánicos en el S. III y las tribus africanas en el mismo período? Son datos que simplemente no tenemos. Al menos, no que yo sepa.

Asi que… creo percibir que sí hay aumentos más o menos lineales, a grandes rasgos, en suficientes temas. Pero se trata de una estimación casi intuitiva. De momento sólo puedo constatar que el pasado se ha ido dirigiendo hacia el presente, y que el presente me gusta bastante[1]. Vivimos el éxito del humanismo.

Pero ¿esto seguirá así? Confío en que sí. Intuyo que sí. Espero que sí. “Saberlo” sería una palabra demasiado arriesgada.

 

 


[1] Cuando me refiero a que “me gusta la moral actual” me refiero a los valores que se defienden de boquilla, cada vez más, en casi todas partes. No me refiero a que me guste el escaso nivel con que esos valores se llevan a la realidad, ni que de por buenas las innumerables injusticias que aún existen. Simplemente, me parece que el pasado era, en general y contando en grandes períodos, aún peor (o insostenible).

Paralaje Cultural

La paralaje es la desviación angular de la posición aparente de un objeto, dependiendo del punto de vista elegido. Se usa para averiguar la distancia que hay entre el observador y un objeto:

(fuente: wikipedia)

En la imagen, dos observadores (o el mismo en dos momentos distintos) están en A y B, y ven el objeto O en posiciones diferentes respecto a al fondo, debido al paralaje.

Así calculan nuestros ojos la distancia exacta de los objetos: nuestros ojos están situados en puntos diferentes, asi que mirando el mismo objeto, cada uno lo ve cubriendo una parte diferente de un fondo. Pruebe si lo desea a sostener un dedo delante de su cara, cerrar uno y otro ojo, y ver qué parte del fondo cubre en cada caso. Su cerebro convierte eso en posiciones en el “espacio”.

Matemáticamente, puede calcularse la distancia (A-O o bien B-O) sabiendo la distancia entre A y B y calculando, con la ayuda del fondo, la diferencia de ángulos.

  • Cuanto más cerca esté el objeto, mejor.
  • Cuanto más lejos estén A y B, mejor.
  • Cuanto más lejos esté el fondo, mejor.

Asi se ha conseguido averiguar la distancia entre el sol y varias estrellas, por ejemplo. Comparándolas con el fondo de galaxias, y mirándolas en invierno y en verano… A y B son posiciones opuestas de la Tierra en su órbita.

Lo que a mí me interesa recalcar aquí, es que en el cálculo de distancias por paralaje, lo que hacemos es observar el mismo objeto, desde puntos de vista diferentes, para conocerlo mejor. Y funciona muy bien.

Hay un viejo cuento, cuya fuente no tengo, que habla de cuatro sabios a los que vendaron los ojos y llevaron a un lugar donde había un elefante. Cada uno tocó al elefante en una parte. Y luego se les dijo que describieran el animal que habían tocado.

Claro, para uno era como una serpiente sin escamas (la trompa), para otro como una columna (una pata), para otro sólo huesos (un colmillo), para otro una gran bolsa de carne flotando (la barriga).

Lo interesante para mí de este cuento es que si en vez de quitarle la venda a los sabios, simplemente se hubieran sumado más sabios, y todos hubieran comprendido que veían sólo un aspecto de lo que estaban estudiando… tarde o temprano habrían tenido una idea bastante clara de la forma del elefante.

El caso es similar al paralaje: Tener diferentes puntos de vista puede provocar conflictos y problemas de comprensión mutua. Pero puede ser también imprescindible o muy útil para comprender algo.

Es posible que, en principio, haya hoy en día una única estrategia adecuada para hacer algo. Por ejemplo, es posible que el modo más adecuado de afrontar el tema de la familia, sea crear y mantener estructuras con dos adultos del sexo que sea, que puedan disolverse, y que se encarguen de los hijos que puedan tener. Y tener mucha tolerancia hacia estructuras con un sólo adulto. Más o menos.

Pero ¿significa eso que debemos impulsar ese modelo en todas partes, incluso si suponemos que en todas partes es el más adecuado?

Incluso en ese caso, habría que preguntarse: ¿cuál es el daño que se produciría si en algunos lugares hubieran estructuras menos óptimas, peores?

Y compararlo con: ¿cuál es el beneficio que podemos obtener gracias a mantener una diversidad cultural que nos permita ver los problemas relacionados con la familia y la educación, desde varias perspectivas a la vez?

La diversidad cultural presenta varias ventajas para la supervivencia de la civilización terrestre. Aquí presento la primera: el paralaje cultural, la posibilidad de analizar y conocer mejor el mundo, que obtenemos gracias a que hay comunidades culturalmente diferentes unas de otras.

Por ese paralaje merece la pena pagar un precio. Mayor o menor, ya dependerá del caso. Pero la búsqueda de una cultura homogénea para todo es negativa incluso suponiendo que tal cultura fuera realmente la mejor.

Hay un tipo de “nostalgia del futuro” que se refiere a la nostalgia que sienten los aficionados a la ciencia-ficción, de un futuro predicho por ésta que poco va a tener que ver con la realidad. Generalmente, un futuro limpio y geométrico con toques de art decó. Desde luego esta nostalgia está más relacionada con la ciencia ficción norteamericana (optimista) que con la europea (más pesimista)… no recuerdo a nadie sintiendo nostalgia de que no vivamos en el mundo de “Metrópolis”[1] o “1984″[2].

Yo no me refiero exactamente a esto, con el título de este epígrafe.

Hay en este mundo algunas personas, entre las que se cuenta su humilde servidor, vivamente interesadas por el futuro de la civilización terrestre. Creo que ya he dado bastantes muestras de ello. Estas personas estamos percibiendo, poco a poco, que la “inmortalidad” está cada vez más cerca. Percibimos también, que no está tan cerca como para que vayamos a llegar a ella. Y que por tanto, muchas de las cosas que preveemos que van a ser realidad, no las veremos nunca.

Eso provoca en mí, y creo que no sólo en mi, una profunda tristeza.

Recuerdo por ejemplo el inmortal monólogo del androide “Roy”:

Yo… he visto cosas que vosotros no creeríais… naves de combate en llamas más allá de Orión, he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.[3]

Cuando leo o escucho esto, pienso que si yo tuviera la oportunidad de ver algo digno de esos nombres, cambiaría con gusto esa oportunidad por el resto de mi vida. Pero no hay caso.

Existimos, y ya es una suerte que existamos. Hemos llegado a tiempo para poder al menos imaginar ése futuro, una suerte que no han tenido muchas de las generaciones que nos precedieron. No hay motivo de queja, y menos para gente como nosotros, tranquilos lectores de internet en un mundo donde muere un niño de hambre cada ocho segundos. El nivel de privilegio que hemos recibido es devastador.

Pero el futuro que vislumbramos… ah, ése futuro ya no lo veremos.

 

 


[1] Situada en el año 2000EC.

[2] No recuerdo en qué año está situada esta novela.

[3] …no, el que no exista aún nada llamado rayos-C, ni ninguna Puerta de Tannhäuser, no tiene nada que ver con el tema. Y advierto al listillo correspondiente que si los aficionados a Star Trek consiguieron que se llamara al transpordador espacial OV-101 “Enterprise“, que algún grupo de astrónomos empiece a llamar a algo “Puerta de Tannhäuser” es cuestión de tiempo.

El caso que se ha dado en Francia recientemente es el siguiente:

Una mujer y un hombre se casan, una boda arreglada por las familias en un entorno  muy tradicional. El marido presupone que la mujer es virgen. Resulta no serlo. El marido muestra las sábanas intactas como prueba (déjenme aquí reprimir una mueca de asco por la escentita) y pide la nulidad.

La ley francesa avala dicha nulidad si uno de los contrayentes ha ocultado al otro “características esenciales” de sí mismo. Algunos ejemplos comúnmente aceptados son tener antecedentes criminales, estar en búsqueda y captura, no poder llevar a cabo el acto sexual, o haber trabajado en la prostitución.

Este caso ha provocado bastantes reflexiones y algún escándalo. Una de las reflexiones que me provoca a mí es que Francia sigue estando muy lejos del ideal humanista que propongo… y no, no me refiero a los contrayentes y su entorno, inmigrantes, sino a la ley francesa y su aplicación.

Pero lo que a mí me interesa sobre todo, es qué haría yo en un caso semejante, en el lugar de la juez. Supongamos para simplificar (y para ahorrarme yo el estudiar oposiciones) que ya hemos dado todos los datos legales necesarios para analizar el problema, y lo que queda es un dilema moral: ¿qué hacer en un caso así?

En principio, la ley es razonable, eso de que un matrimonio pueda anularse si el otro ha ocultado cosas como que está en búsqueda y captura parece razonable. El matrimonio ata en cierto modo a dos personas, y es de suponer que alguien podría decidir no atarse de saber algo así: un dato objetivo e importante a nivel objetivo, que el otro podria y debería haber dado porque puede afectar gravemente a su vida en común.

La cosa se pone más difícil cuando dicho dato no afecta necesariamente a la vida en común, o cuando no está tan claro que sea “importante”. Por ejemplo los antecedentes penales. Otro problema es que la forma de afectar esa vida en común, sea considerada improtante por unos pero no por otro, por ejemplo la imposibilidad de tener relaciones sexuales plenas. O el roncar. ¿Cuál de estas cosas, y con qué justificación, deben estar dentro de las “características esenciales” que menciona la ley para permitir la nulidad?

La tendencia lógica es que “es importante lo que a los contrayentes parezca importante“. En la medida de lo posible, la ley no debe usar sus gustos propios (digamos los de la “mayoría social”) sino tener en cuenta los gustos individuales de cada uno.

El problema que eso tiene es que puede permitir nulidades a granel: basta con que una persona considere que su religión o ideología abhorrece, por ejemplo, a las personas que al cumplir 41 años (casualmente su pareja acaba de cumplirlos) no cantan la Traviatta en ucranio todas las mañanas. Como su pareja no le dijo que no pensaba hacerlo, ahora el hombre (casualmente acompañado de una jovencita rubia platino 20 años menor) siente que se le han ocultado características esenciales y pide la nulidad (lo que casualmente significa que no hay pensión de separación).

Usted, yo, y creo que hasta el borrachín esquizofrénico de la esquina pueden ver que se intenta llevar a cabo un fraude de ley. El problema es demostrarlo. Si admitimos que cualquiera considere esencial lo que le de la gana, a la hora de conseguir una nulidad, entonces podemos arrojar la legislación sobre divorcio a la basura.

Asi que el Estado está, en este caso, obligado a usar su código moral propio como vara de medir, para evaluar qué es esencial y qué no. No puede usar el de los contrayentes.

Un estado que considere que la virgnidad lo es, por tanto, no puede escudarse en su propia ley, ni en la “cultura” de los contrayentes ni su entorno. Es el mismo estado el que está declarando, si admite la nulidad, que la virginidad es un valor importante, esencial, de la persona. Y lo está haciendo basándose en la moral de la sociedad.

¿Es así? ¿la sociedad francesa actual considera esencial ese valor? Más bien no. Con lo que la obligación del juez en este caso es rechazar la nulidad.

Por cierto: Esta reflexión me lleva a la muy desagradable conclusión de que un pasado de prostitución ocultado sería motivo para aceptar la nulidad, ya que desgraciadamente para la mayoria de los franceses sí sería un rasgo esencial de la persona, relevante para un matrimonio. Es una lástima, pero es asi: la culpa  no es de los jueces, queridos prostitutos[1], es de la sociedad y su retorcida moral.

 

 


[1] el masculino se usa en castellano para grupos compuestos de personas de ambos sexos, sin importar la frecuencia de uno u otro. Un grupo de 90 psicólogas y un psicólogo, es un grupo de psicólogos, no de psicólogas.

El Fin de Babel

2025

Gustav abre su navegador y lee las noticias principales del Corriere della Sera. Contento al ver los nuevos objetivos del programa espacial chino, visita la página del gobierno de la República Popular al respecto y lee unos cuantos detalles. Luego recuerda que tenía que mirar algo en el Movimiento Nación Zulú, se anota unos cuantos datos para el trabajo del día, y finalmente pasa el resto del desayuno leyendo el informe armenio de derechos humanos.

Gustav sólo habla sueco e inglés. Durante todo este rato, en la parte superior izquierda de su navegador, se ha visto un icono con una banderita. Primero ha sido una bandera italiana, luego china, luego de Swazilandia y finalmente armenia. Si Gustav hubiera puesto el cursor del ratón sobre la banderita, habría aparecido un mensaje: “Esta página ha sido traducida para usted al sueco a partir del…“. Por lo demás, sólo unas pocas expresiones le han sonado un poco raras, durante la lectura.

2050

Milla y Ricardo están hablando en una cafetería. Milla es serbia, el serbio es la única lengua que habla y entiende. Ricardo es italiano, y el italiano es la única lengua que habla y entiende. 

Cuando Ricardo habla, interfaces lingüísticas situadas entre los nervios auditivos de Milla y el resto de su cerebro detectan su voz. Esas mismas interfaces dejan pasar el ruido de la calle, el sonio de la respiración de MIlla, y todos los demás sonidos sin alterarlos. Pero eliminan cuidadosamente la voz de Ricardo, no sin antes analizar y guardar su tono de voz, su timbre exacto, su volumen…

Luego analizan lo que Ricardo dice, lo traducen al serbio, le añaden el timbre y tono adecuados, y lo envian al resto del cerebro de Milla. Todo esto ocurre en centésimas de segundo, de modo que Milla no nota absolutamente nada. Sólo si se queda mirando fijamente los labios de Ricardo al hablar, puede detectar la inconsistencia entre lo que él vocaliza y lo que ella escucha, como en una película antigua “doblada” (una práctica arcaica de traducción, de antes de las interfaces).

Han decidido pedir algo más, y miran la carta. Milla la ve en serbio. Ricardo la ve en italiano. Sólo el logo de la cafetería tiene, además de un rostro sonriente, unos curiosos símbolos formados por segmentos rectos. Ambos saben que eso son letras de la lengua nativa del lugar donde están: Shanghai. Ambos suponen que toda la carta está realmente en chino. Pero no les preocupa: las interfaces lingüísticas situadas entre sus nervios ópticos y el resto de su cerebro ya se ocupan de eso.

Dentro de poco vendrá Nadia a unirse con ellos. Ninguno de los dos sabe cuál es la lengua nativa de Nadia. La verdad es que entre la juventud, se ha convertido en una pregunta más bien íntima, y con Nadia sólo llevan juntos unos cuantos meses: Milla y Ricardo ya son marido y mujer, pero todavía no han planteado a Nadia casarse con ella. El tiempo dirá.

2075

Pregunté por curiosidad cuándo había sido educado por última vez un niño en una exolengua. La sfera me dió la respuesta: en 2067 Dimitri Kapodistrias y  Konstantinos Makarios, tradicionalistas acérrimos y padres de una niña llamada Teodosia (!!), configuraron las inLinguas de su hija para que ésta adquiriera el griego clásico (!) como lengua materna. Las IAs de la fiscalía llevaron el asunto a juicio, que duró más de ocho segundos, pero durante el mismo no pudo probarse que las inLinguas fueran a tener algún problema en hacer que la niña percibiera el mundo actual en la lengua de Homero.

Me consta que funciona, con los neologismos adecuados. Mi lengua natal es el latín eclesiástico, mi madre era obsipesa católica y tenía sus manías. Pero mis interlocutores se extrañan a veces del tiempo que tardo en entender “nave espacial”.

2100

Me han comentado que el neoGlés 2.4 trae un cuerpo semántico más efectivo para los términos legales. El tema me interesa: soy abogado. En mi profesión, a veces hay que hablar rápido.

Desde luego eso no sirve de nada con clientes o colegas que no tienen neoGlés como lengua natal. Pero hace años que no me encuentro con ninguno.

Quería observar que estamos viviendo los últimos siglos, si no décadas, en que la humanidad será la única especie inteligente sobre el planeta (si es que lo es, que ésa es otra :D ), y los últimos siglos en que será la más relevante a nivel político.

Independientemente de que descubramos o no inteligencia extraterrestre, simplemente nosotros mismos vamos a crear más especies.

El proyecto “Orion’s Arm“ al que recomiendo echarle un vistazo, presenta la tremenda variedad de “sofontes” (seres inteligentes) que la humanidad puede llegar a crear. Se distinguen de esa jungla varios conceptos: La mente de origen (humana, animal, artificial), el tipo de adaptación (genética o mecánica), el tipo de cuerpo (multifuncional, especializado, virtual), su cardinalidad (uno, muchos) y duración (definitivo, temporal) son las categorías que he descubierto allí. Dejaré la última para luego y daré algunos ejemplos de sofontes que algún día serán realidad.

  • Seres humanos alterados cibernéticamente. Esto, realmente, ya es realidad: cualquier persona con un marcapasos es un cyborg.
  • Seres humanos alterados genéticamente, por ejemplo para ser más inteligentes o resistentes a enfermedades, contaminación, venenos o las condiciones extremas de otros planetas (marcianos de diseño, por ejemplo).
  • Animales alterados genéticamente para ser tan o más inteligentes que un ser humano. Lo mismo, pero con cibernética.
  • Inteligencias Artificiales sin cuerpo, pero que pueden usar diversos robots.
  • Seres humanos cuya mente ha sido transportada a una nube de nanorobots capaces de asumir las formas más diversas.
  • Mentes humanas trasladadas a Internet.
  • Mentes humanas insertadas en un gran robot, por ejemplo una nave espacial.
  • Mentes humanas trasladadas a un cuerpo animal.
  • El “anticyborg”, una inteligencia artificial controlando un cuerpo humano.

Pueden seguir combinando hasta cansarse todos los elementos mencionados. Todo esto es en teoría posible, y por tanto sólo es cuestión de tecnología, y por tanto de tiempo. Se podrá hacer, y cuando se pueda hacer, se hará.

Finalmente, hay que tener en cuenta que estas decisiones pueden ser temporales. Es perfectamente concebible que una mente surja por la “elevación” de un chimpancé, pase luego a un cuerpo robótico, luego decida vivir en el espacio virtual (sin cuerpo) pero los fines de semana los pase con un cuerpo de delfín nadando en algún océano.

Nada impide, en útlimo término, que se acabe tratando el cuerpo igual que se trata a la ropa: es algo que envuelve nuestra mente (que es nuestro verdadero “yo”), y que puede cambiarse a placer, y refleja nuestra forma de vernos y lo que deseamos transmitir con nuestra presencia.

Se pueden sacar algunas conclusiones de la inevitablidad de este proceso:

  • Tendremos que ampliar nuestra moral. No tiene ningún sentido interesarnos compasivamente por la humanidad, pero no por seres que pueden ser igual de autoconscientes, creativos, morales, etc… que nosotros. Decidir que los individuos con un código genético X merecen ser protegidos pero otros con las mismas características mentales básicas no, es arbitrario y a la larga indefendible.

Por tanto, esas “personas” (uso este término como genético de todo ser autoconsciente) tendrán derechos, en principio los mismos que todo ser humano. Que los hayamos hecho no nos da mas derechos que los que tiene cualquier parde sobre sus hijos: limitados y temporales.

  • Algunos de esos tipos de mentes excederán rápidamente nuestra capacidad de descubrir, analizar y solucionar los problemas a los que se vaya enfrentando nuestra civilización terrestre[1].

Consecuentemente, con el tiempo estos tipos de mente coparán los puestos de responsabilidad política, de poder político. Además de copar muchos otros tipos de posición. Los seres humanos “puros” quedarán relegados más y más, y puede llegar el momento en que no sirvan, sencillamente, para nada.

Eso no significa que desaparezcan ni que sean eliminados. Quizá encuentran un sentido adecuado para sus vidas, usando o sin usar premisas falsas o ilusiones. Y desde luego yo confío en que el progreso moral de la humanidad no se detenga con nuestros descendientes, con lo que creo sinceramente que muchos de ellos ni se plantearán la posibilidad de dañar o esterilizar a otro sofonte sin que sea absolutamente necesario.

  • Cierto tipo de “inmortalidad” es una consecuencia inevitable de esta dinámica.

Evidentemente, si podemos trasladar fácilmente una mente humana a otro recipiente (sea un cuerpo humano más joven, un cuerpo animal, un cuerpo robótico o un espacio virtual), hemos resuelto al menos básicamente el problema de la muerte por vejez y degeneración del cuerpo original. Es decir, somos “inmortales”.

Esa inmortalidad no descarta, claro está, la muerte por homicidio o accidente, por enfermedades de desarrollo muy rápido o por suicidio. La gente seguirá muriendo. Simplemente, no tanta, y no tan rápido, como ahora.

Mucho más discutible que todo esto, son las fechas en que se producirá cada avance.

  • Las primeras inteligencias artificiales capaces de superar el “Test de Turing” podrían existir dentro de unas décadas, o retrasarse unos (pocos) siglos.
  • La selección genética de humanos y animales ya es posible, pero sólo a un nivel muy primitivo. Sin embargo, ya tenemos el genoma humano y hemos identificado (¿algunas de?) las funciones de algunos genes. Los primeros seres humanos con genes artificiales parecen ser cosa de pocas o muchas décadas, pero no de siglos. Y los animales seguirán poco después, si es que no acabamos experimentando antes con ellos por motivos morales.
  • Desde hace milenios que existen prótesis no articuladas, y probablemente (no lo sé) también articuladas. Una prótesis activa, es decir que consume energía por sí misma, es sin embargo una novedad de los años 50 (estoy contando el marcapasos, si alguien conoce un ejemplo más antiguo, agradeceré la información). Ya existen interfaces entre neurona y chip, asi como lecturas (muy bastas aún) del pensamiento para controlar máquinas. Ya hemos vivido la existencia del primer “cyborg mental”, es decir una persona cuyos implantes cibernéticos afectan directamente y/o están controlados directamente por su mente: Matt Nagle. Me parecería innecesariamente conservador afirmar que tardaremos más de muy pocas décadas, en conseguir que esto sea relativamente “normal” (para enfermos, al menos al comienzo).

Parece por tanto que las primeras personas “no completamente humanas”, dejando de lado a quienes están entre nosotros ya desde hace siglos o décadas (diente artificial, marcapasos), van a ser relativamente normales en cuestión de pocas décadas, en una carrera entre los cyborgs cada vez más avanzados y los animales o seres humanos “aumentados”. Poco después llegarán las Inteligencias Artificiales “puras”.

Todo lo que he enunciado es concebible ahora mismo, usa tecnología que no tenemos pero que podemos concebir, y que no parece que vaya a tener dificultades ocultas y decisivas[2]. Esto es más de lo que pudo decir un sabio del S. XV sobre muchas cosas que hoy en día hacemos a diario, desde enviar dinero a la velocidad de la luz a la otra parte del planeta, pasando por simular en un acelerador las condiciones del universo hace 13 millardos de años. Al pobre sabio habría que explicarle, en muchos casos, qué es lo que se está haciendo, antes de que se pudiera asombrar por el hecho de que podamos hacerlo (¿”acelerador… de… partículas“?).

Partiendo de esa idea, me atrevo a suponer que, salvo que nuestra civilización sufra un desastre global “absoluto” (mucho más grave que el ya gravísimo desastre climático que podemos prever), dentro de cinco siglos ya tendremos todos estos tipos de personas pululuando por ahí.

Si para entonces el racismo interhumano no ha desaparecido ya, desaparecerá como consecuencia de esto. Toda posible diferencia percibida entre un esquimal y un tutsi palidece al lado de las diferencias con una nube de nanorobots con mente de perro inteligente.

Todo será que no repitamos, a nivel interespecie, los mismos errores cometidos a nivel intraespecie.

 

 


[1] ¿Algún lector llegó a preguntarse por qué yo uso esa expresión, civilízación terrestre, en vez de humanidad, en algunos textos? Si lo hizo, premio a su capacidad de observación.

[2] Efectivamente, no estoy de acuerdo con Roger Penrose, y me atrevo a decir que sobre el tema concreto (la Inteligencia Artificial) este magnífico cosmólogo no sabe mucho más que yo. Resulta que es un tema que me toca bastante de cerca. He leído su libro “La Nueva Mente del Emperador” y me ha parecido diletante, dicho sea con todo respeto por su autoridad indiscutible en otros temas.

Como sabrán algunos de ustedes, Irlanda ha rechazado por referéndum el Tratado de Lisboa.

Éste tratado modificaba los anteriores en el mismo sentido que la malograda Constitución Europea, aunque aceptando aún más compromisos y añadiéndose (en lugar de substituír) a éstos. A pesar de todos sus defectos, era desde luego mucho mejor que el vigente tratado de Niza.

Me sorprende, sobre todo, que alguna izquierda poco informada o curiosamente enceguecida esté felicitando a Irlanda por haber “rechazado la Europa neoliberal” y otras lindezas. La idea vendría a ser que este rechazo obligará a los Gobiernos a elaborar otro tratado, menos “neoliberal”, que sí sería aprobado por el pueblo irlandés.

Esta postura parte de varios equívocos:

1. Semejantes “izquierdistas” parece que no imaginan otras salidas. Como que Irlanda se quede directamente fuera del próximo tratado, o que los partidos irlandeses modifiquen la Constitución para evitar semejantes desastres (y acto seguido firmen el actual tratado o una nueva versión). Todas esas alternativas son negativas para cualquier persona progresista y europeísta.

2. Además, esos izquierdistas suponen, por algún motivo curioso, que los gobiernos conservadores y realmente “neoliberales” van a preferir un tratado peor (para ellos) que éste al simple mantenimiento del status quo. Dicho de otro modo: En Irlanda no se votó entre una Unión Europea ideal y el Tratado de Lisboa, sino entre el Tratado de Niza y el de Lisboa. Todavía no he leído ni un sólo argumento que indique en qué exactamente el Tratado de Lisboa es menos social o más neoliberal que el de Niza.

3. Finalmente, esta “wisquierda”[1] parte de la muy curiosa suposición de que los que han dicho “no”, lo han hecho en nombre de posiciones progresistas y solidarias. ¿En base a qué? Por lo que a mí respecta, considero igual de probable que hayan influído el chauvinismo nacionalista, el miedo xenófobo y el egoísmo más insolidario. Como mínimo, una parte significativa del voto negativo se deberá a esto, y no a las utopías wisquierdistas.

¿Qué hacemos ahora?

Me parece que hay sólo estas opciones:

  1. Volver a “trucar” los resultados, poniendo el tratado de nuevo a referéndum una vez haya sido aprobado por el resto de países de la Unión (esto ya se hizo en Irlanda, si no recuerdo mal). Alternativa penosa para el concepto de democracia, pero que tiene la ventaja de ser barata y darnos tiempo.
  2. Que los partidos de Irlanda tengan el valor de modificar la Constitución para evadir la necesidad de un referéndum. A eso seguiría la aprobación tardía del texto actual, o la creación de un texto adaptado de forma mínima.
  3. Llevar a cabo una reforma mínima sin cambios en la Constitución irlandesa, para ganar tiempo, e intentar ganar el próximo referéndum. Es una alternativa mala porque no tiene garantias, ni tampoco soluciona el problema cara al siguiente tratado, o al próximo.
  4. Crear un nuevo tratado desde cero. Desde luego el resultado no va a ser mejor que el que ya ha habido, entre otras cosas porque habrán opiniones encontradas sobre qué falló en Irlanda, pero también porque el Tratado de Lisboa era al menos de cierta forma una versión de la Constitución, que era un trabajo muy limpio de una convención. Remozar el remoze con nuevas negociaciones multilaterales sólo desvirtuará aún más el resultado. Por cierto: a favor de las élites y en contra del pueblo, queridos wisquierdistas…
  5. Crear por fin la europa de dos velocidades.

La última alternativa me parece la mejor. Europa ha sufrido un desgarro considerable porque hemos integrado a países con conceptos diferentes, y porque hemos partido de unos tratados iniciales muy débiles que exigían la unanimidad.

Defiendo que se cree una nueva Unión Europea, con otro nombre, y que incluya mecanismos básicos como la soberanía de su ley por encima de la de cualquier estado, y la toma de cualquier decisión por mayorías cualificadas. Si me preguntan, exigiría una triple mayoría absoluta: de países, de aportes a las arcas de la Unión, y de población. También debería incluír mecanismos de expulsión y barreras a la cooperación con países no miembros (como ya comenté, me parece un desastre que Suiza esté en Schengen).

Los países miembros de la UE que estuvieran dispuestos a esto, se convertirían en “un sólo país miembro” de la UE actual, la cual quedaría como una zona intermedia entre la integración de la nueva unión, y el resto del mundo.

Por supuesto, esta propuesta mía es tan improbable como la que más. Pero en pedir no hay engaño.

 

 


[1] Wisquierda: La izquierda con un wiskey en la mano. Dícese de la izquierda intelectual antiamericana que desde la seguridad de su posición burguesa defiende barbaridades como el castrismo, las FARC o el terrorismo independentista, en nombre de ideas utópicas completamente alejadas de la realidad. Distíngase claramente del altermundismo, una corriente basada en la ciencia y el progresismo que incluye la Renta Básica Universal, la Tasa Tobin, el ecologismo y la reforma del gobierno de las organizaciones de Bretton-Woods.

Nunca he conseguido entender por qué los árbitros no pueden usar la tecnología de la que disponen para, por ejemplo, averiguar si se produjo o no un “Fuera de Juego”. No lo entiendo. En cuestión de segundos, los espectadores de un encuentro importante tienen más datos que el árbitro para decidir si se produjo o una falta, y su gravedad.

La idea de que estos errores “forman parte del juego” es desde luego ridícula, y se pone en evidencia cada vez que uno de estos errores afecta al equipo “de” una persona… y cada vez que un árbitro es criticado por cometerlos.

Bastante ridículo, me parece.

Hay varios debates en diversas sociedades occidentales que tienen una relación común y merecen ser tratados en su conjunto:

  • La prohibición de símbolos y de la publicación o difusión de ideas nacionalsocialistas en Alemania y otros países.
  • La prohibición de la “apología del terrorismo” en España (golpeada por el fascismo de ETA) y otros países.
  • La prohibición de la “incitación al odio” en el Reino Unido y otros países.
  • La prohibición del uso del pañuelo en la cabeza que usan algunas mujeres musulmanes, en Francia y otros países.
  • La prohibición de la negación pública del genocidio armenio en Francia.
  • La prohibición de la afirmación pública del genocidio armenio en Turquía (exacto, una persona coherente que tenga una opinión al respecto debe autocensurarse en uno de los dos países si no quiere acabar sancionada o en la cárcel)[1].

Creo que como primer paso debo explicar que agrupo todo esto bajo el mismo aporte porque me parece que son aspectos diferentes de un mismo tipo de mentalidad: se trata de prohibir expresiones públicas  (en la ropa, en símbolos, en publicaciones) que nos parecen contrarias a nuestros valores más fundamentales[2].

La intención es: proteger a la sociedad trabando la difusión de tales ideas, proteger a las víctimas del dolor que les producen estas expresiones, impedir que tales ideas lleguen a tomar el poder destruyéndo la democracia.

Mi postura al respecto, por decirlo sin más tardanza, es como de cosumbre gris. Recuerden por favor que Dios les ama (no, un momento… paso demasiado tiempo en chats evangélicos… ah, si…) recuerden por favor que mi moral es consecuencialista, y por tanto ni prohibir ni permitir van a ser “siempre buenos”. Considero que la prohibición de símbolos y de la expresión pública de ideas puede estar justificada cuando quedan todavía una considerable cantidad de víctimas de esas ideas. Víctimas que se merecen, simplemente, que el estado asuma su territorio como un territorio “en duelo” por algo ocurrido, donde expresiones que normalmente estarían permitidas, se prohiben.

No considero, sin embargo, que los descendientes de las víctimas puedan pretender que su dolor es de la misma intensidad. Y desde luego, considero que se trata de un estado escepcional, temporal y limitado.

Y el resto de los argumentos que se aducen no me parecen, por lo general, de peso:

La idea de proteger la democracia impidiendo que se difundan ideas antidemocráticas me parece pésima: la democracia defiende y se basa precisamente en la libertad de expresión. Prohibir ideas, además, nos pone en la tesitura de qué ideas prohibir: ¿fué acaso el marxismo-leninismo mucho mejor que el nazismo? ¿prohibimos entonces los bustos de Lenin y Stalin[3]? Y ademas hay problemas de eficiencia: al prohibir esas expresiones las hacemos más difícil de vigilar. Por ejemplo: ¿cómo saber si un populista de derechas es en privado un nazi, si decirlo está prohibido? ¿le votaría tanta gente si se expresara como quiere, sin miedo a ser detenido?

La idea de prohibir “símbolos religiosos” para preservar la “laicidad del estado” me parece una locura (y eso a mí, un enemigo de las religiones comparable a Richard Dawkins): ¿dónde acaba la religión y empieza la ideología? ¿no se deberían prohibir entonces los símbolos ideológicos? ¿y dónde empiezan y acaban estos, el pañuelo es religoso si lo lleva Aisha pero no si lo lleva Gerlinde? ¿la cruz es religiosa si la lleva una monja pero no si la lleva como pendiente un chica gótica?.

La idea de impedir que las mentiras históricas tengan voceros, usando prohibiciones, también me parece contrapoducentes: sólo puede derrotarse limpiamente a la mentira histórica en un debate en igualdad de condiciones. Estoy completamente de acuerdo en que el estado invierta dinero en propaganda (por supuesto verídica) destinada a combatir mentiras históricas peligrosas, pero no en que amordace a sus oponentes.

Y por tanto: Me parece lógico que en Israel la cruz gamada estuviera prohibida durante décadas. Ya no me parece tan lógico que lo siga estando ahora. Me parece lógico que se prohiba la apología del terrorismo en lugares donde éste está activo. Me parece lógico que en Bosnia se prohiba negar el genocidio de Srebenica, o la limpieza étnica llevada a cabo por los serbios: pero sólo durante unas décadas.

La única razón válida que encuentro, porque las consecuencias son visibles, claras e importantes, para limitar la expresión pública[4] de ideas o símbolos, es proteger a personas que han sufrido mucho a manos de gente que portaba esos símbolos o defendía esas ideas.

Todo lo demás, confío en que se pueda limitar usando la razón, el debate, y como último recurso los medios propagandísticos del Estado. Sin prohibiciones.

 

 


[1] Por si a alguien le cabe alguna duda: será mejor que yo no publique nada en Turquía, ya que considero que el genocidio armenio sí tuvo lugar y sí fué un genocidio, aunque no tan sistemático como el nazi y con rasgos mezclados de “simple” limpieza étnica.

[2] En Turquía puede que el valor fundamental que se defiende sea el patriotismo. Supongo. Otras personas consideramos que el patriotismo no es un valor fundamental sino generalmente un desorden mental peligroso.

[3] La idea de que Lenin era “el bueno” mientras que Stalin fué “el malo” es simplemente errónea, Lenin apoyaba el terror y el autoritarismo con todo entusiasmo.

[4] Noten por favor que todo el tiempo he estado hablando de la expresión pública, no privada, de estas ideas y símbolos.

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