Bien, ha llegado el momento de tratar el “derecho de autodeterminación de los pueblos”.
Como hemos visto ya, los pueblos o naciones son grupos humanos que sólo se distinguen de las culturas en el uso mismo del término “pueblo” o “nación”. Esa distinción tan irrelevante se correlaciona, sin embargo, con otros muchos factores. Las naciones suelen tener mitos de origen, y los miembros que le dan importancia al sentirse parte de una “nación” suelen creer que éstas tienen “derechos colectivos”.
El más importante de estos derechos, me parece, es el de autodeterminación, es decir: el derecho a conformarse en un estado, o decidir su integración en un estado ya existente. Este derecho tiene mucha importancia porque los estado son, especiamente después del Tratado de Westfalia, las unidades políticas y legales por excelencia.
Por ejemplo, un estado puede aprobar leyes discriminatorias, puede reprimir a su población, puede llevar a cabo una guerra y puede disfrutar de una representación diplomática, a un nivel y de una forma que dífcilmente pueden alcanzar estructuras que no sean estados.
Pero ¿de dónde se deriva este “derecho histórico a la autodeterminación”?
Los derechos colectivos son, por lo general, enemigos de los individuales, y su misma existencia está en entredicho. En todo caso, un derecho colectivo puede emanar del derecho individual de las personas que forman parte de ese colectivo. Pero es evidente que no podemos conceder a cada persona el derecho a formar un estado. Asi que ¿de dónde emana?
Si las naciones fueran algo cualitativamente diferente al resto de las culturas, si de sus diferencias con el resto de las culturas emanara de algún modo una diferencia moral, entonces podríamos plantearnos algo así… pero la diferencia básica y universal es, como hemos visto, usar una palabra en lugar de otra. ¿Cómo derivar de eso, una trivialidad, el “derecho a crear un estado”?
El derecho de autodeterminación, por tanto, puede derribarse de dos formas: De abajo a arriba, y de arriba a abajo.
De abajo a arriba, porque no hay ningún derecho individual a formar un estado. Añadan una persona al grupo: ¿hay un derecho de cada pareja a formar un estado? Evidentemente, tampoco. Añadan una persona más. Y así sucesivamente. En ningún momento se atraviesa una frontera moral relevante, asi que en ningún momento se llega a un punto en que ese grupo, a diferencia del grupo que tenía una persona menos, ya tiene “derecho a la autodeterminación”.
De arriba a abajo, porque las naciones son simplemente culturas con un nombre específico. Si concedemos el derecho de autodeterminación a las naciones ¿qué motivo tenemos para no concedérselo a las culturas? Y si lo hacemos ¿dónde establecemos la “cultura mínima” para tener tal derecho? ¿mil personas, cien? Al final tendríamos que admitir que como a cierto nivel de granularidad, cada persona tiene su propia cultura… el derecho de autodeterminación individual existiría. Lo que es absurdo.
No, el derecho de autodeterminación no existe. Ningún pueblo o nación tiene derecho a formar un estado.
Tampoco los que ya lo tienen, no sé si se dan cuenta…
Los estados son construcciones generadas por una historia que con frecuencia es sangrienta e injusta. Los azares de la guerra han decidido muchas más fronteras que cualquier decisión mínimamente democrática o consensuada. Los estados no existen porque tengan “derecho a ello”, los estados obtienen sus derechos del pueblo al que gobiernan y hemos visto que tal pueblo no tiene derecho a la autodeterminación.
Los estados existen porque son útiles, simplemente. Ya están ahí, y cualquier cambio hay que justificarlo porque tiene costes. Desde luego, la permanencia del estado sólo está justificada mientras sus costes sean inferiores a sus beneficios.
Es decir: he atacado, y creo que he refutado, la existencia de cualquier derecho de autodeterminación. Pero eso afecta tambíen a los estados actuales. El reparto de competencias que yo propongo no va a estar basado en la permanencia dogmática y amoral de unos estados que son producto de una historia amoral, igual que no están basados en un inexistente derecho de autodeterminación.
Pero de eso tocará hablar otro día.