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Estoy ahora mismo escuchando a The Communards, uno de los grupos más significativos para el movimiento de liberación homosexual, al menos en occidente. Eso me lleva a hablar de nuevo del tema (que ya traté aquí y aquí). Y en realidad, si me fijara sólo en mi alrededor, sería un tema superfluo: en mi entorno, la orientación sexual no tiene más importancia que una curiosidad, y a veces ni eso. Pero soy consciente de que en la mayor parte del mundo, las cosas son muy diferentes.

Tengo un problema básico, y es que no existe una palabra para definir mi postura respecto a la homosexualidad. En realidad, yo podría usar “sentido común”, pero comprendo que eso significa cosas diferentes para diferentes personas. Antes de hacer mi propuesta (porque no creo estar sólo) déjenme explicar mi situación.

Soy heterosexual. Profundamente heterosexual. De ésos que no entienden qué puede tener de atractivo un cuerpo masculino, de los que piensan que si fueran mujeres, serían lesbianas. De los que les da asquito pensar en determinadas cosas (agradezco mucho a Ralf König que sus caricaturas no sean demasiado realistas).

Al mismo tiempo, comprendo que mi vida sería (o habriá sido) más interesante si fuera bisexual. Más posibilidades, después de todo. Pero es una reflexión intelectual, todas las aproximaciones (puramente mentales) que he hecho al tema me han convencido de que no tengo remedio.

Al mismo tiempo, sin embargo, y de forma igualmente visceral, odio la homofobia.

He sido educado para comprender y aceptar que alguna gente es bi- u homo-sexual, o cosas mucho más raras. Que toda persona con un poco de imaginación tiene algo de “pervertido“, y que el hecho de que no me gusta el hígado de ternera no significa que tenga que pensar mal de aquellos que lo combinan con un buen tinto. No sólo eso, sino que he aprendido a lo largo de mi vida bastante sobre la lucha por la igualdad de los homosexuales: conozco su sufrimiento, sus problemas y la historia de su lucha. Conozco sus enemigos, que en muchos casos son los míos (el fanatismo, la ignorancia). He aprendido sobre la vida y obra de grandes homosexuales (como Mark Ashton), y de homosexuales grandes (como Alan Turing).

Y todo ello hace que no tenga palabras amables para la homofobia. Además de ser antinatural, lo que no tiene la menor importancia fuera de la tremenda ironía (homosexualidad hay en muchas especies, homofobia sólo en la nuestra), más allá incluso de ser una de las “grandes formas” de discriminación, como el racismo, el sexismo, el clasismo y la xenofobia… lo mío con la homofobia es algo especial. He visto a inmigrantes, pueblos sometidos, clases explotadas y hasta a las mujeres defenderse de forma violenta de la injusticia. Pero a los homosexuales, nunca. Y esa incapacidad de defenderse de las agresiones hace que, de algún modo, atacarlos me parezca como atacar a un niño. Me causa un fuerte sentimiento de repugnancia y odio.

Y para esa combinación no encuentro palabras.

Buscando una, me encontré con “homofilia”. De hecho, en inglés esa palabra se usó durante los años 50-70 con el mismo significado que le estoy dando yo: una defensa clara y sin compromisos de los derechos de los homosexuales, y un interés por su bienestar. Pero siempre se ha confundido con, y algunas veces se ha usado como sinónimo de, homosexual.

¿Podríamos recuperar el término homofílico? Para referirse la gente como yo, que sin ser homosexual disfruta como un chino de películas como “Pride“, de los cómics de Ralf König y de las canciones militantes de The Communards. La gente que está dispuesta en todo momento a apoyar y ayudar a la causa de la no discriminación contra los homosexuales (evidentemente me refiero tanto a gays como a lesbianas).

Asi que, desde aquí, esta humilde propuesta: El retorno a la homofilia.

Sigo con la historia imaginaria de Moredan Hitler. Ver la primera parte.

Japón ataca Pearl Harbour. Para su tremenda sorpresa, la reacción alemana es fulminante: Denuncuiamos el pacto Anti-Comintern porque “no lo firmamos para apoyar una guerra de agresión”, condenamos el ataque de forma alta y clara, cortamos relaciones con Japón y nos ponemos al sevicio de los EEUUA para lo que necesiten. Las relaciones con los EEUUA pasan a ser francamente buenas, se firman acuerdos defensivos con EEUUA y (si cae Churchill, cosa bastante probable) con el RU.

Stalin, un buen día de 1943, y llenito de desinformación cuidadosamente preparada por Canaris, me ataca. Richard Sorge, por cierto, lleva muerto mucho tiempo. Él se siente preparado, cree que yo estoy desmobilizado y que puede permitírselo. Todo eso es erróneo.

1. Él no está preparado, en 1943 y a falta de políticas muy decididas en contra, su oficialidad sigue en estado de shock como lo estaba en 1941 en la realidad, tras los progromos de 1938/1939.

2. Yo no me he desmobilizado un ápice, al contrario, ya tengo cazas a reacción y bombarderos stealth (no se rían), la economía va muy bien, mi base poblacional es enorme… y estoy a punto de obtener la bomba atómica.

Si la Operación Barbarroja, en la realidad, sin ninguno de esos factoers salvo la movilización y teniendo que luchar en otros frentes, fué como fué, se pueden imaginar lo que ocurre en este escenario. El ejército ruso es aplastado, y luego me lanzo a la ofensiva, liberando rápidamente los paises bálticos, Belorusia y una Ucrania que se me echa a los brazos y a la que no decepciono lo más mínimo. Los EEUUA me ven como agredidos. El mundo me ve como defensor contra el comunismo. La URSS queda aislada de ayuda militar (comparar con la realidad, esa ayuda fué decisiva para detener a la Wehrmacht). Mientras, mis ejércitos (intensamente preparados y equipados para avanzar y resistir en el invierno ruso) llega en Otoño al Cáucaso, rodeando Stalingrado (que uso para desangrar lo poco que queda del ejército soviético, si es que no cae el primer mes) y cortando los suministros de petróleo a la URSS al tiempo que los activo para mí.

El invierno de 1943/44 se organizan los protectorados (= futuros estados independientes, ver Polonia) de Letonia, Lituania, Estonia, Bielorusia, Moldavia y Ucrania. Sus obligaciones de guerra son de proveer infraestructura, algo de productos industriales y alimentos. Mi flota de submarinos bloquea el báltico y machaca Murmansk y la abandonada y desesperada flota del Mar Negro (tiene que huír de mi avance y mis bombarderos, la pillo el Gibraltar a más tardar). Se organiza un ejército considerable y bien equipado (y sobre todo: bien ideologizado) de rusos “blancos” que creen en la monarquía constitucional pero “dura” (una mezcla de monarquía parlamenteria moderna y sentido de “liderazgo” nazi) como centro de gravedad intelectual. Esta gente ayuda a ocupar la Rusia propia. Están sometidos al mismo código “caballeresco” que la Wehrmacht y por tanto no resultan para nada odiosos a la población civil, mas bien todo lo contrario tras décadas de estalinismo.

Leningrado es asediado, pero mi código permite a los civiles y soldados dejarse hacer prisioneros por mí y ser mandados a campos de trabajo durante lo que dure la guerra. Esos campos se llenan de nuevo, de soldado soviéticos y civiles sin medios. Moscú es asediado y Stalin huye. Nos preocupamos mucho de saber exactamente a dónde huye. Digamos que a Nizhny Novgorod, donde se produce mucho material de guerra y que no está demasiado lejos de Moscú. Calculamos el rango de nuestros bombarderos, pero la dejamos completamente en paz.

En primavera de 1944 hay una oferta de paz. Ofrezco la retirada de toda Rusia (lo siento por los “blancos”), salvo el Cáucaso (los pueblos caucásicos están siendo organizados, con toda calma, en otro “protectorado” federal) y los países bálticos. Es una oferta en serio. Quizá Stalin la acepta. Pero si no, un mal día Nizhny Novogorod (con Stalin dentro) se convierte en una nube radioactiva. Inmediatamente después del bombardeo, mensajes en ruso avisan a la población de cómo actúar, y bombarderos lanzan medicamentos e instrucciones. Intento limitar lo más posible el horror, pero me aseguro de acabar con Stalin.

La Unión Soviética entra en caos. Moscú y Lenigrado son ocupados por las tropas ruso-alemanas, y se declara el protectorado ruso con los blancos a la cabeza. Pero mi apoyo se limita a eso: no llevo a la Wehrmacht a Siberia, sino que dejo que los rusos se arreglen entre ellos mientras apoyo económica y tecnológicamente al bando blanco. Por supuesto, con la condición de que sigan comportándose como seres civilizados. Con la URSS convertida en fuerzas comunistas bajo diferenes líderes repartidas por Siberia y bajo amenaza de bombardeo atómico si lo piden los blancos, no creo que les dure mucho la fiesta. En verano de 1944 se acaba, a niveles prácticos, la guerra.

Ahora sí, todos los soldados son liberados y los judíos empiezan tambíen a ser evacuados. Algunos no quieren irse, se niegan a ser mandados Oriente Medio: dejo que se queden y trabajen con la idea de convertir los campos en ciudades-modelo con población aria importada. De hecho, mi racismo ha decaído mucho, y los decepcionados capitostes han sido substituídos uno por uno – poco a poco somos una dictadura normal. Sin embargo, con una importante colonia judia en Oriente Medio confío en que suficientes de ellos vayan ahí para que yo pueda declarar solemnemente que los judíos ya tienen una tierra propia, que son una raza en vías de “curación”, y que por tanto es normal permitirles la residencia en otras partes del mundo, aunque sea bajo una vigilancia especial.

Establezco una Unión Europea liderada por Alemania (ya sé, estoy llegando a la historia real, pero me he ahorrado unos veinte millones de muertos) de forma bastante democrática, y poco a poco, con cuidadito, voy democratizando el Reich también y terminando de adaptar a mi élite a los nuevos tiempos. Sobre la construcción de esa Unión Europea tendría mucho que decir… por ejemplo, las decisiones se toman por triple mayoría de aportación económica, número de países y población. Pero creo que eso pertenece a otro aporte.

El Reich incluye muchos territorios digamos, problemáticos. Bohemia y Moravia, por ejemplo, aunque con una cierta autonomía especial. Alsacia y Lorena, lo mismo. Lichtenstein (sin contemplaciones) y posiblemente Luxemburgo (depende de si fuera posible organizar y ganar un referéndum en algún momento). Es efectivamente enorme, y requerirá al final una estructura lo suficientemente flexible (federal), pero sin cometer el error español de dar igual autonomía a todos – los que se sienten diferentes porque tienen 2 en vez de 1, no piden 5. Las diferentes reparaciones, los avances tecnológicos acertados y el nuevo espacio europeo me ayudan a establizar la economía y pagar los costes de las guerras.

Los judios han sido expoliados, pero a cambio obtiene un Estado. Un dia quizá el pueblo alemán decida disculparse y dar reparaciones pero eso ya no será el problema de Moredan Hitler. Él perdió unas elecciones a finales de los 50 y se retiró tranquilamente a su villa en Bechtersgaden. Él tipo de gente que antes visitaba a Bismark ahora le visita a él, y se sorprende de lo relajado y feliz que se le ve. Y aliviado, curiosamente muy aliviado.

Seguimos con el escenario imaginario de Moredan Hitler.

Ver la primera parte.

Llega Septiembre de 1939 y ataco Polonia. Lo siento de veras por Polonia, pero de nuevo es algo que no puedo cambiar sin sospechas de haberme vuelto loco, estar poseído o algo peor. Y además, lo he pactado con Stalin, necesito el capital político para poder cambiar la dirección del nazismo y necesito la guerra para (ver arriba) solucionar la economía. He intentado que la invasión (al contrario que la real) sea bastante libre de masacres: no hay bombardeo de ciudades sin más, no hay Einsatzgruppen. Sí hay aislamiento de los judíos (a campos de trabajo, ver arriba), muchísimos soldados prisioneros con el mismo destino, y división de Polonia entre el territorio anexionado, el protectorado, y el territorio bajo dominio soviético. El Protectorado es pequeño, incluso más que el histórico, pero afirmarmos que una vez firmada la paz será una Polonia independiente. Y lo cumplimos. Es más de lo que han tenido durante siglos.

El ataque a Holanda, Bélgica y Francia se produce como en la historia real, quitando de nuevo el tema de las atrocidades. Adolf Hitler intentó dirigir la ofensiva de forma personal y obligó a Guderian a detenerse para mostrar su control sobre el generalato. Yo no cometo ese error, asi que en Dunquerque lo que se produce es una derrota masiva y horrorosa de las tropas aliadas tanto en tierra como en mar: Los submarinos entran en escena de forma sorpresiva y masiva machacando la flota que tiene que evacuar a las tropas, que son derrotadas y capturadas. Más gente a los campos de trabajo. Mi propaganda me presenta profundamente compungido: con Bélgica y Holanda, a las que explico que era absolutamente necesario invadirlas para poder ganar contra Francia, y que su independencia puede darse por hecha en cuanto se firme una paz. Y con el RU, a quien explico que jamás debieron meterse en un asunto que es entre Francia y Alemania, que Francia nos ha declarado la guerra a nosotros (es cierto) y que estoy dispuesto a la paz con ellos en cuanto la pidan, sin condiciones ni reparaciones de ninguna clase.

Insisto y machaco en ese punto por todas partes, sobre todo en los EEUUA (telefonadas a Roosevelt, lobbies) y en el mismo Reino Unido.

Francia se rinde. Ahora tengo un enorme capital político, y lo uso para relajar la política antisemita (ahora sí hago público lo de “necesitan un país”), limpiar / aumentar mi entorno cercano con gente menos sanguinaria o fanática (aumentando de paso el respeto que obtengo de los militares, ex-monárquicos y conservadores en general) y sacarme de encima a Göring de una forma u otra.

Los términos de la rendición de Francia implican que su producción militar va nosotros, que pagan reparaciones, que sus soldados permanecerán trabajando para nosotros hasta que acabe la guerra (pero no lucharán). Pero hago todo lo posible porque la ocupación misma sea mínima y no molesta, y de hecho (como en la Francia real) no tengo problemas graves de resistencia francesa durante todo 1940 y 1941. De hecho apenas saqueo (al contrario que en el mundo real) sino que me limito a exigir reparaciones con deudas a largo plazo que puedo vender a corto:) . El saqueo se limita a material de guerra (ahí sí, robo como un descosido y dejo al ejército francés en calzones) y los medios de producción de guerra. Y claro, los mencionados prisioneros.

La Batalla de Londres se basa en octavillas. En serio. La potencia aérea nos sirve para eliminar la potencia aérea e industrial inglesa. Los bombardeos a industrias se realizan de la forma más humana posible (advirtiendo que no deben haber trabajadores en las noches, diciendo qué clase de objetivos serán perseguidos y cuáles no, etc) y no bombardeo en absoluto áreas civiles. Salvo con octavillas. Caen muchas octavillas en Londres diciendo “esto podria ser una bomba, pero preferimos intentar convenceros de que aceptéis una paz honorable y abandonéis esta locura”.

En cuanto a la guerra en el mar, ataco exclusivamente la flota inglesa y barcos de suministros militares. Reconozco y pido disculpas por cualquier error que se comenta en ese sentido. Intento evitar atacar barcos de los EEUUA, lleven lo que lleven. Pero mi flota es aún más eficaz que la real, que fué de una eficacia espantosa durante esos primeros años.

La flota inglesa se está viniendo abajo, machacada hasta el punto en que la franco-alemana podria ser un problema. El Reino Unido lucha sólo, los EEUUA no van a ayudarles. Alemania ofrece una paz muy razonable. Las fuerzas aéreas inglesas no levantan cabeza. El rádar inglés no sirve de mucho con las contramedidas alemanas (volar muy bajo, primeros sistemas anti-radar). El ejército ha sido machacado en Dunquerque y hay cientos de miles de prisioneros ingleses. Holanda y Bélgica, con suerte y viendo el paño, junto con las autoridades polacas del protectorado y la Francia de Vichy, piden al Reino Unido que firme la paz. Churchill, deprimido, la firma. Obtiene de mí entre otras cosas, buena parte de la flota franco-alemana (a cambio de un módico precio a pagar en cómodos plazos), la completa independencia del Benelux, la retirada completa de Francia (salvo Alsacia y Lorena, faltaría más, que son intergradas al Reich) y la promesa de una europa continental amiga. Honesta, la promesa, yo no tengo nada contra la supremacía colonial del RU… si consigue mantenerla contra EEUUA. Eso ya, que lo arreglen entre ellos. Alemania es continental.

Se firma la paz y todos celebramos. Francia entrega, además de Alsacia y Lorena, el Líbano. Ahí empiezo a mandar a judios que hayan cumpido ya muchos años de campos de trabajo. Estos están medio vacios ahora, ya que no hay soldados, pero sigo metiendo ahí judíos y aumentando su capacidad máxima. Consideren por favor que para entonces son “ciudades” donde realmente se puede vivir, aunque sea bajo vigilancia y trabajando duro 10 horas al día. Creo un “fondo sionista” que se alimenta de las rentas de ese trabajo (tras impuestos, ejem) y que sirve para construír la comunidad judía en Palestina y el Líbano. Hago todo lo posible porque los países árabes acepten la idea de un estado mixto, con características netamente judías, que engloba el territorio de Palestina y del Líbano, y quizá un poco de Siria y Jordania. La idea es que los judíos sean ahí una minoría no-ignorable, pero sólo consigan dominancia son dinero y trabajo. No les será muy difícil, en la práctica, siendo que vienen de Europa Occidental, van ideologizados, y en ese momento la población árabe sometida está todavía muy poco educada (por lo general).

Entonces, claro, llega Peal Harbour. Y la historia sigue, en el próximo aporte.

Así es como me imagino el escenario: Adolf Hitler se vuelve moredano en invierno de 1938/1939.

Primero viene la ya mencionada etapa de “recuperación” de mi “ataque”, en este caso calculada como muy breve porque corro peligro de ser eliminado por algunos de mis colegas, especialmente Göring. Luego, la principal prioridad es prepararse para nuestra entrada en la Segunda Guerra Mundial, una guerra que desde mi humilde punto de vista comenzó en 1937. Considero que esa entrada, alas, es inevitable. Primero porque esto es una fantasía y otra cosa sería aburrida, pero también porque:

  • Es muy tarde ya, Hitler para entonces lleva planeando desde hace años esa guerra, que muchos nazis desean y muchos militares han planeado. Me arriesgo a un golpe de estado del que puede salir un régimen bastante más sangriendo que lo que yo intento hacer.
  • La economía alemana está profundamente endeudada y sólo puede sobrevivir con las restricciones que puedo imponer en tiempos de guerra, y con el botín. Un botín que espero considerable, y que incluye los trabajos forzados y el expolio de muchísima gente.

La preparación es a varios niveles:

  • Construír campos de trabajo masivos y funcionales, es decir, creados no para exterminar a la gente sino para que su trabajo sirva para sostenerla a ella y producir cosas útiles. Lo justifico con la enormidad de la guerra que está por venir (“necesitamos todos los brazos”) y el peligro del comunismo. De momento están casi vacíos… casi. Judíos y disidentes los van llenando (así mantengo mi perfil político) y mejorando… a algún nazi le puede extrañar que dedique tanto interés a la idea de que los prisioneros deben vivir decente y saludablemente en vez de matarlos a trabajar. Lo justifico diciendo que no sabemos cuánto tiempo los necesitaremos, y con ideas sobre la motivación como factor de productividad del trabajo.
  • Una intensa campaña, con medidas discriplinarias y reglamentos pero también publicidad y propaganda, para imponer dentro del ejército un código moral “caballeresco”. Uso para ello (como el Hitler histórico) la imagen del caballero teutónico medieval, y con eso suavizo la doctrina del darwinismo social: el débil debe ser sometido, sí, pero no ser asesinado. Suavizo así la postura inicial nazi y me esfuerzo por explicar también que “el mundo no entendería” que nos comportáramos “como salvajes” y que Alemania está muy sola en el mundo y no puede enemistarse con todos. Debemos demostrar que somos la civilización superior. La humanidad y el honor, la generosidad con el derrotado, forman parte de todo eso. “Cada soldado alemán es un caballero teutónico” y debe comportarse como tal. Se menciona la propaganda anti-alemana de la Primera Guerra Mundial como ejemplo de qué imagen no debemos dar.
  • Me esfuerzo por no perder más científicos. Eso puede muy bien incluír entrevistas discretas con científicos judíos, en las que afirmo que aunque me ha encantado usar el antisemitismo como argumento electoral, esa etapa ha pasado y ellos verán cómo la guerra significa el comienzo de la relajación. Explico mis ideas “sionistas”: Los judios son una raza inferior porque han degenerado por culpa de carecer de un estado propio durante siglos. Deben volver a obtener un lugar en el mundo, y eso les ayudará a integrarse con las demás naciones. Estas ideas, que de momento se expresan sólo en privado y sólo a muy poca gente, no me ganarán muchas simpatías, pero sí pueden reducir el terror / pánico que en estos momentos pueden estar sufriendo muchos de estos científicos. Dejo que Göbbels repita aquello de “nosotros decidimos, quienes son los judíos”, con un tono más civilizado y menos cínico que en la realidad.
  • El esfuerzo militar de investigación va a aquellas cosas que Moredan sabe que funcionarán: producción en serie de tanques (no necesariamente enormes), submarinos y caza-bombarderos de largo alcance, radares, sistemas de codificación, aviones a reacción, misiles y por supuesto, bombas atómicas. El material radioactivo lo consigo fácilmente por mi pacto con Stalin. No necesito mucho: cantidades mayores las obtendré de las colonias de la Francia de Vichy. Es por supuesto el programa más secreto de mi Wehrmacht.
    • Una palabra sobre Engima: Por un lado, fuerzo y exigo que los códigos sean aún más complejos de lo que fueron en la realidad (más cilindros). Por otro, limito de forma extrema la comunicación que vaya por ellos. Y eso, por supuesto, incluye un manual de uso que prohíbe usar ninguna palabra o expresión que no sea estrictamente necesaria. “Heil Hitler“, por ejemplo. Al mismo tiempo, hago mis esfuerzos para que se desarrolle, si puede ser, a tiempo, la criptogragía asimétrica y los ordenadores.
  • En la diplomacia, mi postura es claramente anti-comunista y de pleno apoyo defensivo a Japón. Pero no hago mucho al respecto, en público. En privado, le sugiero a Stalin que mi anticomunismo es de boquilla, pero mi diplomacia comienza campañas a nivel mundial de información sobre los horrores del comunismo, especialmente centradas en Europa Occidental y los EEUUA. Noten que escribo “información” y no “propaganda” – no necesito mentir sobre el estalinismo, y no lo hago ni dejo que se haga. La verdad basta y sobra. Por supuesto, al cabo de cierto tiempo (¿un año?) Stalins se enterará de que estoy detrás de muchas operaciones de información. Pero para entonces yo ya tendré el Uranio y Polonia y me importará bastante poco su opinión. En ese momento, mi anticomunismo se vuelve feroz y me preocupo de que la gente de bielorrusia, los paises bálticos y Ucrania lo sepan.
    • En otro frente, uso dinero y lobbismo lo más profesional posible, para ganarme a Washington. Contratos y buenas relaciones, visitas frecuentes, comprensión hacia los puntos de vista americanos (si hace falta uso el manido argumento de que “no estamos preparados para una democracia como la suya”, aunque esas cosas no deberían imprimirse en el Reich) y mucha mano izquierda.
    • Y en un tercer frente, el Reino Unido, procuro que la gente y sus políticos sepan que estoy deteniendo el desarrollo de la flota (= barcos), que respeto la ambición británica de “reinar sobre las olas”, y que me considero maltratado por una civilización a la que admiro. Es decir: juego al Kaiser. Siempre será mejor que la impresión que hemos dado hasta ahora. Si consigo llegar a Churchill, incluso con una entrevista personal (difícil de justificar, asi que puede que tenga que encargarse Ribbentrop o que lo hagamos por teléfono) en la que relativizo el antisemitismo, explico que imagino un mundo donde el RU domina las colonias y océanos y Alemania “lidera pacíficamente” la Europa continental, que rechazo que una guerra sea inevitable y que le pido que “sea razonable”. Vamos, soy cínico, mentiroso y por supuesto no tengo éxito, pero sí espero sembrarle de dudas para cuando las cosas se pongan feas.

Así las cosas, llega Septiembre. Y aquí lo dejo por hoy, más en la próxima.

 

¡Hola!

A lo largo de mi vida, una de mis fantasías recurrentes (tanto que realmente he soñado sobre el tema) ha sido la pregunta, tan imposible como curiosa, de qué pasaría (o habría pasado) si de pronto, por arte de fantasía, mi mente actual fuera teleportada a la mente de un individuo real o imaginario de un tiempo o un mundo diferente.

Es algo que hago de forma recurrente cuando veo películas o leo novelas, por ejemplo, y de hecho es uno de los motivos por los que puedo perder muy rápidamente el interés en una obra: cuando el protgonista actúa de un modo que yo, jamás, de ningún modo, actuaría (“Ana Karenina”) o cuando actúa exactamente como yo actuaría pero la fuerza del guionista hace que tal acto sea, de una forma poco realista, un completo fracaso. Algo asi me hace pronunciar muy rápidamente las Ocho Palabras Mortales.

Pero aparte de una obra que esté viendo en ese momento, hay algunos escenarios que repito con tanta frecuencia que mis fantasías sobre “qué haría yo en esa situación” se han hecho bastante elaboradas, y me han obligado a documentarme e informarme sobre diferentes asuntos.

Una lista (que iré completando) de personas y situaciones sería la siguiente:

– Yo mismo, claro, el típico escenario de “volver a vivir”: Al empezar a trabajar, al empezar a estudiar, o directamente al nacer (este último escenario me obliga a “fingir ser un bebé genio” cosa muy desagradable pero interesante).

– Varios escenarios erótico / festivos que no pienso detallar en este blog, pero relacionados con nacer en mi misma fecha de nacimiento pero con un físico “perfecto”.

– Un yo inmortal, nacido en diferentes momentos y lugares de la historia: Germania en la fecha exacta de la caída del Imperio Romano, Roma en la fecha exacta de la fundación de la República, o Mesopotamia en el momento en que la humanidad llega a la zona. Quizá estos escenarios algún día se convierten en una novela.

– Pasar a ser Hitler en el invierno de 1938/1939.

– Pasar a ser el Emperador Guillermo II de Alemania (entonces aún príncipe) en 1880.

– Pasar a ser Calígula alrededor del año 33, una vez nombrado cuéstor.

– Pasar a ser Jeoffrey Baratheon en el momento exacto en que comienza la serie de novelas “Canción de Hielo y Fuego”.

He escogido en mi imaginación bastantes personajes “malvados”. Precisamente son considerados malvados porque tuvieron mucho poder, y lo usaron mal. Y precisamente eso los hace interesantes: si pudieron actual así, podrían haber actuado de otro modo, alterando severamente el curso de la historia (o fantasía literaria, en el último caso), para bien. Se trata, por ejemplo, de ser Hitler para no ser Hitler: qué podría cambiar y qué no. Es interesante para mí observar esos límites – por ejemplo, un Hitler que de pronto se pone a defender ideales humanistas sin concesiones, sería rápidamente derrocado y/o asesinado por sus antiguos correligionarios. Hay que ser un poco más sutiles.

Un problema común de estos escenarios, es que es mi mente, al completo, lo que se traslada. No sólo mis ideales o mis conocimientos. Y del original no queda nada, lo que provoca un problema inmediato desde el primer segundo: no conozco bien la lengua que se habla, no conozco a mi entorno más personal, y no tengo una buena cantidad del conocimiento común del que disponen todos los que me rodean.

Como eso requiere una explicación, normalmente mis escenarios comienzan conmigo fingiendo alguna clase de ataque cerebral que borra mi memoria y mi habla, cosas que finjo conseguir recuperar poco a poco a medida que aprendo sobre mi entorno. Ése es uno de los motivos por los que siempre me “dejo algo de tiempo” antes de que realmente tenga que actuar: se supone que en ese tiempo “voy superando mi enfermedad”, aunque me “quedan secuelas” en forma de un extraño acento cuasi extranjero…😉 .

Pero una vez superada esa etapa, comienza la diversión… que iré detallando en próximos mensajes, si sigo teniendo ánimos:) .

Un saludo.

Me encantó este aporte de Saturday Morning Breakfast Cereal

Asi que voy a hacer una traducción libre.

Una madre habla con su hijo:

Mamá: Yo lo llamo “el problema de la caída”.

“Lo encuentras cuando empiezas a estudiar física. Te das cuenta de que, si cayeras de un avión sin un paracaídas, podrías calcular con un alto nivel de exactitud cuánto tardarás en llegar al suelo, la velocidad, y cuánta energía producirás en el suelo al llegar. Y sin embargo, estarás tan muerto como un gorila especialmente estúpido que fuera lanzado desde el mismo avión.

“El conocimiento sobre la naturaleza de la realidad no nos garantiza que podamos controlarla.

“Yo podría decirte por qué el abuelo está muy enfermo. Te podría decir que algunas células están haciendo cosas mal, y por qué las hacen mal, y más o menos por qué empezaron a hacerlas mal.

“Pero no puedo hacerlas parar.

(silencio)

Hijo: ¿Y no puedes hacer una máquina que lo arregle?

Mamá: No. Por el mismo motivo por el que no puedo hacer un paracaídas cuando caigo del avión.

Hijo: ¿Por que es demasiado difícil?

Mamá: Nada es demasiado difícil. Pero algunas cosas ocurren demasiado deprisa.

(silencio)

Hijo: Creo que podría resolver el problema de la caída con un propulsor personal a chorros.

“¿Podrías ayudarme a conseguir las piezas?

Mamá: Eso es lo que intento todos los días.

Zombies

Desde siempre me ha interesado un aspecto de las películas de zombies y catástrofes parecidas: la idea de empezar de nuevo. Me encantan los comienzos, y la idea de un pequeño grupo de humanos que sobreviven a una catástrofe que extermina al resto, aunque es sí misma una idea terrible, está llena de la promesa de un mundo nuevo: ¿Cómo sobrevivirán? Eso para empezar. Y luego ¿cómo crecerán, y cómo se organizarán? ¿Qué errores del pasado se repetirán y cuáles no? A nivel de política, por ejemplo. O también ¿cómo sobrevive un hombre moderno, tan dependiente de una civilización, en un entorno hostil y abandonado a lo poco que sepa y que pueda aprender por sí mismo?

Cosas asi me han ocupado hasta el punto de comenzar una novela (nunca la terminé) sobre una base en la Luna, que sobrevivía a un ataque extraterrestre que simplemente eliminaba la vida en la Tierra. Los extraterrestres (en realidad sus máquinas) daban la vida por eliminada y se iban. Y la minúscula colonia lunar tenía, primero, que sobrevivir, y luego que prosperar. Intentaba tratar todos los aspectos prácticos. ¿Cuál es limite de vida de un reactor nuclear? ¿qué materiales son fáciles de construír, cómo substituír las cosas que eran fabricadas en la Tierra?

En estas reflexiones, desde luego, el enemigo es lo de menos. En mi novela los protagonistas tenían bastante enemigo con el entorno de la Luna, hostil a la vida.

La mayoría de las películas de zombies, si no todas, se centraban muy poco en este aspecto. El aspecto de “horror”, de asustar, era (y creo que sigue siendo) el más importante en casi todas, cosa que a mí me aburre bastante y a ratos me irrita, cuando los personajes actúan de modo notablemente estúpido. El otro aspecto, que ha surgido más últimamente, es el de las relaciones personales del grupo. Pero este tema se trata casi siempre más como una especie de “telenovela” o de “reality show” donde los zombies eligen qué candidato de la casa del Gran Hermano hay hoy para cenar.

Una obra que indica que las cosas cambian, es “The Walking Dead”, “los muertos vivientes”, un cómic que, de acuerdo a la mejor tradición moderna, parece que ha sido adaptado con muchísimo respeto a la televisión (oh, jóvenes de hoy que criticáis las adaptaciones de vuestros cómics favoritos, no conocéis los horrores que hemos tenido que vivir quienes hemos vivido los tiempos anteriores a Sin City). Este cómic no está centrado, desgraciadamente, en la política o la tecnología, pero:

  • No está centrado en absoluto en el horror. Los zombies son un peligro constante que hay que manejar, pero dan el mismo horror que una atmósfera de vacío o una temperatura de 80° bajo cero. Si no tienes cuidado, te mata. Y cuesta acostumbrarse a tener cuidado.
  • Las relaciones personales son el centro, pero se tratan de un modo bastante realista. La frase de Rick al final del capítulo #24 es preciosa: “Desde el momento en que de pegamos un tiro en la cabeza a uno de esos monstruos, en que le destrozamos la cara con un martillo o le cortamos la cabeza, nos volvimos lo que somos. Estamos rodeados de muertos. Estamos en medio de ellos. Si renunciamos, seremos ellos. Vivimos con un pie en la tumba, y les debemos arrancar cada minuto de nuestras vidas. ¡Mirad ahí fuera! ¿Creéis que nos escondemos tras muros y alambradas para protegernos de los muertos vivientes? ¿Es que no lo entendéis?  Nosotros somos los muertos vivientes.
  • Y sí, menciona tanto la tecnología como la forma de gobierno, como problemas y temas constantes. Se menciona una oligarquía y hay varias tiranías, los individuos aprenden a usar armaduras de policía y un tanque. No está mal, es un comienzo.

Y sin embargo, en mi humilde opinión (y por eso empecé a escribir este artículo) faltan demasiadas cosas en ese último aspecto.

Asi que vaya aquí una guía rápida de las cosas que, por lo visto, está prohibido hacer en una obra de zombies, sin importar su utilidad.

  • No mire mapas. Vaya descubriendo el entorno a la buena de Dios, ni se le ocurra entrar en una librería o una gasolinera y hacerse una idea clara de dónde están los supermercados y las tiendas, dónde las prisiones y las bases militares y a dónde conducen las carreteras. Un mapa rompe la sensación de viaje surreal que el autor ha querido darle. Si por culpa de eso acaba usted muerto, culpe al autor.
  • No use armas militares. El S. XXI ha proporcionado una cantidad espantosa de instrumentos hechos para eliminar infantería, por mucho que sea infantería a la que haya que destruír la cabeza. Destruír cabezas no es nada nuevo en la guerra. Pero no use ametralladoras de posición, no lleve lanzagranadas ni lanzallamas, no use minas ni gases corrosivos. No importa que estén claramente diponibles en bases militares visibles en cualquier mapa (ver arriba) y no importa que estén en cajones con las instrucciones de uso – está prohibido.
  • Lo mismo vale para ropa de protección, pero a niveles aún mayores. Así como sí está permitido al menos coger una pistola, no lo está simplemente envolverse con una tela los tobillos, el cuello, la cabeza o el resto del cuerpo. Nada debe impedir a un tipo morderte hasta llegar a la piel. Las botas de cuero están prohibidas, los cascos de motorista también y cuidado con las bufandas. Las chaquetas y pantalones deben ser lo bastante finos para dejar pasar la mordida.
  • Y ya que tratamos las armas. Una cosa fundamental que debe olvidar todo protagonista de estas obras, es que la lucha cuerpo a cuerpo fué perfeccionada en la Edad Media, justo antes de las armas de fuego. Escudos, mazas, espadas (gloria a un personaje de “The Walking Dead” que usa una) y picas están prohibidos.
  • Y siguiendo con la Edad Media – si quieren cubrir una zona, usen una o varias alambrads o un fino muro de hormigón, de modo que una cantidad suficiente de zombies pueda traspasarlo. No se le ocurra recordar la Edad Media y hacer un simple murete de dos metros de profundidad y dos de altura, con ladrillo, piedra, tierra… o, maldita sea, con unas simples planchas de acero fijadas a los lados de autobuses, de modo que nada del tamaño de una persona puede pasar ni por debajo ni a través. Ya sé que es simple, extremadamente simple, pero está prohibido.
  • Y para terminar con la Edad Media – no entrene. Sabemos que su vida depende de la destreza que tenga con las armas que usa, pero no entrene lucha cuerpo a cuerpo, y mucho menos tácticas de combate, maniobras, etc. Usted es un “hombre normal”, nos representa a todos nosotros, y tiene que seguir así aun dos años tras la invasión zombie y con una esperanza de vida de dos capítulos.
  • Ya que hablamos de barreras, no olvidemos las naturales. La idea fundamental, de que necesita usted sólo estar 230 cm por arriba de los zombies, no debe llevarle a moverse usando una barquita para llegar al mar. Una barca en medio de un río es invulnerable a zombies, y eso elimina la necesaria tensión. Lo mismo ocurre con un asentamiento en un lago de cierta importancia… pero ¡no siga esa forma de pensar bajo ningún concepto! Porque si la sigue, puede llegar a la lógica conclusión de que el mejor modo de protegerse es simplemente alcanzar un grupo suficiente de islas. Con una basta, pero varias le permitirían ir dejando crecer su colonia, limpiando de zombies una isla tras otra y usando el océano como efectivísima barrera natural. Si usted vive en los EEUUA, no se le ocurra pensar en el Caribe. Si lo hace, el auto meterá un zombie invisible en su barco que los matará a todos antes de llegar a su destino.

Finalmente: todos sabemos que los zombies son imposibles. Por eso, es conveniente que se olvide usted de la Segunda Ley de la Termodinámica. Los zombies viven de… ehm… de aire. De magia. De Poder Argumental en estado puro, y aunque se mueven (cosa que gasta energía) y gimen y miran y huelen… de algún modo, no necesitan más energía que el héroe ocasional. Muy ocasional. Y del mismo modo, aunque son cadáveres putrefactos, de algún modo su putrefacción no sigue simplemene su curso hasta hacerlos un montón de huesos incapaces de moverse al cabo de poco meses. Nop, lo siento, las Calorías Argumentales los mantienen con vida… bueno, con eso que los hace moverse, usted me entiende.

Esas son cosas que todavía me molestan de las historias de zombies. El día que un autor decida plantearse en serio qué harían los supervivientes en esas cirunstancias, me dará una agradable sorpresa.

Un saludo.

PS: Mariana – soy yo, en Univision:)

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