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Archive for the ‘Economía’ Category

La lección de Joseph Patrik Kennedy.

Se atribuye esta anécdota a Joseph Patrik Kennedy (1888-1969): Allá por los a~os veinte, un limpiabotas conversó con él mientras trabajaba, sobre el estado de la bolsa. Los limpiabotas eran en aquellos tiempos muy comunes, e igual que muchos peluqueros y taxistas hoy en dia, hablaban con la clientela cuando se prestaba la ocasión. El limpiabotas había invertido en bolsa, como casi todo el mundo en aquella época, y le comentaba entusiasmado las ventajas y motivos de su inversión, y lo que creía que pasaría en el futuro.

Tras esa conversación, J. P. Kennedy decidió vender todas las acciones en bolsa de la familia: “Un negocio en el que hasta un limpiabotas cree saber del tema, no es lo bastante serio para la familia Kennedy“. Poco después el “crash” de la bolsa se llevó los ahorros de millones de estadounidenses, suponemos que también del limpiabotas. Durante la Depresión, la familia Kennedy se convirtió en una de las más ricas de los EEUUA.

El comentario, desde luego, peca de clasista: J. P. Kennedy probablemente no habría dicho lo mismo si los consejos hubieran venido de un cirujano, en principio igual de poco entendido sobre los vericuetos de la bolsa. Pero también encierra una gran verdad: Allá donde los desinformados compiten con los informados por los beneficios, se convierten en víctimas.

En el póker, si alguien gana X, siempre es a costa de que los demás pierdan, en su conjunto, X. Eso hace que la suma de las ganacias de cada uno, restando las pérdidas de cada uno, sea siempre cero. Si hay tres jugando y comienzan cada uno con 100 euros, y luego el primero tiene 150 y el segundo 120, el tercero tiene que tener necesariamente 30 euros. Los euros se mueven, pero no aparecen más (ni desaparecen). Por supuesto, si alguien introduce más euros en el juego también hay que tenerlos en cuenta en el cálculo inicial, pero la lección es ésta: El póker es un “juego de suma cero“.

La economía no lo es, muy al contrario: En el libre mercado, si todo funciona bien (de forma transparente), yo pago siempre menos del valor que tiene para mí, lo que obtengo a cambio. Si cambio 100 euros por una vasija, es porque esa vasija vale para mí más de 100 euros. De lo contrario no me merece la pena el cambio. Pero lo mismo vale para el vendedor: Para él, la vasija vale menos que 100 euros, y por eso me la cambia por mis 100 euros. Es decir: Ambos ganamos. El comercio está basado en la idea de que todos pueden salir ganando si se distribuyen los bienes. La economía no es un juego de suma cero (y por tanto la idea de que “los países ricos lo son porque explotan a otros” es falsa, aunque también encierre verdades).

Pero a pesar de eso, a pesar de que la bolsa puede subir sin que necesariamente nadie tenga que perder por ello, la especulación sí funciona de forma parecida a un juego de suma cero: Los especuladores apuestan sobre el futuro, y para poder apostar que algo subirá necesitan a alguien que apueste que bajará. Uno de los dos saldrá perdiendo.

Y en ése entorno, los informados no sólo tienen las de ganar, sino que buscarán las ganancias que vayan más allá del crecimiento normal de la economía, y eso quiere decir: Buscarán que otros pierdan y ganar con ello. Es decir, intentarán sacarle el dinero a los otros. Especialmente a los menos informados.

Por eso, invertir personalmente en bolsa es un suicidio económico, a menos que uno realmente esté dispuesto a dedicarle al análisis de las empresas en que invierte el mismo tiempo (o un tiempo comparable) que el que le dedica un profesional del tema (lo que además implica dispuesto a formarse para poder realizar esos análsis).

En caso contrario, jugar a la bolsa es tan torpe como jugar en el casino. Por supuesto que “puedes” ganar, existe la posibilidad, y algunos (pocos) ganan. Pero lo normal, lo esperable, es que pierdas, porque la banca vive de ello – si los juegos estuvieran diseñados de forma que uno tendiera a ganar, el casino quebraría.

He visto a tanta gente arruinarse o perder partes substanciales de sus ahorros haciendo esto, que me planteo si no se debería simplemente prohibir a los “no interesado” invertir en bolsa. ¿Y cómo puede hacerse eso?

Sugiero que las acciones deberían tener un valor tan elevado que impidieran la inversión “amateur”, y que cualquier otro modo de soslayar este impedimento debería ser detectado y prohibido a su vez.

También sugiero que las acciones deberían tener un tiempo mínimo de posesión, por ejemplo tres meses: Nadie debería poder comprar una acción para venderla inmediatamente. Y de nuevo, cualquier intento de soslayar esto usando derivados o intermediarios debería ser detectado y prohibido.

La bolsa es un buen modo de obtener capital, es un termómetro impagable de la economía, y es una estupenda forma de invertir para quienes saben de ello (el dinero propio, y el de sus clientes). Pero el capitalismo de masas y la especulación a corto plazo, convierten a la bolsa en una piscina llena de pececitos inocentes y tiburones maníaco-depresivos.

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Reflexiones sobre el precio de los alimentos.

Recuerdo la imagen: Javier Bardem, siendo duchado con algún alimento (creo que eran granos de trigo), con cara de no estar disfrutándolo. Habría otros grandes del espectáculo en fotos parecidas, duchados por leche, granos de maíz, etc.

Se criticaba el proteccionismo de los países desarrollados en el tema de la alimentación. Con la idea (o excusa) de asegurar que en tiempo de guerra o de crisis no pasarán hambre, Europa o los EEUUA subvencionan la producción propia de alimentos y establecen barreras a la importación de los mismos, manteniendo vivo un sector que prácticamente desaparecería sometido al libre mercado.

Además de la disminución de precio normal debida a una mayor producción, el sistema de subvenciones, que nunca puede ser del todo perfecto, produce con frecuencia una sobreproducción, la cual se vende a precio de saldo en los mercados exteriores.

Como resultado de esto, el precio de los alimentos baja tanto que los productores artesanales (e incluso algunos no artesanales) del mundo “en desarrollo” no pueden competir con los productores subvencionados del mundo “desarrollado”.

Y como los países pobres, en general, se basan en la agricultura y la ganadería para substitir, esa incapacidad para competir implica paro, hambre y miseria para el tercer mundo. El ganadero somalí se muere de hambre mientras el somalí medio compra leche alemana que costó de producir 10 veces más… pero que se vende a mitad de precio porque el 95% de su coste ha sido subvencionado por la Unión Europea.

Dicho en breve: los gobiernos ricos estarían, via subvenciones, pagando para ganarse el voto de sus agricultores, aunque saben que eso hace que el mundo “en desarrollo” no se desarrolle (por usar una ironía cruel).

Terrible acusación.

Supongamos que, impulsados por la campaña en cuestión, que tuvo lugar (si no recuerdo mal) allá por el 2004… la Unión Europea y los EEUUA hubieran, efectivamente, eliminado sus sistemas de subvenciones. En el caso de la Unión, es la llamada Política Agraria Común.

Como resultado a corto plazo tenemos los siguientes efectos:

  • El sector primario de Europa y los EEUUA se hunde. Ése sector, sin embargo, no es muy grande en cantidad de población, y tampoco en relación a la economía de ésas regiones. Sin embargo, evidentemente se requeriría una buena cantidad de dinero para ayudar a esos agricultores y ganaderos a convertirse en productores de lujo (la trufa negra piamontesa es competitiva sin subvenciones); o bien en productores de medio ambiente (biocombustibles, bosques…); o bien en trabajadores de sectores completamente diferentes (reeducación y reconversión). Se cuenta con una buena cantidad de dinero para hacer todo esto: las antiguas subvenciones.
  • Aumenta el precio de los alimentos en todo el mundo, ayudando a los productores de los países pobres.
  • La UE y los EEUUA son invadidos por productos alimenticios de éstos países, sobre todo los más básicos: leche, arroz, maíz, trigo…

Todos contentos ¿no?

Hasta que llega el año 2007 y de pronto el precio de los alimentos pasa a ser un problema mundial de extrema importancia.

Porque es lo que ha ocurrido. Ya han muerto unos cuantos millones de personas “extra” (no sé cuántos exactamente), en los años 2007 y 2008, por culpa de unos precios de alimentos que simplemente no podían pagar. Y cientos de millones de personas están en una situación desesperada ahora mismo. Sin la producción extra de los países desarrollados, el precio habría sido aún más alto, y unos cuantos de ésos millones habrían muerto ya.

¿Aceptaría, en el caso hipotético de que le hubiéramos hecho caso, Javier Bardem la responsabilidad de haber matado de hambre a un millón de personas?

Que conste que a mí Javier Bardem me cae muy bien. Es un excelente actor y en su vida privada parece representar valores que en general comparto. También comparto los valores de algunas de las películas que ha hecho, que me parecen además excelentes películas (“Los Lunes al Sol” y “Mar Adentro”, especialmente). No tengo nada en contra suya. Pero un día, revisando mis recortes de periódico, ví esa foto y me hice esa pregunta.

El problema es, por supuesto, que de buenas intenciones está plagado el camino que lleva al infierno. Muchas veces actuamos defendiendo una postura en un tema sobre el que simplemente no sabemos lo suficiente, y a veces esa acción puede tener efectos absolutamente desastrosos.

No es la primera vez que ocurre con la izquierda moderna y los países pobres: hemos aprendido dolorosamente en las últimas décadas que las ayudas a éstos países pueden eternizar las dictaduras, aumentar los precios de productos base, potenciar la corrupción, destruír el tejido productivo y crear una economía dependiente del donante. Las ONG con experiencia ya saben esto y son mucho más prudentes (e inteligentes) que hace 30 años a la hora de actuar.

Bueno, ahora el precio de los alimentos está bajando nuevamente (un poco), y realmente el problema de fondo persiste: no podemos seguir subvencionando una producción ineficiente y que rarifica el mercado, en detrimento de los productores del Tercer Mundo. Hay que reformar el sistema, y de hecho la misma Organización Mundial de Comercio que hemos creado y apoyado nos presiona para que reformemos el sistema. Pero la reforma deberá hacerse con mucho cuidado por los efectos colaterales que pueda tener cada paso.

No te lo tomes a mal, Javier, todos metemos la pata alguna vez 🙂 .

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Consejos contra la crisis financiera que nadie aplicará

Éstas son algunas medidas que deberían tomarse y que probablemente no se tomarán:

  • Creación de un organismo global, dependiente de la ONU, que vigile de forma constante los movimientos financieros y sirva de tribunal último que permita o deniege cualquier “instrumento financiero” (por ejemplo, paquetes de deuda inmobiliaria, o hedge funds). Esto debería estar orientado a una inmediata disminución de la complejidad de los instrumentos que ya se están usando, de forma que algunos serían ilegalizados por la vía de prohibir futuras emisiones (no por la vía de declarar inválidos los ya existentes, claro).
  • Obligación inmediata (ya se ha perdido mucho tiempo) de todos los grandes bancos, de informar con mucho mas detalle del actual, sobre el estado y origen de sus activos, asi como sobre su liquidez. En un plazo de “pocas semanas”.
  • Cambio inmediato de los objetivos de Banco Central Europeo: De la establidad de precios, a una conjunción de estabilidad y crecimiento. Acto seguido, bajada coordinada de los tipos de interés de los principales bancos del mundo.
  • Cambio de la dirección del Fondo Monetario Internacional, cambio inmediato de sus objetivos estratégicos y uso de sus fondos para apoyar el sistema financiero.
  • Colocación del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial bajo el control de la ONU.
  • Limitaciones de control a los fondos soberanos, exigiéndoles esa transparencia en la toma de decisiones que algunos de ellos ya asumen de motu proprio.
  • Cambio por tres años (renovables) de los criterios de déficit público de la Unión Europea, el famoso 3%, a un más flexible 6%.
  • Uso intensivo del sistema de seguros: Asegurar por una cuota mensual los créditos que no sean “créditos basura” pero estén amenazados por la falta de liquidez general. Los seguros son más útiles que la compra, ya que se puede asegurar un volumen mayor aceptando las mismas pérdidas que comprando un crédito por encima de su valor de mercado actual.

Nacionalización de cualquier banco que entre en quiebra:

  • Retomando y protegiendo a los acreedores (es decir, garantizando la totalidad de la deuda).
  • Gestionando el banco.
  • Expulsando a todo el Consejo de Administración.
  • Persiguiendo penalmente, bajo la figura de “negligencia criminal” u otra parecida, a los responsables del aumento exagerado del apalancamiento del banco. Metiendo en la cárcel a cuantos sea posible, con toda la presencia pública que sea posible. La gente debe percibir que los responsables están pagando.

No creo que se haga nada de esto, pero si ven medidas que van un poco más en esta dirección que otras, ya saben lo que pienso de ello.

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Un monólogo.

La mujer embarazada saltó la valla sin demasiados problemas a pesar de su estado, el área de carga y descarga del puerto de Lagos (Nigeria) era demasiado amplia para vigilarla o protegerla, y la valla no era tampoco ni muy alta ni muy resistente. Se acercó, hatillo al hombro, al barco mercante más cercano, que esperaba la carga de un contenedor tras otro. Se subió a uno de ellos, que ya estaba sobre la gigantesca paleta de la grúa, ágilmente, antes de que ninguno de los trabajadores pudiera impedirlo. Y se sentó a esperar.

Llamaron a los guardias, por supuesto, pero ellos, por respeto a su estado, intentaron convencerla en vez de bajarla a golpes. Pero ella se negaba. Advirtió sin embargo que tenía algo que decirle al capital del barco. Asi que lo llamaron. El capitán se asomó por la borda, y ésto fué lo que ella le dijo:

“Ustedes, los hombres blancos.

Llegaron a mi tierra sin que nosotros se lo pidiéramos. Mataron a nuestros hombres hasta que no quedó ninguno con fuego en el corazón u orgullo en sus venas. Nos violaron y nos humillaron. Y luego, cuando ya habíamos perdido nuestras tradiciones y nuestra forma de vivir, cuando ya era imposible volver al pasado, nos dejaron en las ciudades que habían construído para ustedes, y se fueron.

“Pero se fueron del todo: Algunos se quedaron a sobornar a nuestros líderes, y les llenaron las orejas de mentiras. Mandaron matar a quienes nos se las creían, provocaron la traición en nuestros soldados, sembraron el odio y la corrupción para poder seguir robándonos. Y cuando por fin los nuestros dijeron que ya basta y que les tocaba a ustedes abrir las manos, se cerraron las orejas con ellas y dejaron de hablar con nosotros.

“Y yo ya no tengo esperanzas de que el hombre blanco nos devuelva lo robado. Hace mucho tiempo que perdí esa esperanza. Ni siquiera tengo la esperanza de que nos dejen de robar ¿qué fuerza en el mundo podría obligarles? ¿qué podríamos hacer, que no hayamos intentado ya?

“Pero en el nombre de mi hijo por nacer les pido que al menos, nos dejen viajar en el mismo barco donde se llevan nuestras cosas. Que al menos tengan la piedad de permitirme ver los árboes de mi bosque en las mesas de sus hoteles, los diamantes de mi río en los cuellos de sus mujeres. Que al menos no nos cierren la puerta cuando intentamos crear una nueva vida, rodeados de nuestras cosas aunque ya no nos pertenezcan.

“Róbenme con mis cosas. Róbenme al menos a mí también.

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Especuladores

Los mercaderes a través del tiempo.

La especulación, en sí misma, no es mala. Al prever los precios futuros, el especulador mueve bienes de una época en que son abundantes (y baratos, asi que compra) a otra en que son escasos (y caros, asi que vende). Esto equivale a coger un bien abundante de un lugar y llevarlo a otro lugar donde escasea, es decir, lo que hace cualquier mercader, y por tanto algo positivo. La única diferencia es que el especulador mueve entre tiempos, y no entre lugares.

Asi, el especulador sube el precio de productos que están “demasiado baratos” respecto al precio que tendrían si el consumo fuera siempre el promedio. Y baja el precio de productos “demasiado caros” respecto a ese precio.

Y por lo mismo, el especulador ayuda a “suavizar” las subidas y bajas de precios, ya que prevee la situación y actua a “contracorriente”.

El especulador, por tanto, nos avisa del futuro: nos anuncia su opinión sobre los precios futuros, en forma de aumento de la demanda (y por tanto subida de precios actuales) o de la oferta (y por tanto de bajada de precios actuales). Ése aviso es importante: Por ejemplo, la subida brusca de los precios de la energía puede deberse ciertamente a la especulación. Pero ésta nos está indicando, simplemente, que hasta ahora hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Los combustibles van a agotarse. El precio va a subir. Que suba ahora nos impulsa a tomar medidas en vez de seguir consumiendo como locos hasta que llegue la escasez.

El especulador sube los precios cuando están muy bajos… y nadie se lo agradece salvo los productores que se dan cuenta de ello, ya que al resto le molesta que suban los precios. Y ese mismo especulador baja los precios cuando estos están muy altos, vendiendo a un precio que sí, es alto, pero no <b>tan</b> alto como si nadie hubiera acumulado ese bien. Y por supuesto, tampoco se lo agradece nadie, sino que le acusan de enriquecerse con la desgracia ajena.

Un ejemplo: Digamos que en el país X el precio de la harina está normalmente a 10 escudos. Los especuladores piensan que el próximo invierno habrá hambre y compran harina, elevando el precio a 11 escudos. La gente se queja de los acaparadores que suben el precio 1 escudo. Luego llega el invierno y hay hambre, escasea el pan y ése sube de precio. En ese momento los especuladores venden a 20 escudos, y se les acusa de enriquecerse con el hambre del pueblo (y efectivamente un 1% de población muere de hambre porque no puede pagar 20 escudos). Entonces el estado, lleno de buenos sentimientos, exige a los especuladores que vendan a 12 escudos. Estos lo hacen y acaban perdiendo dinero. Al año siguiente el precio del pan vuelve a 10 escudos, y esta vez ya no hay especuladores, ya que los que había se arruinaron y nadie quiere imitarles. La gente sonríe por el bajo precio de la harina… pero luego llega el invierno, y como nadie ha acumulado grandes cantidades de harina, la oferta es mucho menor. Siendo que la gente tiene que comer (no hay elección), la escasez es tan brutal que el precio sube a los 50 escudos. Pueden imaginarse las consecuencias, no quiero ponerme innecesariamente cruel. Y entonces todo el mundo echa de menos a los malvados especuladores.

El problema con la especulación es que se trata de una economía basada en ideas, no en hechos. Se basa en la idea de que en el futuro, un determinado producto tendrá determinado precio. Y las ideas son bastante más irracionales que el mercado puro, y generan distorsiones.

Un ejemplo se da cuando el precio de un producto parece subir indefinidamente: Cuando los especuladores dejan de pensar en el momento en que el producto baje de precio, sino que se basan en la idea de que va a subir indefinidamente. En este entorno, el especulador no vende a un consumidor, sino básicamente a otro especulador. Ése puede ser un profesional, o simplemente una persona normal que compra algo “no sólo para usarlo, sino porque es una buena inversión, subirá de precio“.

Eso equivale a comprar un bien pensando en venderlo tras usarlo. Es una buena idea si uno es un experto en el tema. Es una mala idea si uno lo es, por ejemplo tantos y tantos particulares que han comprando una casa “como inversión”. Porque tarde o temprano, claro, los precios dejan de subir.

Al crear una demanda artificial para acumular, el especulador hace que suba el precio por encima de su precio “natural actual”. Eso no es un problema si luego surge una escasez que haga pensar a los especuladores que llegó el momento de vender… entonces ellos bajan el precio por debajo de su precio “natural actual” (que ha subido). Como hemos visto, eso está bien.

Pero si la crisis no llega, al final son los mismos especuladores los que la crean: Cuando el precio real se ha alejado mucho del precio natural, cuando los especuladores simplemente ya no pueden acumular más, entonces es cuando “estalla la burbuja”: comienzan las primeras ventas, y con un poco de mala suerte suje el pánico y lo que se llama un “aterrizaje brusco” o incluso un “crash financiero”. Y esos crash hacen muchísimo daño, porque aunque es bueno que el precio vuelva su estado natural, es malo que lo haga bruscamente. Quiebran empresas, quiebran bancos, el pánico hace que se deje de invertir, que se exija la devolución repentina de créditos… en fin, un desastre.

Para evitar eso, hay que regular la especulación. Y el mejor modo de regularla es mantener la demanda, la oferta y los movimientos transparentes. Debe saberse cuánto se consume, y cuánto se produce. Debe saberse cuáles son las previsiones de consumo futuras, y de producción. Debe saberse cuánto hay acumulado, y quién lo acumula. Si se sabe todo eso, es fácil para los propios especuladores darse cuenta de cuándo el precio de algo se ha alejado demasiado de su precio natural, y por tanto es peligroso seguir potenciando ese movimiento. E invertirán en dinero en otra parte, simplemente.

Asi que creo que la transparencia es el mejor modo de conseguir “aterrizajes suaves”, y que con ella la especulación debe verse como algo tan positivo como el comercio: uno de ésas cosas que nos regala la “ciega mano del mercado”, en este caso para ayudarnos a mantener los precios estables y cubrir necesidades, basándose en el racional egoísmo de unos cuantos.

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“Sociedad de Responsabilidad Limitada”

Riesgo Moral en el Capitalismo (y 2)

Unos inversores invierten dinero en crear una empresa. La empresa asume deudas que no puede pagar y quiebra. Los acreedores se adueñan de la empresa, pero el valor de ésta no cubre la deuda. Los inversores, que son los responsables últimos de lo ocurrido, pierden todo su capital invertido, pero los acreedores también pieden bastante o casi todo (dependiendo del valor de la empresa) ¿es ésto justo?

Hay quien afirma que sí. Que los acreedores aceptan el riesgo desde el momento en que saben que la empresa tiene responsabilidad limitada, y sobre todo si ésta tiene que publicar sus balances como es el caso en muchos países para las grandes sociedades anónimas.

Pero para mí, esto es un típico caso de información asimétrica. El acreedor, sobre todo si es un acreedor pequeño (por ejemplo esa cosa tan insignficante llamada “cliente particular”), no tiene modo cabal de averiguar en serio cuál es el estado de cada empresa, cuál es su riesgo de suspender pagos o servicios, qué obtendrá y qué no obtendrá si la empresa quiebra, etc. Añadamos a eso la simple mentira: tanto el maquillaje al que se somete a los balances para ocultar realidades desagradables, como el simple, puro y directo fraude.

Ante esto hay dos alternativas:

La primera es simplemente prohibir (o mejor dicho, “no establecer”) la “responsabilidad limitada”. Eso de que una persona se haga sólo parcialmente responsable de lo que hacen otros a los que él controla (o debería controlar), con su dinero, es una idea cuanto menos curiosa. Y además, su aplicación suele ser discriminatoria: los pobres ni saben ni (en muchas ocasiones) pueden crear sociedades de responsabilidad limitada. El resultado final, simplificando, es que el pobre que pide un pequeño préstamo y no puede pagarlo, se hunde, mientras que el rico lo que hace es crear una sociedad, hacer que ésta pida los préstamos, y si luego no puede pagarlos él, pues sólo ha perdido su inversión.

Desde luego las sociedades de responsabilidad ilimitada están en desventaja en ese juego. Si se permiten ambas, generalmente ganarán las de responsabilidad limitada, ya que pueden asumir más riesgos. De nuevo estamos ante un caso de riesgo moral. Por eso, no es cuestión de permitir sociedades de ambos tipos, sino simplemente de prohibir eso de que alguien se lave las manos de lo que hacen sus empleados con su dinero.

Ahora bien, si esto les parece demasiado radical, tengo otra propuesta: Dado que el problema son las deudas, simplemente prohíban las deudas. Es decir: Las sociedades de responsabilidad limitada podrían existir, pero con la condición de no asuman en ningún momento deudas más allá de un fondo que hayan acumulado y que esté a disposición de los acreedores en caso de quiebra. En vez de esperar a no poder pagar las deudas, la empresa quiebra (o entra en suspensión de pagos) en el momento en que ya no puede asumir más deudas.

Esto equivale, desde luego, a hacer que tales sociedades “luchen” en el mercado con una mano atada a la espalda. Las empresas de responsabilidad ilimitada podrán moverse con más libertad y asumir más deudas. Pero es la ventaja que compensa el estar dispuesto a jugarse la propia casa, y la propia libertad incluso, al éxito de la propia empresa… como cualquier pequeño particular en la pequeña empresa de su casa y su familia.

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“Demasiado Grande para Caer”

El riesgo moral en el capitalismo (1).

La economía de mercado capitalista es defendida como el sistema que, a partir del egoísmo racional de cada uno, consigue una distribución óptima de recursos. Que sea el actual no es ninguna casualidad: los sistemas económicos ineficientes tienden a desaparecer por selección natural. Desde luego no es un sistema “perfecto”, por dos motivos que pueden agruparse en dos tipos: por un lado, nuestras prioridades morales no tienen por qué ser iguales a las del mercado; y por otro lado, el mercado perfecto no existe. El mercado real sufre varios problemas crónicos, como la falta de información de alguno de los actores (a vecer por acciones ilegales), los comportamientos irracionales, o la capacidad de externalizar costes.

Uno de los efectos de la actual crisis financiera ha sido la intervención del Estado para salvar determinadas empresas. En los Estados Unidos o el Reino Unido, el Estado ha decidido apoyar económicamente a empresas importantes, clave. El objetivo de estas intervenciones es evitar la quiebra de ésas empresas debido a unas circunstancias que, se supone, no son realmente culpa suya. Y de ese modo, evitar la pérdida de gran cantidad de puestos de trabajo, tanto los de esa empresa, como los que esa empresa apoya con su actividad.

El problema principal de esto no es, por imoprtante que sea, que hay un dinero que sale del contribuyente y va a parar a una empresa en crisis, y por ende a los propietarios de esa empresa. Eso es grave, pero no es lo principal.

Lo principal es que, sabedores de que son “demasiado grandes para caer“, los administradores de ésa y otras empresas clave, actuarán en lo sucesivo asumiendo riesgos excesivos, es decir exactamente, riesgos que no asumirían de tener que ser plenamente responsables de sus actos. Esto es un riesgo moral considerable, ya que el amor al riesgo desmedido (en la búsqueda de beneficios) es precisamente una de las principales causas de las “burbujas económicas”, ese tipo de “exhuberancias irracionales de los mercados” que acaban estallando tarde o temprano, con frecuencia con crisis que provocan que nuevas empresas (e incluso las mismas) entren en crisis.

Es decir: Al ayudar a las empresas en dificultades, como forma de combatir una crisis, el Estado potencia el surgimiento de más crisis en el futuro. Pan para hoy, hambre para mañana.

Eso debe terminar: defiendo que el estado NO debe ayudar a una empresa que entra en crisis por su propia mala gestión, fundamentalmente por una percepción errónea del riesgo. Además de la natural repugnancia que me produce ver cómo el estado invierte millones en salvar una corporación mientras deja en la estacada al particular que ya no puede pagar su hipoteca, opino que ni siquiera el muy humano argumento de no mandar al paro a un montón de trabajadores sirve de motivo suficiente: Estamos condenando al paro a más gente cuando llegue la próxima crisis económica, provocada por nuestra ayuda. Muchos de los cuales no pertenecerán a esas empresas que son “demasiado grandes para caer“.

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