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Archive for the ‘Geopolítica’ Category

Desde siempre me ha interesado un aspecto de las películas de zombies y catástrofes parecidas: la idea de empezar de nuevo. Me encantan los comienzos, y la idea de un pequeño grupo de humanos que sobreviven a una catástrofe que extermina al resto, aunque es sí misma una idea terrible, está llena de la promesa de un mundo nuevo: ¿Cómo sobrevivirán? Eso para empezar. Y luego ¿cómo crecerán, y cómo se organizarán? ¿Qué errores del pasado se repetirán y cuáles no? A nivel de política, por ejemplo. O también ¿cómo sobrevive un hombre moderno, tan dependiente de una civilización, en un entorno hostil y abandonado a lo poco que sepa y que pueda aprender por sí mismo?

Cosas asi me han ocupado hasta el punto de comenzar una novela (nunca la terminé) sobre una base en la Luna, que sobrevivía a un ataque extraterrestre que simplemente eliminaba la vida en la Tierra. Los extraterrestres (en realidad sus máquinas) daban la vida por eliminada y se iban. Y la minúscula colonia lunar tenía, primero, que sobrevivir, y luego que prosperar. Intentaba tratar todos los aspectos prácticos. ¿Cuál es limite de vida de un reactor nuclear? ¿qué materiales son fáciles de construír, cómo substituír las cosas que eran fabricadas en la Tierra?

En estas reflexiones, desde luego, el enemigo es lo de menos. En mi novela los protagonistas tenían bastante enemigo con el entorno de la Luna, hostil a la vida.

La mayoría de las películas de zombies, si no todas, se centraban muy poco en este aspecto. El aspecto de “horror”, de asustar, era (y creo que sigue siendo) el más importante en casi todas, cosa que a mí me aburre bastante y a ratos me irrita, cuando los personajes actúan de modo notablemente estúpido. El otro aspecto, que ha surgido más últimamente, es el de las relaciones personales del grupo. Pero este tema se trata casi siempre más como una especie de “telenovela” o de “reality show” donde los zombies eligen qué candidato de la casa del Gran Hermano hay hoy para cenar.

Una obra que indica que las cosas cambian, es “The Walking Dead”, “los muertos vivientes”, un cómic que, de acuerdo a la mejor tradición moderna, parece que ha sido adaptado con muchísimo respeto a la televisión (oh, jóvenes de hoy que criticáis las adaptaciones de vuestros cómics favoritos, no conocéis los horrores que hemos tenido que vivir quienes hemos vivido los tiempos anteriores a Sin City). Este cómic no está centrado, desgraciadamente, en la política o la tecnología, pero:

  • No está centrado en absoluto en el horror. Los zombies son un peligro constante que hay que manejar, pero dan el mismo horror que una atmósfera de vacío o una temperatura de 80° bajo cero. Si no tienes cuidado, te mata. Y cuesta acostumbrarse a tener cuidado.
  • Las relaciones personales son el centro, pero se tratan de un modo bastante realista. La frase de Rick al final del capítulo #24 es preciosa: “Desde el momento en que de pegamos un tiro en la cabeza a uno de esos monstruos, en que le destrozamos la cara con un martillo o le cortamos la cabeza, nos volvimos lo que somos. Estamos rodeados de muertos. Estamos en medio de ellos. Si renunciamos, seremos ellos. Vivimos con un pie en la tumba, y les debemos arrancar cada minuto de nuestras vidas. ¡Mirad ahí fuera! ¿Creéis que nos escondemos tras muros y alambradas para protegernos de los muertos vivientes? ¿Es que no lo entendéis?  Nosotros somos los muertos vivientes.
  • Y sí, menciona tanto la tecnología como la forma de gobierno, como problemas y temas constantes. Se menciona una oligarquía y hay varias tiranías, los individuos aprenden a usar armaduras de policía y un tanque. No está mal, es un comienzo.

Y sin embargo, en mi humilde opinión (y por eso empecé a escribir este artículo) faltan demasiadas cosas en ese último aspecto.

Asi que vaya aquí una guía rápida de las cosas que, por lo visto, está prohibido hacer en una obra de zombies, sin importar su utilidad.

  • No mire mapas. Vaya descubriendo el entorno a la buena de Dios, ni se le ocurra entrar en una librería o una gasolinera y hacerse una idea clara de dónde están los supermercados y las tiendas, dónde las prisiones y las bases militares y a dónde conducen las carreteras. Un mapa rompe la sensación de viaje surreal que el autor ha querido darle. Si por culpa de eso acaba usted muerto, culpe al autor.
  • No use armas militares. El S. XXI ha proporcionado una cantidad espantosa de instrumentos hechos para eliminar infantería, por mucho que sea infantería a la que haya que destruír la cabeza. Destruír cabezas no es nada nuevo en la guerra. Pero no use ametralladoras de posición, no lleve lanzagranadas ni lanzallamas, no use minas ni gases corrosivos. No importa que estén claramente diponibles en bases militares visibles en cualquier mapa (ver arriba) y no importa que estén en cajones con las instrucciones de uso – está prohibido.
  • Lo mismo vale para ropa de protección, pero a niveles aún mayores. Así como sí está permitido al menos coger una pistola, no lo está simplemente envolverse con una tela los tobillos, el cuello, la cabeza o el resto del cuerpo. Nada debe impedir a un tipo morderte hasta llegar a la piel. Las botas de cuero están prohibidas, los cascos de motorista también y cuidado con las bufandas. Las chaquetas y pantalones deben ser lo bastante finos para dejar pasar la mordida.
  • Y ya que tratamos las armas. Una cosa fundamental que debe olvidar todo protagonista de estas obras, es que la lucha cuerpo a cuerpo fué perfeccionada en la Edad Media, justo antes de las armas de fuego. Escudos, mazas, espadas (gloria a un personaje de “The Walking Dead” que usa una) y picas están prohibidos.
  • Y siguiendo con la Edad Media – si quieren cubrir una zona, usen una o varias alambrads o un fino muro de hormigón, de modo que una cantidad suficiente de zombies pueda traspasarlo. No se le ocurra recordar la Edad Media y hacer un simple murete de dos metros de profundidad y dos de altura, con ladrillo, piedra, tierra… o, maldita sea, con unas simples planchas de acero fijadas a los lados de autobuses, de modo que nada del tamaño de una persona puede pasar ni por debajo ni a través. Ya sé que es simple, extremadamente simple, pero está prohibido.
  • Y para terminar con la Edad Media – no entrene. Sabemos que su vida depende de la destreza que tenga con las armas que usa, pero no entrene lucha cuerpo a cuerpo, y mucho menos tácticas de combate, maniobras, etc. Usted es un “hombre normal”, nos representa a todos nosotros, y tiene que seguir así aun dos años tras la invasión zombie y con una esperanza de vida de dos capítulos.
  • Ya que hablamos de barreras, no olvidemos las naturales. La idea fundamental, de que necesita usted sólo estar 230 cm por arriba de los zombies, no debe llevarle a moverse usando una barquita para llegar al mar. Una barca en medio de un río es invulnerable a zombies, y eso elimina la necesaria tensión. Lo mismo ocurre con un asentamiento en un lago de cierta importancia… pero ¡no siga esa forma de pensar bajo ningún concepto! Porque si la sigue, puede llegar a la lógica conclusión de que el mejor modo de protegerse es simplemente alcanzar un grupo suficiente de islas. Con una basta, pero varias le permitirían ir dejando crecer su colonia, limpiando de zombies una isla tras otra y usando el océano como efectivísima barrera natural. Si usted vive en los EEUUA, no se le ocurra pensar en el Caribe. Si lo hace, el auto meterá un zombie invisible en su barco que los matará a todos antes de llegar a su destino.

Finalmente: todos sabemos que los zombies son imposibles. Por eso, es conveniente que se olvide usted de la Segunda Ley de la Termodinámica. Los zombies viven de… ehm… de aire. De magia. De Poder Argumental en estado puro, y aunque se mueven (cosa que gasta energía) y gimen y miran y huelen… de algún modo, no necesitan más energía que el héroe ocasional. Muy ocasional. Y del mismo modo, aunque son cadáveres putrefactos, de algún modo su putrefacción no sigue simplemene su curso hasta hacerlos un montón de huesos incapaces de moverse al cabo de poco meses. Nop, lo siento, las Calorías Argumentales los mantienen con vida… bueno, con eso que los hace moverse, usted me entiende.

Esas son cosas que todavía me molestan de las historias de zombies. El día que un autor decida plantearse en serio qué harían los supervivientes en esas cirunstancias, me dará una agradable sorpresa.

Un saludo.

PS: Mariana – soy yo, en Univision 🙂

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Observo cada día, varias veces al día, las protestas en Egipto contra el régimen dictatorial de Hosni Mubarak.

Desde que comenzaron las protestas en Túnez, tuve que constatar un primer error mío: en contra de lo que yo pensaba, ya hay sociedades árabes maduras para la democracia más allá del Líbano. Yo pensaba que el Líbano (donde hay una suerte de “burocracia con influencias democráticas”) era un caso único, y que para el resto de países árabes todavía estaba pendiente un cambio de ideas que pasaba, sobre todo, por la creación un paradigma firme de Islam democrático. Me equivoqué. Las minorías intelectuales pro-occidentales (que han existido siempre) se han convertido ya en mayorías pro-democráticas (y ya no tan intelectuales, ni tan pro-occidentales) en al menos algunos de esos países.

Sin embargo, aposté a que fracasarían. Volví a equivocarme por pura ignorancia del estado del Ejército en Túnez, que resultó decisivo. Asistí al final del régimen de Ben Ali con absoluta sorpresa y brillante alegría. Y observé, por primera vez en mucho tiempo, a los EEUUA arriesgando sus intereses en defensa de la democracia. Creo que es algo que no ocurría desde Carter. También observé el silencio estupefacto de la Unión Europea, las declaraciones tardías y tibias de Francia, y los juzgué con blandura porque supuse que muchas cancillerías europeas estarían todavía tan sorprendidas como yo y digiriendo los acontecimientos.

Ahora creo que las posibilidades de una revolución así dependen de varios factores específicos de cada país… uno de ellos es el miedo que provoque el posible régimen futuro, lo que depende sobre todo del papel que los islamistas y comunistas tomen en las revueltas. El otro es hasta qué punto el ejército esté unido a los intereses del régimen presente. He vuelto a mirar la situación en Yemen, Líbano y sobre todo Egipto. Y de nuevo, soy pesimista: no creo que vayan a surgir a corto plazo nuevos cambios democráticos como en Túnez.

Sin embargo, veo como de nuevo los EEUUA arriesgan por la democracia, presionando a Mubarak para que garantize la libertad de expresión, reunión y prensa. Sabiendo perfectamente que eso sí pondría en peligro al régimen (y que por tanto, no van a hacerlo) y amenazando con cortas las ayudas económicas (lo que aisla a Mubarak). Dentro de lo que cabe, dentro de lo que una potencia puede hacer, los EEUUA están arriesgando de nuevo, y más que nunca, contra sus propios intereses cortoplacistas y por la democracia y los intereses a largo plazo.

Y de nuevo, la Unión Europea se calla. Su silencio es estruendoso y esta vez no encuentro ninguna excusa. Sus cálculos pueden ser tan pesimistas como los míos, pero ocurra lo que ocurra, es ahora el momento de mostrar que una potencia defiende unos ideales y no sólo a una comunidad o a un grupo de empresas. La Unión está orgullosa de sus ideales, y con razón, pero su política exterior cobarde se hace cada vez más difícil de justificar.

Si me equivoco por tercera vez, si Egipto se convierte en una democracia, lo que habrá comenzado es mucho más que una nueva “revolución de los Jazmines”: habrá comenzado la revolución democrática árabe. Una perspectiva mareante y fascinante. Pero ocurra lo que ocurra, los egipcios no olvidarán quién estuvo a su lado, y quién prefirió no arriesgar sus negocios con la dictadura. La Uníón debería tomar partido, y tomarlo rápido.

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La Muñeca Mala

El experimento original, realizado en 1954 en los EEUUA, fue el siguiente: Se escogió a un grupo de niñas negras de una edad que debe ser tres o cuatro años. Una edad en la que la niña todavía piensa con cuidado antes de comprender y responder cualquier pregunta. Se les entregaron dos muñecas con forma de bebé, idénticos salvo por una cosa: el color, no literalmente negro pero sí claramente más oscuro, de una de ellas. Y se les preguntó qué muñeca les parecía más bonita.

Casi todas escogieron la “blanca”.

En 2005, Kiri Davis repitió el experimento para su documental “A girl like me” (“Una chica como yo”). Tres de cada cuatro niños (esta vez se escogieron chicos y chicas) escogieron la muñeca “blanca”. Pero el director añadió unos trozos más de amarga realidad al experimento.

Les preguntó por qué la habian escogido. “Porque es más bonita”. ¿Por qué? “Porque es blanca”. Para que no cupiera ninguna duda.

Les preguntó cuál era la muñeca “para amar” (“love doll”). La blanca.

¿Y la muñeca “mala”? La negra.

¿Me das la muñeca que se parece más a tí?

Creo que voy a tardar bastante tiempo en olvidar la expresión de la cara de la niña cuando, tras reflexionar, lentamente extiende hacia la cámara la muñeca que ella misma acaba de calificar de “mala”. Esa expresión.

Creo que es totalmente imposible, para un ser humano que no ha vivido esa clase de discriminación, interiorizar lo que debe ser vivir en esas condiciones.

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Era un ser humano.

Una vez puesto el título provocador, aclararé: Yo no admiro a Hitler. Pero voy a hablar de quienes lo hacen.

Hace poco ha saltado de nuevo uno de esos “titulares Hitler” que aparecen de vez en cuando: Bernie Ecclestone ha dicho que Hitler “conseguía que se hicieran las cosas“. Lo que ha provocado gran escándalo. También dice más cosas, algunas bastante tontas, pero es ésa frase la del escándalo.

Yo, la verdad, no encuentro ningún motivo especial para admirar a Hitler. Era un buen orador para su época, pero no el mejor ni mucho menos. Tenía instinto predador, pero no tanto como otros muchos. Y más o menos ahí se acaba lo que tenía de “mejor que la media“. El resto era completamente mediocre, directamente desastroso, malvado y/o enfermo. Si llegó a tener éxito fué por los pelos y por la época que le tocó vivir. Ahora mismo se moriría de hambre.

¡Pero me parece demagógico y absurdo atacar a cualquier persona que opine lo contrario!

Recuerdo cuando salió la excelente película “El Hundimiento”, y se la criticó desde algunos círculos diciendo que “humanizaba a Hitler”. Pero vamos a ver, Hitler qué era ¿un extraterrestre? ¡Era un ser humano! No estamos todos moralmente obligados a creer que no había nada admirable o loable en sus actos. Yo no lo creo, pero si alguien lo cree… ¿y qué? Eso no significa apoyar toda su actuación, sus crímenes, el genocidio, las guerra de agresión o el totalitarismo.

Decir (como dijo una comentarista hace poco) que Hitler tenía una política de familia adecuada, no es automáticamente ser un nazi. Es simplemente estar de acuerdo con una única cosa. No es un juicio a la totalidad. Y no se debería organizar semejante “sarao” por ello.

Hitler era un ser humano. No era un monstruo, ni un ser mitológico. Era un ser humano.

Y eso es precisamente lo espantoso del asunto.

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Hace un tiempo tuve una breve conversación, bastante tonta, con una persona que insistía en que un árabe no puede ser antisemita porque los árabes son semitas. Desde luego, eso equivale a decir que una persona sin armas no puede alarmarse (“¡al arma!”): confundir la etimología de una palabra con su significado actual. El antisemitismo es, básicamente y desde un comienzo (Wilhelm Marr y su “Liga por el Anti-Semitismo”) una postura contraria los judíos – concretamente, contraria a los judíos como pueblo, y a su influencia en las demás culturas.

El antisemitismo es una forma de racismo. Discriminar a un grupo de personas por ser judíos “estando en contra” de ellos por el motivo que sea, es algo fácil de condenar usando mi moralidad. Aparte de mi forma personal de modelarla, es algo explícitamente condenado en el humanismo.

El antisionismo, por el contrario, es otra cosa: Aquí se está en contra de una ideología. Nadie obliga a un judío a ser sionista, y de hecho algunos son rabiosamente antisionistas.

El sionismo surgió como el movimiento que apoyaba la creación de un Estado judío en Palestina. El mismo planteamiento sionista era en su momento nacionalista, y discriminatorio: No se trataba de crear un estado cualquiera, sino un Estado específicamente judío. Se entienda el judaísmo como una cultura, como una etnia o como una religión, en cualquiera de los tres casos se está impulsando un estatuto legal que diferencia “judíos” de “no-judíos”, y con ello impulsando algo contrario a los derechos humanos: La discriminación de los ciudadanos ante la ley, por sus creencias religiosas, su cultura o su origen étnico.

Más más INRI, el sionismo actual puede tomar dos formas: En una de ellas, defiende un Estado de Israel limitado a las fronteras de 1947, o al menos las de 1949 (también llamadas “fronteras de 1967” por el año mencionado en una resolución de la ONU que exige la retirada a ellas). Semejante “sionismo” equivale a la preservación de Imperio de la Ley y el estado actual de la legalidad, con lo que se confunde con otras posturas políticas (como la mía) que no parten del nacionalismo pero defienden ese mismo retorno.

Pero otro sionismo, el claramente distinguible como tal, es el expansionista, el que defiende la ocupación de los territorios que en 1967 aún no formaban parte de Israel y que ahora deberían formar parte del Estado Palestino de acuerdo a los acuerdos de paz firmados por ambas partes. Ése sionismo no es sólo nacionalista y discriminatorio: es también imperialista.

A ese sionismo le conviene que confundamos antisionismo con antisemitismo. Que creamos que toda persona que se enfrenta al Estado de Israel es un racista, y a ser posible, que creamos que es nazi o fundamentalista religioso. No les hagamos ese favor.

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Injusticia y Desorden

Consideraciones Conservadoras

“Es preferible la injusticia al desorden, // decía el abuelo al abrocharse el uniforme.” (DefConDos, “Ultramemia”)

Esta parte de la excelente canción del grupo radical izquierdista “DefConDos”, cuyas letras a veces he admirado profundamente, describe la actitud normal de esta postura política ante un dicho que en tiempos era habitual.

Los que defienden la injusticia por encima del desorden, viene a decir esta crítica, lo que en realidad hacen es defender el orden existente de forma autoritaria. Están dispuestos a que la injusticia prosiga indefinidamente, porque su alternativa es el “desorden”. Y están dispuestos a asegurar ése orden concreto con injusticia, y por tanto, con herramientas autoritarias si hace falta.

Sin duda es una lectura acertada en muchas ocasiones.

He visto también responder a conservadores usar en su defensa el argumento de que “el desorden crea más injusticias que las que pretende resolver“, y he visto cómo se usaba hipócritamente precisamente con las intenciones que he mencionado arriba.

Pero no por ello deja de ser, en muchas ocasiones, cierto.

El desorden, el caos, puede acabar creando una cantidad espantosa de “injusticia”, de mal. Si el historial autoritario está lleno de regímenes espantosamente criminales, el historial revolucionario no está menos lleno de guerras civiles igualmente espantosas, y en muchas ocasiones, de un final abrupto autoritario, combiando ambos males: el del caos primero, y el del autoritarismo después.

Observando eso, creo que hay también muchos consevadores honestos que cuando dicen que “es preferible la injusticia al desorden” no es pensando en aplastarle la cabeza a ningún manifestante, sino llenos de compasión por la situación que obervan por ejemplo en la República Democrática del Congo, en Afganistán, en Palestina, en algunos lugares de México, o en Zimbabwe. Lugares donde cualquier tipo de orden, incluso una dictadura, sería preferible al caos reinante, a la falta de estado (Zimbabwe tiene un estado que se niega a ejercer como tal, y la RDC un estado que no puede ejercer como tal). Llenos de compasión y de horror ante la injusticia que provoca el caos.

La respuesta a este dilema es, desde luego, fijarse en que la defensa del orden no implica necesariamente la defensa del orden establecido. Se puede pasar “del orden al orden”, mejorando el nivel de justicia,  y es eso en principio lo que hay que intentar.

Eso diferencia a quien usa esa frase en serio y a quien no. El que la usa en serio, movido por la compasión y el rechazo a la injusticia (que provoca el caos) debe rechazar también la injusticia de su orden, e intentar, ordenadamente, paliarla o eliminarla.

Y en ese campo se puede encontrar el convervador con el progresista que lucha también por un orden mejor. El cual no debe usar métodos que lleven al caos, lo que no quiere decir que tenga que usar siempre métodos legales. En una dictadura, un progresista puede cometer actos ilegales, incluso el asesinato. Pero jamás debe usar la táctica de “cuando peor, mejor“, la “socialización del sufrimiento” o el terror. Y debe proponer otro orden, y pasos razonables para llegar a él sin pasar por la revolución sangrienta o la guerra civil.

De un orden, a otro orden mejor. Porque es cierto que el caos provoca las peores injusticias, y además es la cuna de las peores dictaduras.

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Sobre los gastos de los políticos, pagados por los ciudadanos.

Al hilo del “escándalo” que se ha montado sobre los gastos de los parlamentarios de Westminster en el Reino Unido, gastos perfectamente legales pero moralmente dudosos, tengo algunas consideraciones que hacer.

La primera es de importancia. Cuando hablamos de gastos de representación inadecuados, estamos hablando de facturas que los políticos hacen pagar al Estado, y que costean cosas como viajes, trajes, coches, y en los casos más graves, la renovación o compra de apartamentos o casas. Estamos hablando, por tanto, de cifras que rara vez o nunca llegan a un millón de euros, y de un problema que en su conjunto no es relevante en términos económicos.

Al contrario que los sobornos, estos gastos no influyen en la política real, la que maneja cientos de miles de millones de euros en un país como el Reino Unido.

Por tanto, la importancia de este tema no es económica sino de imagen. Se trata de que los políticos den una imagen de rectitud básica, que no se les vea usando truquillos mezquinos para ahorrarse un dinero. Y sí, esto tiene su importancia, pero al hilo de esto va mi segunda consideración, y es que no deberíamos ser hipócritas a la hora de criticar a los políticos.

Si hay una forma legal de no pagar un impuesto, la gente que la conoce simplemente no paga el impuesto. Cuando surge, en primer lugar, los que sienten que por otros motivos ya pagan “demasiado”, se consideran autorizados a no pagar. En segundo lugar, los que se consideran “tan valiosos como los primeros”, tampoco pagan. Y finalmente, los que no quieren ser “los únicos idiotas” que pagan pudiendo evitarlo de forma perfectamente legal, dejan de pagar. Esto es normal y no tiene nada de condenable. El modo de hacer que la gente page impuestos es obligándola por ley, y punto. Lo mismo vale para los diputados, asi que en vez de criticar lo que hay que hacer es cambiar el sistema legal.

Puede que lo que voy a decir peque de simplista, pero ¿qué tal si simplemente se les suprmien las dietas? Simplemente. Digamos que se les dobla el sueldo a todos… pero se les suprimen todas las dietas. Todo gasto que quieran hacer, deberán pagarlo de su bolsillo.

Lo primero que se me ocurre es que, por ejemplo, pueden ser alcaldes de otra localidad. ¿Deben pagar de su bolsillo una segunda residencia que están obligados a tener para poder ejercer ambas funciones, de diputados y de alcaldes?

Sí. Desde mi punto de vista, sí. Nadie les obliga a presentarse ni a alcaldes ni a diputados. Asi que sí, deben. Si no están dispuestos, que no se presenten.

Luego me imagino gastos “inherentes al cargo”. De ellos, una buena parte los paga directamente el Estado, asi que no presentan problemas – la factura del vuelo del Ministro de Exteriores de visita oficial a un país extranejo nunca pasa por las manos del Sr. Ministro ni de su personal particular (abogado o asesor fiscal) asi que no presenta ningún problema. Pero ¿qué pasa con los demás viajes, pongamos de un alcalde para ir a Londres a hacer presión sobre un determinado aspecto de su política?

Para eso, en mi opinión, está el Partido y sus afiliados. Que pueden abonar al Sr. Alcalde ciertas cantidades del modo que consideren oportuno: por adelantado, tras una factura, con límites o sin ellos, y con las condiciones que les parezca. No tengo nada en contra de aumentar la financiación general de los partidos con ése propósito. Pero el pago en sí mismo podría ser algo entre el Partido y el alcalde, no algo que afecte a cada contribuyente.

De este modo, el único dinero que recibirían los políticos del Estado sería su salario. Y punto. Fin del problema.

¿Peco de simplista? Creo que no, pero permaneceré atento a sus opiniones si están argumentadas…

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