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Archive for the ‘Lingüística’ Category

Un consejo sobre estándares

El lenguaje es un estándar de comunicación. Sirve para que uno codifique un significado (lo que quiere decir) en un mensaje escrito en un código (el lenguaje) que otros conocen. Esa gente podrá decodificar el mensaje, obteniendo el significado a partir del mensaje.

Esto sólo funciona si ambos, emisor y receptor, comparten el mismo lenguaje. Es decir, la misma relación entre signos (que se usan en el mensaje) y significado.

Para permitir que diferentes personas puedan comunicarse, surgen los estándares de comunicación, es decir, lenguajes que comparten grandes grupos de personas.

El castellano es uno de ésos estándares.

Todo esto es, claro, una simplificación. El estándar no fué creado por un montón de ángeles perfectos, sino por humanos, y ni suquiera por especialistas sino por nosotros, los hablantes. El resultado es un estándar con muchos problemas, por ejemplo la ambigüedad.

Se produce una ambigüedad cuando un mismo signo (como “banco”) tiene dos o más significados (“entidad de crédito” o “asiento alargado”). La ambigüedad es fuente de posibles problemas… podemos recibir un mensaje como “espérame en el banco, en la Plaza Girolamo” y cuando llegamos, encontrarnos con que en el centro de la plaza hay un jardín con un asiento alargado… y en un lado, una sede del Banco Internacional de Crédito con una recepción donde sentarse. Y no saber a qué se refería el que escribió el mensaje.

Otro caso muy típico en debates de internet se produce cuando alguien usa una palabra rechazando la defnición estándar.

Pueden haber muchos motivos para rechazar una definición estándar (en español el estándar es el DRAE). Motivos estéticos, políticos o religiosos. Nadie está obligado a cumplir con el estándar, no es una obligación moral ni una ley.

Ahora bien

Si yo decido no usar la defnición estándar de una palabra, sino usarla con otro significado, estoy provocando una ambigüedad. A partir de ahora esa palabra tiene dos significados: el estándar y el mío. Y por tanto, puede producirse un fallo de comunicación como resultado de esa decisión mía. Soy responsable, moralmente, de intentar evitarlo.

Es imposible que los que usamos cada palabra con el significado estándar avisemos de cuándo lo hacemos. Si así lo hiciéramos, entraríamos en un ciclo infinito, ya que las palabras que usamos para avisar también tendrían que ser definidas: “Hola, bueno, digo hola en el sentido estándar, y a ver, digo “bueno” en el sentido de interjeción, y digo “digo” con el significado estándar, y cuando digo “hola” la segunda vez también es con el significado estándar, y…” 😀

Pero el que usa una palabra con el significado diferente al estándar sí está obligado a avisar antes de usarla. Para que el receptor sepa de qué está hablando. Para que el mensaje llegue.

Esto se puede hacer de muchas formas:

  • Formalmente: “Hablaré del universo, pero lo primero es avisar que cuando digo universo no me refiero a la definición del DRAE sino a todo aquello que podemos observar racionalmente…”
  • Informalmente: “Bueno, el universo (= todo lo que podemos observar racionalmente)…”
  • De forma sutil, sin dar la definición: “Bueno, el universo (tal como lo entiendo)” o “Bueno, lo que yo llamo universo…”.

Cualquiera de estas formas da al menos una posibilidad limpia, educada, al lector para que se de cuenta de que no se está usando necesariamente el estándar. No hace falta ser siempre formalistas, a veces la diferencia no tiene importancia.

Pero hay que avisar, aunque sea de forma sutil.

El que no avisa es un traidor 😀 .

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Como se manipula el lenguaje para librarse de culpas colectivas.

He estado reflexionando sobre una costumbre que he visto, de forma casi idéntica, en varios grupos ideológicos y religiosos, y que supongo que es universal, que ocurre en todo grupo a partir de cierto tamaño. El ser humano es así.

Se trata de una operación ideológica, que es la reacción a las críticas que se hacen a ese grupo, basadas en determinadas personas, corrientes o épocas adscritas al grupo.

  • Por ejemplo, la crítica al comunismo que dice: “¡El comunismo ha matado a decenas de millones, mirad a Stalin, a Mao…!
  • Por ejemplo, la crítica al cristianismo que dice: “¡El cristianismo ha cometido limpiezas étnicas sin cuento, mirad la expulsión de los judíos y musulmanes en España!
  • Por ejemplo, la crítica al Islam que dice: “¡El Islam es terrorista, mirad el ataque a las Torres Gemelas!
  • Por ejemplo, la crítica a la Ilustración que dice: “¡La Ilustración llevó a la Revolución Francesa, vaya baño de sangre!
  • Por ejemplo, la crítica al falangismo que dice: “¡El falangismo es totalitario y sangriento, mirad la posguerra española!
La respuesta adecuada a ése tipo de críticas es, desde mi punto de vista, admitir que ocurrieron los hechos, y analizar en qué circunstancias esa ideología llegó a servir de apoyo para esos hechos, buscando el modo de impedir que vuelvan a ocurrir.
 
Pero esa reacción es, me parece, demasiado incómoda para mucha gente. Quizá porque es  fría y cerebral, o quizá porque bastante gente aún tiene cierta idea de “culpa colectiva”: “Un grupo entero puede ser considerado culpable de lo que hagan algunos de sus miembros, y por tanto, si alguien indica que en “mi” ideología hay criminales, eso me hace culpable a mí también.
 
Asi que se usa esta estrategia de distanciarse a la escocesa. Se trata de demostrar que el grupo de los “malos” no es el mismo que el grupo al que pertenece el hablante. Y para eso lo que se hace es redefinir las palabras:
 
1. “Ser un X” ya no significa lo que todo el mundo considera que es “ser un X”. Una serie de reconocimientos más o menos públcos y claros, fáciles de detectar y descartar, entre los que está el auto-reconocimiento (“si él o ella dice que es un X, en principio es un X“). La palabra ya está definida, y tiene una definición más o menos estándar, pero se rechaza esa definición.
 
2. Ahora, para ser un X, ya no es tan importante lo que todo el mundo llama tal, sino lo que el sujeto que se distancia a la escocesa añada, características que él posee, muy especialmente, interpretaciones de la doctrina que él considera correctas, y comportamientos adecuados a esa interpretación que él sigue.
 
3. Y se hace de tal modo, que los “malos” no estén ya incluídos en el grupo de los X redefinidos.
 
4. Acto seguido, se empieza a llamar “falsos X” a los que cumplen la definición general, pero no la nueva así creada. Y los que cumplen la última son los “verdaderos X”, los “X a secas”, etc…
 
Veámoslo con ejemplos:
  • ¡Stalin y Mao no eran verdaderos comunistas, el comunista cree en la dictarura del proletariado, y la aplica, ésa gente sólo creía en su propia dictadura!
  • ¡El cristianismo dice que hay que amar al prójimo, los que expulsaron a los judíos eran legalistas, no eran verdaderos cristianos!
  • ¡El Islam rechaza el terror, rechaza la muerte de inocentes, Mohammed Atta no era un verdadero musulmán, era un munâfiqûn!
  • ¡La Ilustración es racional y respeta a los Derechos Humanos, en el momento en que la Revolución Francesa se convirtió en un Directorio, eso ya no tenía nada que ver con la Ilustración!
  • ¡El falangismo no es de derecha, “preferimos la bala comunista a la palmadita derechoide”, Franco y su régimen no tenían nada de verdaderos falangistas, era pura hipocresía!
Esta estrategia, claro, es sectaria: Altera el lenguaje a gusto del hablante y su grupo ideológico (los que cumplen la segunda definición, o una parte de ellos) dificultando el entendimiento y arrogándose el monopolio de un término que, desgraciadamente para ellos, ha acumulado demasiada historia.
 
Y es que la historia humana es sobre todo humana… cruel, dura, sangrienta.
 
Yo le sugeriría a estas personas el siguiente ejercicio mental.
  • Consideren su ideal moral, y piensen: ¿Lo siguen ustedes siempre y de forma perfecta, son ustedes “ángeles” de su sistema moral? ¿o más bien, de vez en cuando y muy a su pesar, se desvían?
  • Suponiendo que no son “ángeles”: ¿Creen ustedes que existen los “ángeles”, en su grupo ideológico, o más bien que todos se desvían de vez en cuando?
  • Suponiendo que no hay “ángeles”: Dado que consideran miembros de su grupo a gente que se desvía, y de hecho todos se desvían más o menos, de vez en cuando ¿por qué creen ustedes que es necesario separar a unos “pecadores” de otros, sacándolos de grupo?
  • Si no hay respuesta suficiente… no lo hagan.
En general, la alternativa más parecida y razonable es hablar del “buen X”. Todos entenderemos, cuando un X hable del “buen X”, que está hablando de lo que él considera que es seguir de forma verdadera y profunda la ideología X.
 
Asi… el buen comunista será, para un comunista, el que entre otras cosas, no busca su poder personal… el buen cristiano, el que entre otras cosas no persigue a los demás por su religión… el buen musulmán, el que entre otras cosas condena el terrorismo… y así, no quiero cansarles.
 
Así nos entendemos todos, sin necesidad de redefinir las palabras, sin necesidad de alterar el lenguaje para que Lenin, Stalin y Mao no sean comunistas, Torquemada, Lutero y el Papa Leon X no sean cristianos, Danton y Marat no sean ilustrados, Osama Bin Laden y Mohammed Atta no sean musulmanes, etc.
 
Esto mejoraría la comunicación y reduciría el sectarismo de los debates y conversaciones.
 
Artículo original publicado en WebIslam el 2007-06-25

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Dándole vueltas a la definición de una palabra

Algunos aportes de divulgación científica muy serios me ponen en un brete, porque hablan de “universos” diferentes al “nuestro”. El significado de la palabra “universo” en esos artículos varía dependiendo del contexto, y muchas veces se aclara dentro del mismo. Por ejemplo, pueden ser “regiones con un espacio y tiempo propios, diferentes de los nuestros“. O bien “regiones con un espaciotiempo diferente, en las que las leyes físicas son diferentes a las nuestras“. Incluso pueden ser “nuestro espaciotiempo, antes del Big Bang o después del Big Crunch futuro” (no parece que vaya a haber ningún Big Crunch, pero esos artículos muchas veces tratan de hipótesis).

El caso es que ésa forma de hablar de “universos” entra en contradicción con mi definición de “universo”. Y no sólo con la mía. Echémosle un vistazo al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. La primera acepción es “como adjetivo”, la tercera es de estadística, la relevante para nosotros es la segunda:

universo: 2. mundo || Conjunto de todas las cosas creadas.

¡Que desastre! La definición de “universo” del DRAE es viejita y muy influída por la castiza tradición de la dictadura nacional-católica española. Resulta que el mundo es el conjunto de todas las cosas creadas… creadas por alguien, claro, un alguien que puede ser parte del universo (y por tanto creado a su vez) o bien algo fuera de él. La definición sugiere que hay un creador fuera del universo, y que todo ha sido creado.

Para un ateo, usando esa definición, ni una piedra ni un planeta formarían parte del universo. No han sido creados, han surgido como resultado de leyes y situaciones. El universo sería algo así como el conjunto de todos los cuadros, estatuas, personas, edificios… pero sin las estrellas, planetas, ríos, suelos… algo muy raro.

Por eso yo hace tiempo que no uso esa definición. Es una definición tramposa, capciosa.

Por suerte los propios señores de la RAE se han dado cuenta, y como ya no son en su mayoría ancianos conservadores a los que una dictadura premiaba con un puesto en la Academia, en la próxima edición la palabra saldrá corregida… y la correción es muy interesante para un humanista:

Avance de la vigésima tercera edición:

universo: 2. mundo || conjunto de todo lo existente

¡Anda la osa!

Ahora me parece que los queridos académicos se han pasado al otro bando… el universo es “todo lo existente”. Por tanto, si existe Dios, éste es parte del universo. Si Dios ha creado al universo (y si no, no es Dios), entonces Dios debe haberse creado a sí mismo… interesante, sobre todo si tenemos en cuenta que las causas son anteriores a los efectos y que un creador causa que algo que no existe, pase a existir.

La nueva edició del DRAE me abrirá la posibilidad de demostrar por otra vía más la inexistencia de Dios. Pero podemos dejar eso ahora y centrarnos en la definición de universo…

A mí esa definición me parece bien porque concuerda con la mía. Mi definición es:

universo: conjunto de las cosas cuya existencia deduzco usando la razón

Yo uso la razón como Sistema de Conocimiento. Sólo creo en la existencia de las cosas, cuya existencia me es indicada por la razón; es decir, que sólo creo que existe aquello cuya existencia puedo demostrar racionalmente. Por tanto, “todo lo que existe” es “todo aquello que yo concluyo que existe” y por tanto aquello cuya existencia derivo usando la razón.

Pero entonces…

Si hay otras “regiones dimensionales con otras leyes físicas”, éstas también exitirán. Y por tanto, no serán “otros universo”, serán simplemente otras partes del mismo universo. “Universo” no tiene plural. Si hay otras “membranas dimensionales”, otras “regiones dimensionales paralelas”, otras “regiones separadas cuánticamente” o cualquier otra cosa, por extraña que sea… forma parte del universo, del mismo universo, del único universo que existe y puede existir.

Pero eso prefiero llamar a esas “cosas” de otras formas. Regiones dimensionales, nodos de membranas… e incluso agradecería que se inventaran nuevas palabras para ésas “cosas”. No tenemos porqué usar una y otra vez las mismas palabras, añadiéndoles significados, lo que aumenta la ambigüedad y por tanto dificulta la comunicación.

Ya tenemos un significado para “universo”, y bien bonito que es: Todo lo que existe. Y por tanto, no hay más.

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