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Archive for the ‘Psicología’ Category

Combinaciones, curiosidades y niveles de la sexualidad humana.

Cuando era muy niño creia que había dos sexos: Hombres y mujeres. A los hombres les gustaban las mujeres. Y a las mujeres les gustaban los hombres. El mundo era simple y las cosas estaban claras. Lo único que no estaba claro era por qué les gustaba hacer esas cochinadas el uno con la otra. Pero rápidamente eso también quedó claro.

Más o menos por esa época, la mano tonta de algunos adultos en mi rodilla me hizo plantearme que quizá no todo era tan simple, y le pregunté a mi madre sobre esos señores que se vestían raro y se paseaban por la calle el Día de San Cristóbal. Mi madre me aclaró algunas cosas. Hice más preguntas. Me aclaró más cosas. Hice más preguntas. Me entregó una edición bien nuevecita de “Sexualidad Humana” de Masters y Johnson y me dejó leyendo, fascinado.

Desde entonces el tema no ha dejado de interesarme. No ya a nivel práctico (que también) sino a nivel teórico. Y como me encantan las clasificaciones, he ido aprendiendo a diferenciar no sólo grados dentro de cada tema, sino niveles diferentes: temas diferentes.

En el ser humano y lo que le rodea (su ropa y su cuerpo) existen varios niveles de sexualidad:

La sexualidad genética, los genes. El hombre normal tiene cromosomas XY, la mujer XX. ¡Pero ahí no acaba la cosa! Existen personas con genes XYY y XXX. Estas variedades tienen efectos biológicos en mi opinión poco agradables.

La sexualidad fisiológica, los genitales y órganos “diferenciados”: El pecho, la vagina y los ovarios para las mujeres, y el pene y los testículos para los varones… pero… nacen hermafroditas, con ambos juegos de genitales (y ambos poco desarrollados). Existen los castrados, y también la gente que se opera para cambiar su sexo. Alguna gente tiene rasgos sexuales (como la barba) y otra no. Los hombres tiene pezones (¿para qué?).

La identidad sexual: Esto es, considerarse varón o mujer (¿o algo diferente?). Normalmente una persona con genes y órganos masculinos se considera hombre pero a veces no… y esto no es ningún capricho: los problemas que pueden surgir por “sentirse encerrado en un cuerpo ajeno” son muy graves; e incluso hay evidencia de que la estructura cerebral de una parte del hipotálamo de estas personas, corresponde con la del sexo “opuesto”.

La orientación sexual: No sólo hay heterosexuales y homosexuales. Realmente hay dos diferentes intensidades, mutuamente independientes: La atracción por uno, y por otro sexo. Hay gente que tiene una gran medida y la otra en pequeña… pero hay gente que tiene las dos en igual medida (“bisexuales”) y personas en que además esa medida es pequeña (“asexuales”).

Esa orientación sexual nada tiene que ver con la identidad: Un transexual (es decir, una persona cuya identidad sexual no corresponde con la biológica = genital + fisiológica) puede ser “homo” o “heterosexual”, donde para mí es un severo problema pensar cómo narices llamo a cada cuál: Si una persona de sexo biológico masculino se siente mujer, y le gustan los hombres… ¿es homosexual porque tiene sexo biológico masculino y le gustan los hombres, o es heterosexual porque se considera mujer y le gustan los hombres?

Casi valdría la pena dejar de hablar de hetero y homosexual para hablar de ginofílico y androfílico, dejando de lado si el sexo referido es “el otro” o “el propio”.

Además… así visto, esta “orientación sexual” no es más que un caso particular de “gusto sexual”, de “filia”: A tí te gustan las mujeres, al otro le gustan los transexuales gordos, y al de más allá los perros chihuaha castrados con botas de cuero. Hay gustos para todo, simplemente el gusto general por “las mujeres” o “los hombres” es más común.

El rol sexual en la sociedad: Indpendientemente de todo lo anterior, una persona puede sentirse más a gusto en las ropas, o con las maneras y forma de expresarse, que su cultura se asocian a otro sexo biológico. Aquí hablo por ejemplo de “transvestidos”, que de nuevo (¡sorpresa!) no tienen una orientación sexual definida: Del director de cine Eduard “Ed” Wood sabemos que se consideraba varón y era hetersexual, pero le gustaba transvestirse de todas formas. Y creo que más de un varón, sin problemas de identidad sexual, y heterosexual, disfruta de ese dia de carnaval en que puede vestirse como mujer. Aunque sólo sea por curiosidad.

Asi que… ¿cuántos sexos existen? Bien, los más comunes están claros, pero comparado con todo lo que la maravillosa psique humana es capaz de crear ¡me parece que la homosexualidad común es hasta aburrida! 😀

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¿Qué es el “yo”?

Una de las preguntas que creo que puede responderse de forma bastante simple, y sobre la que sin embargo han corrido ríos de tinta.

Bien pues, vamos de arriba a abajo: primero daré la respuesta, y luego la analizaré.

Yo soy mi mente.

Al contrario que los misticos y algunos filósofos, no considero que haya ninguna “esencia del yo” aparte de la mente. La mente es el “yo”. El hecho de que el lenguaje permita decir “mi mente” del mismo modo que se dice “mi perro” sólo indica que el lenguaje es imperfecto. Considero que ambas expresiones, “yo” y “mi mente” son absolutamente equivalentes. Son exactamente lo mismo.

La mente es un proceso.

Esto quiere decir, que el “yo” es un proceso. Yo soy un proceso. Usted es un proceso. Ninguno de los dos somos objetos estáticos. Nosotros no somos nuestro cerebro: somos lo que ocurre en nuestro cerebro.

Por ejemplo: si alguien consiguiera transmitir los impulsos neurales a un soporte mecánico, y transmitiera así todos los nuestros, manteniendo al mismo tiempo todos los procesos y subprocesos de los que esos impulsos forman parte… la mente pasaría a estar en ese nuevo soporte, y sería la misma mente que antes.

Destruír acto seguido el cerebro, ya carente de todo impulso neural (salvo quizá los que se generen al azar ya ocurrido el traslado), no es matar a nadie. Es destruír un órgano ya vacío. Es equivalente a cortarse las uñas. El “yo” de esa persona ahora está en el nuevo soporte, y si la transmisión ha tenido éxito y todos los procesos siguen intactos, entonces esa persona sigue pensando, sigue siendo autoconsciente y sigue teniendo las mismas capacidades mentales que antes.

Por tanto, la mente es un proceso, que actualmente tiene lugar, en seres humanos, en el cerebro. Eso es un hecho actual, que no tiene por qué ser cierto en el futuro: la idea de transmitir la mente a un soporte más resistente, existe desde hace tiempo, y se han hecho ya algunos avances en ése sentido.

Por otro lado, queda claro que una mente suficientemente similiar a la nuestra, será un individuo autoconsciente, y por tanto sujeto moral y de derecho, en la misma medida que un ser humano normal. Sin importar qué “soporte” usa esa mente. Dicho de otro modo: una inteligencia artificial plena, es para mí un individuo, y tiene derechos.

Finalmente, el considerar a la mente como un proceso, permite rápidamente darse cuenta de que ese proceso se compone de muchos subprocesos. Esto es ya algo conocido: el “yo” es realmente un sistema de procesos, bastante especializados de hecho, y desde luego muchos de los subprocesos son inconscientes. Hay una vieja pregunta… a veces uno se da cuenta de que ha estado cantando una canción sin darse cuenta… ¿quién estaba cantando? La respuesta, desde luego, es un “uno de mis subprocesos, concretamente uno que actuaba de forma incosciente hasta que me dí cuenta“.

Cada vez que oigo “mi nombre es legión”, esa frase que la Biblia atribuye al (¿a un?) demonio, me acuerdo de esto… nuestro nombre es legión. El de todos nosotros.

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