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Archive for the ‘Filosofía del Conocimiento’ Category

Aclarando una falacia habitual entre creyentes.

En un aporte anterior hablamos de la diferencia entre expresión, concepto y objeto, y las relaciones entre ellos.  Lo mencionaré directa e indirectamente aquí, asi que téngalo un poco en mente al leer.

Ahora veremos un clásico argumento creyente, que curiosamente algunos ateos han acabado aceptando (algunos de ellos, convirtiéndose con ello al agnosticismo o incluso al teísmo).

Consiste en afirmar que los ateos “en el fondo creen en Dios“, porque “para negar a Dios, hay que admitir que existe, aunque sea como idea (= concepto)” y por tanto “al negar al Dios, afirmas Su existencia“.

Ahora que ya tenemos claras algunas cosas, podemos desmenuzar este supuesto argumento:

1. Dios no es la idea de Dios.

Viendo la definición de Dios (y en el DRAE sólo hay una, la primera acepción, el resto no se “Escribe Con Mayúscula Inicial”) vemos que es un ser supremo que patatín y patatán. Ok.

Lo que no es, es “la idea de un ser supremo que” patatín y patatán. No está definido así. Esta definido como “ser supremo“, y no como “la idea de” nada.

Hagamos una reducción al absurdo. Supongamos que admitimos que Dios estuviera definido como “la idea de un ser supremo”. Entonces, la frase “la idea de Dios” querría decir exactamente lo mismo que “la idea de la idea de un ser supremo”… ¿? ¿la idea de una idea? La substitución falla, y eso demuestra, como hemos visto, que no se ha aplicado la auténtica definición.

Dios no es, por tanto, una idea. No porque exista, sino porque no está definido así.

Si Dios fuera una idea, existiría. Porque ¡qué duda cabe que la idea de un ser supremo que patatín y patatán… sí existe!. El concepto existe, como existe el concepto de hada. Lo que no existen, son las hadas. Y del mismo modo, existe el concepto de Dios… pero no Dios.

2. La frase “existe como idea” permite un galimatías.

A veces es muy importante la diferencia entre separar y no separar una expresión. La expresiones no se pueden separar a placer, como me enseñaron mis maestros hace mucho con el ejemplo de un actor que debía hacer de Watson y al entrar con Sherlock Holmes y ver una víctima, decir “¡Señor! ¡Muerto está! Tarde llegamos.“. Por no separar bien las expresiones, acabó diciendo “Señor muerto: esta tarde llegamos“.

La expresión “existe como idea” no se puede separar en “existe”. Cuando en español se dice que algo “existe como idea” lo que se quiere decir es que existe la idea. No que exista el objeto.

En el caso de Dios podemos ver esto con lo de antes: Si Dios “existiera, como idea” (noten la coma) entonces la idea de Dios sería la idea de una idea… eso no tiene sentido y no corresponde con la definición.

3. Si no cumple, no es.

Finalmente tenemos a los que nos dicen que Dios existe… lo que pasa es que no es el Dios judeo-cristiano, sino el Dios de Spinoza, o mejor aún, el de alguna oscura religión oriental. Y que como no conocemos siquiera ese concepto, mal podemos afirmar que no existe.

Bravo. Pero es que de dónde venga un determinado concepto, no altera ni una pizca de su significado. Dios tiene, en español, unas características definitorias. Una de ellas es ser hacedor (=creador) del Universo. Si X no cumple con ésa característica, simplemente ése X no puede llamarse Dios con propiedad en castellano.

Es posible que ése hecho (que no se puede llamar con propiedad “Dios” a, pongamos, el universo) sea producto de la cultura judeo-cristiana. O puede que no: creo que ni un mazdeísta ni Akenatón llamarían Dios al universo tampoco. Pero sea como fuere, no es problema nuestro. Si alguien quiere cambiar el lenguaje, adelante, que lo intente. Nada en contra. Pero mientras tanto, Dios significa exactamente lo que pone en el DRAE que significa. Porque para eso están los diccionarios, y más el diccionario estándar del español.

Y al revés: Si yo demuestro que no existe ningún creador del Universo, entonces estoy automáticamente demostrando que no existe ningún Dios, que Dios no existe. Porque para todo X…

  • O bien el concepto incluye que sea creador del universo, y por tanto acabo de demostrar que no puede existir.
  • O bien el concepto no lo incluye, y por tanto ése objeto, aunque existiera, no cumpliría con el concepto y por tanto no podría ser expresado con esa expresión, “Dios”. Puede ser mi gato, o el universo, pero no Dios.

4. Y una de arena.

Cuando sí tienen razón los creyentes es cuando afirman que para ser ateo hace falta conocer el concepto de Dios. Efectivamente, para negar la existencia de Dios hay que saber qué se está negando, y por tanto, hay que tener en la cabeza un concepto de Dios.

Y en ese sentido, existen los ateos porque existe el concepto de Dios. Si no existiera, no seríamos ateos ni creyentes: seríamos agnósticos, todos. Personas que ni niegan ni afirman la existencia de Dios… en ése caso no podríamos ni concebir ninguna de las dos posturas, al no conocer el concepto de Dios.

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Conceptos básicos para no liarse luego

En un discurso racional es necesario tener claras las diferencias entre expresión de algo, concepto de lo mismo, y el objeto mismo.

Veámoslo con una casa como ejemplo:

Diagrama que muestra la relación entre expresión, concepto y objeto para 'casa'.

Para empezar, “glopcho prito”, “fanuncio”, “hada”, “Dios”, “casa” y “Richard Dawkins” son en primer lugar, expresiones. Las acabo de escribir (=expresar). Cuando decimos “Dios tiene cuatro letras” nos referimos a la expresión “Dios”, que en castellano tiene cuatro letras. Cuando decimos “Richard quiere decir poder valiente” nos referimos a la expresión también, asi como cuando digo “me acabo de inventar glopcho prito para este aporte“.

Las palabras son una forma de expresión, asi que son expresiones.

Por otro lado, {hada}, {Dios}, {casa} y {Richard Dawkins} son también conceptos. Los conceptos son eso que tenemos en nuestra cabeza cuando pensamos en un hada, en Dios, en una casa o en Richard Dawkins. Tenemos una “imagen mental”, un tipo de proceso de nuestra mente. Los conceptos están en nuestra cabeza.

Vemos que sólo algunas de las expresiones que he listado tienen un concepto. No tenemos, en principio, una imagen mental asociado a “glopcho prito”. Tampoco a “fanuncio”. Eso se debe a que no hay ningún concepto asociado a ésas expresiones.

El concepto asociado a una expresión es su significado o sentido. La expresión es el significante de ése concepto. Una misma expresión puede tener varios significados. Cuando esto ocurre en un mismo lenguaje, se le llama ambigüedad, como en “banco” (¿de sentarse o de inversión?). También un mismo significado puede tener varios signficantes, como {marido}, que se puede decir “marido” o “esposo”.

“Glopcho prito” y “fanuncio” son entonces, expresiones sin sentido, o sinsentidos. Porque no tienen significado, es decir, concepto asociado. El resto de las expresiones que he usado, sí tienen sentido: hay un concepto asociado a ellas, y ése es su sentido.

Cuando en un lenguaje se define una palabra, lo que se hace es darle un determinado sentido, crear esa asociación. La definición da características. Por ejemplo, {hada} se define en castellano estándar como “Ser fantástico que se representaba bajo la forma de mujer, a quien se atribuía poder mágico y el don de adivinar el futuro“. Eso son un conjunto de características:

  • Ser un ser fantástico.
  • Representarse bajo forma de mujer.
  • Que se le atribuyan poderes mágicos.
  • Que se le atribuya el don de poder adivinar el futuro.

Ésas son las características definitorias de un hada. Porque son características, y están en la definición. Si nos imaginamos a un ser que, por ejemplo, aunque es fantástico, no lo representamos con forma de mujer (sino por ejemplo, con cabeza de toro y cuerpo de hombre), eso no es un hada, es otra cosa (concretamente un minotauro).

Pero el concepto de hada puede, por supuesto, tener más características, que no son las definitorias. Nos la podemos imaginar, por ejemplo, con un sexy trajecito verde (y asi nos la imaginaremos muchos de los que pasamos la infancia con el Peter Pan de Walt Disney). “Tener un sexy trajecito verde” es otra característica, pero no es definitoria: si se lo quitamos mentalmente (¡pervertido!), sigue siendo un hada.

Finalmente, están los objetos asociados a ésos conceptos. “Mi casa en el lago” no está en mi mente, tampoco Richard Dawkins. Son entidades reales, no sólo imágenes mentales nuestras. La relación entre concepto y objeto puede expresarse así:

El objeto cumple con el concepto si tiene las características definitorias de ése concepto. Si un objeto realmente está ahí delante, y es fantástico (lo que en el fondo es contradictorio, si está ahí no es fantástico, pero dejemos eso), y tiene forma de mujer, y le atribuímos poderes mágicos y la el don de predecir el futuro… es un hada.

Claro… como está ahí delante, no es fantástico. Y por tanto no puede ser un hada. De lo que deducimos fácilmente que las hadas no existen por definición. Si existe, no es un hada.

Pero objetos que cumple con el concepto “casa” sí existen, y un montón. Eso lo decimos así: “las casas existen”. Y para representar esa relación entre un concepto y muchos objetos, podemos decir también que el concepto incluye cosas como ése objeto de ahí… eso… ésa casa. El concepto de “casa” incluye ése objeto, y por tanto ese objeto “es una casa”.

Finalmente: Como un concepto, expresado por una expresión, es igual a la definición de esa expresión, siempre podemos usar esa definición donde antes usábamos la expresión. La frase no cambia de significado. Un ejemplo: Si “hada” fuera (simplifiquemos) “ser mágico con forma de mujer”, entonces la frase…

María se vistió con un traje de hada

…significaría exactamente lo mismo que…

María se vistió con un traje de ser mágico con forma de mujer“.

 En realidad habría que poner toda la definición, pero dejemos eso a un lado.

El caso es que en ambos casos, el significado de la frase es el mismo. Esto tiene necesariamente que ocurrir. Si no ocurre, es que no se ha substituído el concepto por su definición, sino por otra cosa.

En el próximo aporte usaré otro ejemplo que nos afecta más: Dios y su existencia.

Una versión anterior de este aporte puede encontrarse aquí.

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Reflexión sobre la fe en la razón.

He explicado ya que mi Sistema de Conocimiento es la razón. Esto significa que considero real (existente) aquello que la razón me dice que existe, y sólo aquello que la razón me dice que existe. Y visto desde otro ángulo, significa que mi universo percibido está compuesto de aquello que la razón (usando los datos que tengo) me indica que existe. Hasta aquí tenemos el plano de las percepciones subjetivas.

La razón misma, sin embargo, me indica que hay una verdad absoluta, y un universo absoluto.

Al decidir usar la razón, y sólo la razón, para investigar ése universo absoluto construyéndome mi universo percibido, estoy haciendo una asunción (no de María, sino de las de “asumir”). Esa asunción es que el universo es comprensible por la razón.

La razón es la sistematización del sentido común. Al asumir que el universo es comprensible con ella, estoy diciendo que la naturaleza ha dotado, evolutivamente, al ser humano que vivía cazando y recolectando en las sabanas africanas… de un instrumento capaz de averiguar la naturaleza última de la materia, el origen del universo mismo, y la totalidad de las leyes que lo rigen.

Esa asunción es de un optimismo brutal. No está justificada en nada mínimamente racional. Por eso he recalcado tantas veces yo decido, arbitrariamente, creer en la razón, sin pretender justificarlo de ninguna forma.

Simplemente, de momento, funciona. El sistema aún no se ha cancelado a sí mismo. Aún no he encontrado nada en el universo que produzca en mi universo percibido un absurdo imposible de resolver. Lo más parecido que he estado de eso es cuando estudié la física cuántica: hay en ella cosas tremendamente anti-intuitivas. Pero se pueden modelar matemáticamente, y por tanto, no son realmente absurdas. Sólo lo parecen 😀 .

Entiendo asi la famosa frase de Albert Einstein, diciendo que lo que más le sorprendía del universo era “su simplicidad”. Einstein no estaba haciéndose el listo. Simplemente mostraba su asombro ante el hecho de que el ser humano está pareciendo ser capaz de entender cosas que van muchísimo más lejos, en todos los sentidos, que la realidad cotidiana para la que su mente fué evolucionando. La mente no evolucionó para entender nanotecnología, sino para usar un palo cuando uno busca hormigas para comer. Que la mente que surgió para lo segundo sea capaz de lo primero, es asombroso, y muestra un universo asombrosamente “simple”.

Asi que me asombro, y continúo con mi acto de fe. Esperando que nunca se vea decepcionada, pero consciente de que podría ocurrir mañana, y de que aunque no ocurra, puede que simplemente sea porque no estoy capacitado para percibir lo completamente irracional.

Y así, creo, estamos todos los que creemos en la ciencia y en la razón.

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Breve razonamiento demostrando la existencia del universo absoluto.

El viejo Idealismo se planteaba que sólo existe aquello que nosotros creemos que existe. Nuestra mente crea la realidad, no hay una verdad objetiva o absoluta, y no hay un universo absoluto independiente del observador.

Yo desde luego, creo lo contrario. A la verdad percibida corresponde el universo percibido, que es lo que esa verdad refleja. A la verdad absoluta corresponde el universo absoluto, que es lo que esa otra realidad refleja. Creo en la existencia de la verdad absoluta… porque me lo indica la razón.

Y lo hace de la siguiente forma:

Parto del hecho de que, usando la razón, debo concluir que los demás tambien existen.

Una vez he concluido eso, me comunico con ellos, y averiguo que ellos ven el Cosmos de forma extremadamente parecida a como lo veo yo.

Quizá al lector le parezca que no, que el mundo tal como lo percibe (por ejemplo) un fundamentalista evangélico, tiene muy poco que ver con el universo tal como lo percibe Moredan Kantose, el humanista radical 😀 . Él ve intervenció divina donde yo veo leyes naturales. Él ve causas sobrenaturales donde yo veo correlaciones. Él ve un Dios y “la majestad de su obra, que puede verse en cada árbol y cada piedra” y yo veo a un pobre adoctrinado que personaliza su sentido de trascendencia y asombro ante la majestad del mundo (sentimiento que comparto). Parecería pues que vivimos “en dos mundos diferentes”.

Pero sólo si uno no le pone suficiente imaginación.

Supongamos que no hubiera una verdad objetiva. Somos entes flotando cada uno en nuestro universo, creado por nuestras percepciones. No tenemos, en principio, nada en común. ¿Qué “universos percibidos” surgirían en un caso así?

Lo lógico sería que fueran universos enteramente diferentes entre sí. Enteramente diferentes. En uno existiría la ley de la gravedad. En otro no. En uno existiría la luz, en otro cinco tipos de luz, en otro no existiría ni el concepto de luz. Una persona nos vería a todos habitando la superficie de un planeta, otro nos vería flotando en una nube de gas, otro nos vería nadando en un océano infinito.

Si no hay ninguna realidad objetiva ¿por qué tendríamos que ver todos la misma realidad básica?

Y sin embargo, el evangelista fanático y yo estamos de acuerdo en que él es un ser humano, yo también, vivimos en la Tierra, nos alumbra el sol, existen los Estados, los mares y las montañas. Cuando vemos un perro, lo vemos ambos, y normalmente estamos de acuerdo en sobre si es una imagen de un anuncio en televisión, o un perro real delante nuestro. Y así muchísimas cosas más.

Nuestros “universos percibidos”, desde luego, nunca corresponden perfectamente con la realidad. Nuestra imagen del universo es amplia y por tanto siempre tendrá errores. Pero el hecho de que tantísima gente estemos de acuerdo en tantísimas cosas sólo tiene una explicación lógica: Detrás de nuestra realidad percibida, hay una realidad absoluta que subyace.

Como nuestras realidades percibidas derivan de la misma realidad absoluta, no tiene nada de raro que tengan muchas cosas en común.

Así es como concluyo que el universo objetivo existe.

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Algunos hechos elementales sobre las causas.

Alguna vez un pobre hombre (o mujer) me dice que “todo tiene una causa”. Esto puede entenderse de dos formas:

– “Todo tiene una causa suficiente“.

Esto nos lo dirá alguien que crea que el universo es una cadena infinita de hechos deterministas. También nos lo dirá algún creyente irracional que crea que puede defender eso y al mismo tiempo uno o varios “Creadores sin causa” (¿pero no habíamos quedado en que todo tiene una causa?).

He tratado ya el determinismo en uno de mis “hilos rojos” asi que creo que eso ya debería estar claro: No. No vivimos en un universo determinista. No todo tiene causa suficiente, y se pueden encontrar suficientes ejemplos en la física cuántica.

– “Todo tiene una causa necesaria.”

Bueno, esto es más difícil de refutar. Para cualquier hecho que surja en el universo, tendremos un momento anterior al mismo en que hay algo. Y una de las cosas que va a haber siempre, es el universo mismo. Trabajando con un concepto racional de causa, eso nos permite decir que todo hecho que surja, tiene como causa necesaria el universo, simplemente porque en todos los casos que conocemos, el universo ya estaba ahí.

Pero se puede refutar. Basta con buscar aquellas cosas que no surgen. Son las que estaban ahí “desde el comienzo”, sea cual sea el comienzo.

Independientemente de si el tiempo tiene un momento inicial o no, hay cosas que existen en todo momento:

– El tiempo.

– El Universo (porque si hay tiempo, hay universo).

Estos son hechos (“existe el tiempo”, “existe el universo”) que no pueden tener causa. Cualquier causa de los mismos implicaría la existencia de un tiempo anterior (toda causa es anterior a su efecto), y no puede haber un momento anterior al tiempo (y por tanto, al universo).

Si además admitimos que el modelo cosmológico estándar, que nos dice que el universo no es infinitamente viejo y hay un comienzo del tiempo, entonces hay otros hechos sin causa, simultáneos al “momento inicial del tiempo”:

– Existe el espacio (un punto de espacio, concretamente).

– Una cierta cantidad de energía existe (una cantidad bastante enorme, de hecho).

– El universo comienza a expandirse.

Ésos son hechos sin “causa necesaria” (y por supuesto, tampoco suficiente). No tienen causa de ningún tipo, ni pueden tenerla.

Asi que olvídense de lo de “todo tiene una causa”. Ni por ésas.

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A veces me preguntan en quién o en qué creo. ¿Creo en la ciencia? ¿creo en mí mismo? ¿creo en el dinero?

Y mi primer impulso es… preguntar de vuelta. Que si creo ¿qué, de la ciencia? ¿qué, de mí mismo? ¿qué, del dinero?

Creer “X” es creer que X es cierto. Y sólo los asertos pueden ser ciertos o falsos. Los asertos: Esas frases que dicen algo acerca del mundo, y que siempre tienen un predicado. “Llueve” es un aserto. “La lluvia” no lo es.

Cuando alguien dice que “cree en Dios”, lo que está diciendo es que, como mínimo, cree que Dios existe. Es decir, cree que el aserto “Dios existe” es cierto.

Y cuando alguien no cree en Dios, es que no cree que el aserto “Dios existe” sea cierto. Quizá cree que es falso. O quizá prefiere no pronunciarse sobre el asunto. Pero no cree que es cierto.

Si esto fuera todo, las preguntas “¿creo en mí mismo?”, “¿creo en el dinero?”, “¿creo en la ciencia?” serían tan obvias como inútiles. Por supuesto que creo que todo eso existe. Yo existo, el dinero existe, y la ciencia existe. Y lo que es más, el tipo que me está preguntando todo eso también cree que existen esas tres cosas.

Pero eso no es todo, claro.

Muchas veces, el que dice “creo en Dios” no está sólo diciendo que cree en su existencia. También quiere indicar (connotar) que cree en un determinado tipo de Dios, y que confía en ése Dios. Y entonces, su asombrada pregunta “entonces ¿tú crees en tí mismo?” puede entenderse muchas otras formas:

  • “¿Confías en tí mismo, en tu capacidad para alcanzar una vida buena para tí y para los demás?”
  • “¿Crees acaso sólo en lo que puedes deducir por tí mismo?”
  • “¿Te manejas en la vida con orgullo?”
  • “¿Te manejas en la vida con arrogancia y te crees un ser semejante a Dios?”
  • “¿Te admiras, temes y maravillas de tí mismo, como yo me admiro, temo y maravillo de Dios?”

…y muchas cosas más.

Y preguntas como “¿crees en el dinero?” se convierten también en otras preguntas: “¿diriges tu vida hacia la consecución de dinero sean cuales sean las consecuencias para los demás?”, por ejemplo.

El problema de esas preguntas es que no están explícitas, sino connotadas. En una conversación normal, cuando aluuien me pregunta por ejemplo si creo en mí mismo, yo me siento incapaz de responder ésas preguntas connotadas porque no sé exactamente a cuál de ellas tendría que responder (y a cuál primero), asi que mi respuesta suele ser bastante seca:

Creo en mi propia existencia, claro. Como usted. Si quiere preguntar algo más, por favor sea más concreto.

Y entonces, ya, sí puedo responder más en concreto:

  • Confío moderadamente, pero no mucho, en mi capacidad para alcanzar una vida buena para mí y para los demás.
  • Creo sólo en lo que puedo deducir por mí mismo, pero en esa deducción uso los conocimientos de otros como fuente.
  • Soy orgulloso.
  • No me creo un ser semejante a Dios, me creo muchísimo mejor moralmente que tal ser, suponiendo que existiera. Y muchísimo menos poderoso, claro.
  • No me admiro de mí mismo, ni me temo, mi me maravillo de mí mismo. Me tengo muy visto y me resulto bastante aburrido, la verdad.

Con gusto responderé, pero… ¡concreten primero!

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Algunos aspectos sobre la información.

Hemos visto que la cantidad de información es igual al menos logaritmo de su probabilidad. Por tanto, cuanto más imporbable es algo, más informativo es que ocurra.

A veces la probabilidades se muestran con bolitas blancas y negras. “¿Qué probabilidad hay de coger una blanca si hay tantas blancas y cuántas negras?” Bueno, las probabilidades disminuyen cuantas más bolas negras haya. Es decir, cuántas más bolas negras queden excluídas.

Informar es, en cierto modo, excluír. Veámoslo con un ejemplo.

Si yo digo que “nací en el Siglo XX”, estoy informando. Estoy excluyendo, de hecho, billones de años antes y ocho años después, de las posibles fechas de mi nacimiento. La “pega” es, claro, que a éstas fechas (año 2008 EC) es improbable de todas formas que yo, un ser humano, hubiera nacido en cualquier otro siglo que no fuera el XX.

Eso hace que la información que acabo de dar sea casi nula, algo así como el -log2(0.999) = 0.001 bits de información.

Ahora bien, si yo digo (por ejemplo, no crean que voy a dar datos reales) que nací “en el año 1950”, entonces estoy excluyendo más. Excluyo otros 99 años adiccionales, que además eran bastante probables. La probabilidad a priori de que yo dijera eso no podía ser muy grande, digamos un 2%, asi que he dado mis buenos 5.6 bits de información (5.600 veces más información que antes).

Si digo que nací “el 1 de Enero de 1950”, por ejemplo, excluyo todavía más: todos los demás días de 1950 quedan excluídos, y la cantidad de información que doy se dispara a unos 14 bits de información.

Informar, por tanto, es descartar y elegir. Cuando informamos, descartamos y elegimos.

Y por tanto, cuando no descartamos, no informamos.

Tomemos por ejemplo la siguiente expresión de un político imaginario: “tranquilos: a un período de recesión económica siempre sigue, tarde o temprano, una fase de crecimiento“.

  • Si tenemos en cuenta que la economía jamás permanece completamente parada, tenemos que sólo hay dos posibilidades: o crece o decrece.
  • Si sigue decreciendo, puede decirse que seguimos en el período de recesión.
  • Por tanto, a menos que el período de recesión sea “eterno” (por los siglos de los siglos, hasta que deje de existir la economía), está claro que tarde o temprano acabará, y que ése fin supone necesariamente una fase de crecimiento. Aunque dure un día.

¿Qué escenario descarta esa frase del político? En realidad, ninguno. Al menos ninguno mínimanente probable. Si la recesión dura 200 años y luego llega una “fase de crecimiento” que dura un día, y luego otros doscientos años de recesión… el político seguirá habiendo tenido razón. Pero ¿¡en qué sentido deberíamos estar “tranquilos” si ése escenario sigue siendo posible!?

La realidad es que ha eliminado escenarios (como una recesión que dure “eternamente”) que de todas formas nadie considera mínimamente probables. No ha descartado nada, y por tanto no ha dado ninguna información: no ha dicho nada.

Otro ejemplo: “la inmigración y la delincuencia están estrechamente relacionadas“. ¿Qué significa eso, exactamente? ¿más estrechamente que qué, menos que qué? Supongamos que hay gente que piensa que los inmigrantes son más delincuentes, aunque se equivocan de medio a medio… pues bien, la relación seria “ser considerados correlativos en la mente de alguna gente“. Es una relación ¿no? Y ¿cómo descartar que sea “estrecha” si no hay ningún criterio objetivo que define lo que es una relación “estrecha”?

En contraste, “los inmigrantes tienden a ser más delincuentes que los no inmigrantes” sí nos dice algo: descarta cualquier escenario en que los no inmigrantes tiendan a ser más delincuentes. Corta un universo de posibilidades y elimina algunas. Y por tanto, es informativa (sea verdad o no, ése ya es otro tema).

Muchas veces, en debates con otras personas, me encuentro con frases asi:

– “¿No podría ser que X?” Pues si, podría ser, pero eso no me dice mucho: ¿está afirmando que es así, o no?

– “Creo que X e Y tienen algo que ver” Pues si, como mínimo que ambos están en la misma frase que acaba usted de escribir, eso ya es “tener algo que ver” con lo otro, pero… ¿está afirmando que hay alguna otra relación? ¿cuál?

– “No creo que sea tan grave.” ¿Tan grave como qué? ¿como cortarse un dedo o como que masacren a tu familia delante tuyo? ¿Qué está excluyendo?

– “Es que cuando dije que X era un Y, lo dije en sentido amplio” ¿cuán amplio? ¿qué cosa no sería un Y, y tiene sentido dentro de lo que estamos hablando? (por ejemplo “su Dios es la materia – la materia no es un ser pensante ni creó el universo, asi que no – es que yo dije Dios en un sentido amplio…“).

Es uno de mis trucos para no dejarme engatusar: recordar que toda frase realmente informativa debe excluír cosas. Si no excluye nada, no dice nada.

Y eso tiene un reflejo muy claro en la ciencia, que trataré en el próximo aporte dedicado a esto.

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