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Archive for the ‘Filosofía Moral’ Category

Era un ser humano.

Una vez puesto el título provocador, aclararé: Yo no admiro a Hitler. Pero voy a hablar de quienes lo hacen.

Hace poco ha saltado de nuevo uno de esos “titulares Hitler” que aparecen de vez en cuando: Bernie Ecclestone ha dicho que Hitler “conseguía que se hicieran las cosas“. Lo que ha provocado gran escándalo. También dice más cosas, algunas bastante tontas, pero es ésa frase la del escándalo.

Yo, la verdad, no encuentro ningún motivo especial para admirar a Hitler. Era un buen orador para su época, pero no el mejor ni mucho menos. Tenía instinto predador, pero no tanto como otros muchos. Y más o menos ahí se acaba lo que tenía de “mejor que la media“. El resto era completamente mediocre, directamente desastroso, malvado y/o enfermo. Si llegó a tener éxito fué por los pelos y por la época que le tocó vivir. Ahora mismo se moriría de hambre.

¡Pero me parece demagógico y absurdo atacar a cualquier persona que opine lo contrario!

Recuerdo cuando salió la excelente película “El Hundimiento”, y se la criticó desde algunos círculos diciendo que “humanizaba a Hitler”. Pero vamos a ver, Hitler qué era ¿un extraterrestre? ¡Era un ser humano! No estamos todos moralmente obligados a creer que no había nada admirable o loable en sus actos. Yo no lo creo, pero si alguien lo cree… ¿y qué? Eso no significa apoyar toda su actuación, sus crímenes, el genocidio, las guerra de agresión o el totalitarismo.

Decir (como dijo una comentarista hace poco) que Hitler tenía una política de familia adecuada, no es automáticamente ser un nazi. Es simplemente estar de acuerdo con una única cosa. No es un juicio a la totalidad. Y no se debería organizar semejante “sarao” por ello.

Hitler era un ser humano. No era un monstruo, ni un ser mitológico. Era un ser humano.

Y eso es precisamente lo espantoso del asunto.

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Pedir Disculpas

Cómo se ha degradado una vieja costumbre.

El lugar: Una conversación cualquiera.

El momento: Despúes de que Fulano difamara a Mengano, y Mengano, con toda paciencia, le demostrara que la difamación era efectivamente errónea.

Fulano: Bueno, de acuerdo, lo siento.

Atención: A partir de este momento…

  1. La obligación de Mengano es agradecer a Fulano que se haya disculpado. Faltar a esa obligación es una falta grave de educación por parte del difamado Mengano.
  2. Mengano debe inmediatamente pedir disculpas por haber acusado a Fulano de difamarlo, asi como por cualquier otra expresión que pueda haber ofendido a Fulano. No hacerlo significa que Mengano merece ser insultado o cosas peores, por faltar a ese deber.
  3. Cualquier mención futura de Mengano, de lo que ha hecho Fulano, del tipo que sea y en cualesquiera circunstancia, irá seguida de una acusación de “rencoroso” o cosas peores: “¿¡Ya me disculpé por eso, a qué viene mencionarlo ahora!?
  4. Si Mengano llega a contar a terceros lo que hizo Fulano, merece el odio eterno de este último.

Así son las cosas hoy en día. O al menos, es la impresión que tengo cuando veo algunas interacciones. Y no dejo de asombrarme de cuán bajo ha caído la vieja institución de la disculpa.


Analicemos de nuevo el asunto, desde una perspectiva ciertamente anticuada, “rencorosa” e indigna de hombres “magníficos” como Fulano:

1. Si yo cometo una falta u ofensa, entonces el otro tiene todo el derecho del mundo a responderme de forma fría, dura o destemplada. Bajo ninguna circunstancia deberá luego pedir disculpas por haberse comportado así, puesto que la culpa es mía por haberle ofendido.

2. Pedir disculpas es exactamente lo que el nombre indica: PEDIR algo. No significa que se le conceda a uno, eso uno tiene que ganárselo, y pedir no es suficiente mérito para obtener automáticamente lo que se pide (“Le pido un millón de dólares, y con eso ya he hecho méritos para que me los conceda… si no, es que es usted un malvado y un rencoroso“).

3. Y se trata de pedir dis-culpas, es decir, que se le quite a uno la carga de la culpa, que uno tiene por haber hecho algo malo. No significa pedir el olvido. El ofendido tiene todo el derecho del mundo a volver a mencionar la falta cometida cuando lo considere oportuno y ante quien considere oportuno. El pasado no puede borrarse, y pedir disculpas no es pedir silencio eterno ni omertá.

4. Para que uno sea disculpado, pueden hacer falta diferentes cosas, y eso queda a discreción del ofendido. Uno puede, por supuesto, negarse a hacer lo que el ofendido exige. En tal caso, uno no queda dis-culpado y deberá cargar con su culpa. Todos cargamos con culpas, no es nada nuevo, y ser conscientes de eso nos debería hacer más humildes.

5. Pero entre los requisitos típicamente exigibles están los que indican que de la situación desagradable que se ha producido, se saque algo positivo. Y son:

5.1. Que el ofensor reconozca que efectivamente ha hecho algo malo.

5.2. Que indique su voluntad de no volver a hacerlo.

A falta de esos dos requisitos, es perfectamente esperable y normal que el ofendido se niegue a disculpar al ofensor, en cuyo caso éste, como dije, no queda disculpado.

Finalmente: “Le pido disculpas si le he ofendido” no es pedir disculpas. Es expresar la voluntad de pedirlas si resulta que uno ha ofendido, pero no implica que uno reconoce haber hecho nada malo ni la voluntad de no volver a hacerlo, asi que sirve como pregunta, pero no como petición de disculpas. Y si a uno le consta que ha ofendido y dice algo así, lo que está haciendo es intentar evadirse de su obligación de pedir disculpas, metiendo una cláusula que ya no viene a cuento.

A ver si recuperamos un poco más de civismo: Ofender es algo grave, y no debe hacerse a la ligera. Cuando uno ofende, debería estar convencido de poder defender la ofensa. Y si ofende sin razón, debería uno sentir verdadero arrepentimiento, y expresarlo asi, sin vanidades fuera de lugar ni echándole la culpa al ofendido por haberse ofendido.

Para mí son cosas de sentido común, pero visto el ambiente en algunas comunidades en la Red, creo que estas aclaraciones pueden ser necesarias o útiles para más de uno. Y mi solidaridad desde aquí con los ofendidos en la red que han tenido que vérselas con señores “magníficos” como Fulano.

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Un consejo sobre estándares

El lenguaje es un estándar de comunicación. Sirve para que uno codifique un significado (lo que quiere decir) en un mensaje escrito en un código (el lenguaje) que otros conocen. Esa gente podrá decodificar el mensaje, obteniendo el significado a partir del mensaje.

Esto sólo funciona si ambos, emisor y receptor, comparten el mismo lenguaje. Es decir, la misma relación entre signos (que se usan en el mensaje) y significado.

Para permitir que diferentes personas puedan comunicarse, surgen los estándares de comunicación, es decir, lenguajes que comparten grandes grupos de personas.

El castellano es uno de ésos estándares.

Todo esto es, claro, una simplificación. El estándar no fué creado por un montón de ángeles perfectos, sino por humanos, y ni suquiera por especialistas sino por nosotros, los hablantes. El resultado es un estándar con muchos problemas, por ejemplo la ambigüedad.

Se produce una ambigüedad cuando un mismo signo (como “banco”) tiene dos o más significados (“entidad de crédito” o “asiento alargado”). La ambigüedad es fuente de posibles problemas… podemos recibir un mensaje como “espérame en el banco, en la Plaza Girolamo” y cuando llegamos, encontrarnos con que en el centro de la plaza hay un jardín con un asiento alargado… y en un lado, una sede del Banco Internacional de Crédito con una recepción donde sentarse. Y no saber a qué se refería el que escribió el mensaje.

Otro caso muy típico en debates de internet se produce cuando alguien usa una palabra rechazando la defnición estándar.

Pueden haber muchos motivos para rechazar una definición estándar (en español el estándar es el DRAE). Motivos estéticos, políticos o religiosos. Nadie está obligado a cumplir con el estándar, no es una obligación moral ni una ley.

Ahora bien

Si yo decido no usar la defnición estándar de una palabra, sino usarla con otro significado, estoy provocando una ambigüedad. A partir de ahora esa palabra tiene dos significados: el estándar y el mío. Y por tanto, puede producirse un fallo de comunicación como resultado de esa decisión mía. Soy responsable, moralmente, de intentar evitarlo.

Es imposible que los que usamos cada palabra con el significado estándar avisemos de cuándo lo hacemos. Si así lo hiciéramos, entraríamos en un ciclo infinito, ya que las palabras que usamos para avisar también tendrían que ser definidas: “Hola, bueno, digo hola en el sentido estándar, y a ver, digo “bueno” en el sentido de interjeción, y digo “digo” con el significado estándar, y cuando digo “hola” la segunda vez también es con el significado estándar, y…” 😀

Pero el que usa una palabra con el significado diferente al estándar sí está obligado a avisar antes de usarla. Para que el receptor sepa de qué está hablando. Para que el mensaje llegue.

Esto se puede hacer de muchas formas:

  • Formalmente: “Hablaré del universo, pero lo primero es avisar que cuando digo universo no me refiero a la definición del DRAE sino a todo aquello que podemos observar racionalmente…”
  • Informalmente: “Bueno, el universo (= todo lo que podemos observar racionalmente)…”
  • De forma sutil, sin dar la definición: “Bueno, el universo (tal como lo entiendo)” o “Bueno, lo que yo llamo universo…”.

Cualquiera de estas formas da al menos una posibilidad limpia, educada, al lector para que se de cuenta de que no se está usando necesariamente el estándar. No hace falta ser siempre formalistas, a veces la diferencia no tiene importancia.

Pero hay que avisar, aunque sea de forma sutil.

El que no avisa es un traidor 😀 .

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Como se manipula el lenguaje para librarse de culpas colectivas.

He estado reflexionando sobre una costumbre que he visto, de forma casi idéntica, en varios grupos ideológicos y religiosos, y que supongo que es universal, que ocurre en todo grupo a partir de cierto tamaño. El ser humano es así.

Se trata de una operación ideológica, que es la reacción a las críticas que se hacen a ese grupo, basadas en determinadas personas, corrientes o épocas adscritas al grupo.

  • Por ejemplo, la crítica al comunismo que dice: “¡El comunismo ha matado a decenas de millones, mirad a Stalin, a Mao…!
  • Por ejemplo, la crítica al cristianismo que dice: “¡El cristianismo ha cometido limpiezas étnicas sin cuento, mirad la expulsión de los judíos y musulmanes en España!
  • Por ejemplo, la crítica al Islam que dice: “¡El Islam es terrorista, mirad el ataque a las Torres Gemelas!
  • Por ejemplo, la crítica a la Ilustración que dice: “¡La Ilustración llevó a la Revolución Francesa, vaya baño de sangre!
  • Por ejemplo, la crítica al falangismo que dice: “¡El falangismo es totalitario y sangriento, mirad la posguerra española!
La respuesta adecuada a ése tipo de críticas es, desde mi punto de vista, admitir que ocurrieron los hechos, y analizar en qué circunstancias esa ideología llegó a servir de apoyo para esos hechos, buscando el modo de impedir que vuelvan a ocurrir.
 
Pero esa reacción es, me parece, demasiado incómoda para mucha gente. Quizá porque es  fría y cerebral, o quizá porque bastante gente aún tiene cierta idea de “culpa colectiva”: “Un grupo entero puede ser considerado culpable de lo que hagan algunos de sus miembros, y por tanto, si alguien indica que en “mi” ideología hay criminales, eso me hace culpable a mí también.
 
Asi que se usa esta estrategia de distanciarse a la escocesa. Se trata de demostrar que el grupo de los “malos” no es el mismo que el grupo al que pertenece el hablante. Y para eso lo que se hace es redefinir las palabras:
 
1. “Ser un X” ya no significa lo que todo el mundo considera que es “ser un X”. Una serie de reconocimientos más o menos públcos y claros, fáciles de detectar y descartar, entre los que está el auto-reconocimiento (“si él o ella dice que es un X, en principio es un X“). La palabra ya está definida, y tiene una definición más o menos estándar, pero se rechaza esa definición.
 
2. Ahora, para ser un X, ya no es tan importante lo que todo el mundo llama tal, sino lo que el sujeto que se distancia a la escocesa añada, características que él posee, muy especialmente, interpretaciones de la doctrina que él considera correctas, y comportamientos adecuados a esa interpretación que él sigue.
 
3. Y se hace de tal modo, que los “malos” no estén ya incluídos en el grupo de los X redefinidos.
 
4. Acto seguido, se empieza a llamar “falsos X” a los que cumplen la definición general, pero no la nueva así creada. Y los que cumplen la última son los “verdaderos X”, los “X a secas”, etc…
 
Veámoslo con ejemplos:
  • ¡Stalin y Mao no eran verdaderos comunistas, el comunista cree en la dictarura del proletariado, y la aplica, ésa gente sólo creía en su propia dictadura!
  • ¡El cristianismo dice que hay que amar al prójimo, los que expulsaron a los judíos eran legalistas, no eran verdaderos cristianos!
  • ¡El Islam rechaza el terror, rechaza la muerte de inocentes, Mohammed Atta no era un verdadero musulmán, era un munâfiqûn!
  • ¡La Ilustración es racional y respeta a los Derechos Humanos, en el momento en que la Revolución Francesa se convirtió en un Directorio, eso ya no tenía nada que ver con la Ilustración!
  • ¡El falangismo no es de derecha, “preferimos la bala comunista a la palmadita derechoide”, Franco y su régimen no tenían nada de verdaderos falangistas, era pura hipocresía!
Esta estrategia, claro, es sectaria: Altera el lenguaje a gusto del hablante y su grupo ideológico (los que cumplen la segunda definición, o una parte de ellos) dificultando el entendimiento y arrogándose el monopolio de un término que, desgraciadamente para ellos, ha acumulado demasiada historia.
 
Y es que la historia humana es sobre todo humana… cruel, dura, sangrienta.
 
Yo le sugeriría a estas personas el siguiente ejercicio mental.
  • Consideren su ideal moral, y piensen: ¿Lo siguen ustedes siempre y de forma perfecta, son ustedes “ángeles” de su sistema moral? ¿o más bien, de vez en cuando y muy a su pesar, se desvían?
  • Suponiendo que no son “ángeles”: ¿Creen ustedes que existen los “ángeles”, en su grupo ideológico, o más bien que todos se desvían de vez en cuando?
  • Suponiendo que no hay “ángeles”: Dado que consideran miembros de su grupo a gente que se desvía, y de hecho todos se desvían más o menos, de vez en cuando ¿por qué creen ustedes que es necesario separar a unos “pecadores” de otros, sacándolos de grupo?
  • Si no hay respuesta suficiente… no lo hagan.
En general, la alternativa más parecida y razonable es hablar del “buen X”. Todos entenderemos, cuando un X hable del “buen X”, que está hablando de lo que él considera que es seguir de forma verdadera y profunda la ideología X.
 
Asi… el buen comunista será, para un comunista, el que entre otras cosas, no busca su poder personal… el buen cristiano, el que entre otras cosas no persigue a los demás por su religión… el buen musulmán, el que entre otras cosas condena el terrorismo… y así, no quiero cansarles.
 
Así nos entendemos todos, sin necesidad de redefinir las palabras, sin necesidad de alterar el lenguaje para que Lenin, Stalin y Mao no sean comunistas, Torquemada, Lutero y el Papa Leon X no sean cristianos, Danton y Marat no sean ilustrados, Osama Bin Laden y Mohammed Atta no sean musulmanes, etc.
 
Esto mejoraría la comunicación y reduciría el sectarismo de los debates y conversaciones.
 
Artículo original publicado en WebIslam el 2007-06-25

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Breve estudio moral.

El problema es el siguiente: De un tiempo a esta parte, es posible averiguar algunas características genéticas de embriones humanos. Esto significa extraer del embión unas pocas células y luego hacerles un análisis de ADN.

Poca gente tiene problemas morales cuando una pareja decide utilizar esta técnica, previa fecundación in vitro, para evitar que su hijo nazca con una enfermedad o tara hereditaria. Se elige un embrión que no tiene la tara, se deshechan los demás y asunto arreglado.

Para algunas personas eso de “se deshechan” realmente oculta los gritos desgarradores de las mórulas en estadio de ocho células; que están siendo vilmente asesinadas. Pero esto es un foro humanista y daré por supuesto que no tienen problemas de ese tipo.

El problema empieza cuando los padres usan la misma técnica para elegir el sexo o el color de los ojos.

He leído con atención los argumentos que esgrime la amplia comunidad científica que se opone a ése tipo de “bebés a la carta”. Pero de momento no me ha convencido ninguno. Al menos no de forma general.

Lo primero que tengo que aclarar es que, de acuerdo a una moral humanista y de acuerdo a mi propia moral, es necesario argumentar toda prohibición, mientras que no es necesario argumentar toda permisión. El ser humano es libre, y por tanto debemos argumentar siempre la limitación de su libertad, y no su uso de ella.

Hay motivos para evitar la selección de fetos, por ejemplo, por razón de sexo. La orientación sexual es difícil o imposible de cambiar, asi que un desequilibrio importante de la población de ambos sexos supone un daño seguro para la sociedad. Del mismo modo que limitamos las emisiones de CO2 (aunque las de un sólo coche, en principio, no supondrían ninguna diferencia) podemos limitar la selección masiva del sexo de los bebés si creemos que esto provocará desequilibrios dañinos en la población resultante. De acuerdo.

Pero ¿prohibir seleccionar el color de los ojos? ¿por qué, exactamente?

Un argumento que he leído es que esto provocaría un aumento de la desigualdad, al permitir a los ricos seleccionar bebés más sanos y mejor preparados para triunfar en la sociedad. El argumento me parece hipócrita o naif: desde que el mundo es mundo los ricos acceden primero a las mejoras del nivel de vida, y eso afecta a las posibilidades de sus hijos. Eso no nos ha impedido permitir el surgimiento de las escuelas, el estudio de la dietética o la fabricación de ordenadores personales, por dar tres ejemplos de cosas que en diferentes épocas estuvieron reservadas a los ricos y ahora benefician a toda la sociedad.

Al contrario, los ricos son precisamente el “primer mercado” de estos productos, que luego se abaratan y/o mejoran gracias a la competencia que provoca el beneficio que éstos permiten, y a la experiencia acumulada “vendiendo a los ricos”.

Otro argumento que he leído frecuentemente es que “si permitimos esto ¿dónde poner el límite? ¿niños más inteligente? ¿más fuertes? ¿más obedientes? ¿diseñados para ser superespecialistas incapaces de hacer otra cosa?“. Ése argumento va acompañado de la consideración de que “una cosa es impedir un daño objetivo, y otra obedecer el capricho de los padres“. Pues, querido experto en ética, acaba usted precisamente de decir dónde ponemos el límite: en el daño objetivo.

Un niño más fuerte o más inteligente no sufre nada que podamos considerar un daño objetivo. La claridad de ideas puede ser desagradable, pero tiene sus ventajas, o al menos eso me han dicho 😀 .

Un niño “más obediente”, en cambio, no sólo es una idea curiosa sino que probablemente se obtiene a través de daños objetivos – en la creatividad, en la iniciativa o en la capacidad de crítica.

Los padres pueden argumentar que ése daño se compensa con otras ventajas. Es posible. Pero ya tenemos una “línea roja” que podemos poner: si hay un daño objetivo, decidimos no confiar al arbitrio de los padres que las ventajas que pretenden lo compensan.

Lo mismo vale para los “super-especialistas”, como el fantástico pianista de doce dedos de la magnífica película “GATTACA”, muy recomenrable sobre este tema. Se consigue, como mínimo, a costa de una limitación social importante en la elección del puesto de trabajo. Y eso como mínimo: probablemente el coste de andar jugando con la anatomía humana será, duranto bastante tiempo, mucho mayor.

Y eso me permite introducir dos factores más:

  1. No sé hasta qué punto la incubación in vitro aumenta los riesgos de que el feto resultante sufra problemas que descubramos “demasiado tarde para abortar”. Dejaré para otro momento el tema del aborto, pero como muy tarde cuando el bebé ha nacido, es evidentemetne demasiado tarde para abortar. Eso puede alterar mi percepción del derecho de los padres a hacer selecciones triviales cara a sus hijos – en principio no tengo nada en contra, pero si es a costa de arriesgar la salud del niño resultante, entonces evidentemente no podemos permitirlo. Sin embargo, hasta ahora no he visto a ningún especialista mencionar estos riesgos como argumento, lo que me hace pensar que (¿ya?) no existen.
  2. El tiempo: Sean cuales sean las desventajas actuales de la selección genética, cambiarán con el tiempo. Lo que ahora podemos prohibir, por ejemplo porque la técnica implicada representa riesgos para el bebé, puede no ser lo mismo que podamos prohibir mañana, a medida que la técnica sea más y más segura.

En fin, que no deberíamo ver con tanta desconfianza la posiblidad de hacer “bebés a la carta”. Hay líneas rojas que podemos establecer para no caer en una pendiente resbaladiza que nos lleve a una sociedad de personas genéticamente determinadas. Y debemos recordar siempre que para permitir algo no se necesitan motivos.

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La falta de consecuencias de una moral de Dios.

“Si Dios existe, hay una definición absoluta de Bien y de Mal: la suya.”

“Si Dios existe, no tenemos que decidir nuestra moral: Dios impone una.”

Falso.

¿Y por qué habría de ser cierto?

Supongamos un Dios supremamente sabio que posee una moral: Él tiene muy claro qué está bien y qué está mal, y nos ha creado para que hagamos el bien y evitemos el mal.

¿Por qué tendríamos que aceptar esa moral como nuestra?

Que Dios sea nuestro creador no nos obliga: nuestros padres también son nuestros creadores, pero como individuos libres y responsables no estamos obligados a aceptar la moral de nuestros padres. Ellos pueden habernos creado para que nos casemos con un hombre como mamá nunca pudo encontrar, o tengamos el éxito profesional que papá nunca tuvo, o cuidemos de ellos en su ancianidad. Pero si la niña desea tener éxito profesional en vez de buscar marido, o el hijo desea encontrar una rica heredera en vez de romperse la espalda trabajando… ¿tienen los padres derecho a esclavizar a sus hijos bajo el argumento de “para eso te creé“? Evidentemente no.

Que Dios sea más sabio que nosotros tampoco nos obliga: la moral está definida por axiomas morales, que no pueden ser deducidos a través de un Sistema de Conocimiento. Como hemos visto en este blog, se trata de dos conjuntos de axiomas diferentes. No se puede deducir una moral de un Sistema de Conocimiento. Por tanto, que Dios sea más sabio que nosotros, no significa que sea más “bueno”, o que sus axiomas morales sean intrínsecamente superiores a los nuestros.

Finalmente, y en parte como consecuencia de lo anterior, no es cierto que la existencia de Dios nos quitaría la responsabilidad de elegir: seguiríamos siendo libres de elegir la moral de Dios, o alterarla como quisiéramos, o elegir otra. La elección, y por tanto la responsabilidad de la elección, sigue siendo nuestra. Si Dios nos ordena matar a nuestro hijo y lo hacemos, el responsable sigue sin ser Dios – somos nosotros, que hemos decidido aceptar esa orden, ése código moral.

“Poner la decisión en manos de Dios” es un oxímoron, una expresión auto-contradictoria: estamos “decidiendo no decidir”… pero eso ya es decidir, y por tanto estamos decidiendo. Nosotros. Independientemente de si luego hay un Dios que decide por la parte que le toca (en este caso, la parte que le hemos dado).

En ése sentido, “poner la decisión en manos de Dios” es idéntico a ordenar a un subordinado que decida por nosotros: estamos delegando la decisión en otro, y podemos hacerlo… mientras no creamos que con eso nos quitamos nuestra propia responsabilidad, la de elegir el subordinado y dejarle las cosas a él.

Quien nos dice que “su moral no es de los hombres sino de Dios” comete un fallo esencial: es él, un ser humano, el que ha decidido en de qué Dios es ésa moral que sigue. Y el que ha decidido seguir la moral de un Dios. Ésa decisión es suya, y es totalmente humana. Por lo que en el fondo está siguiendo una moral tan humana como la de un humanista… incluso si fuera real ése Dios en que cree.

Si Dios existiese, Él tendría su opinión sobre el Bien y el Mal… y yo tendría la mía. Sería interesante conversar con Él sobre el tema, pero nada me obliga a asumir Sus decisiones al respecto.

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Algunos datos básicos sobre la clonación.

Hay algunos malentendidos sobre la clonación, especialmente humana. Me gustaría aclararlos y comentar algunas cosas a un nivel muy básico.

El ser humano es, como hemos visto, una mente en un cerebro. Ese cerebro tiene, sin duda, características que ha obtenido a partir de su código genético. Pero también tiene características que ha obtenido del entorno pre- y postnatal, incluyendo la educación y la propia dinámica interna, lo que podríamos llamar cognición o pensamientos propios.

Clonar un ser humano es crear un nuevo ser humano que comparta el mismo ADN. Ése ser humano, para empezar, va a ser más joven que el original, y sólo por eso ya no tendrá un aspecto idéntico: Si el donante tiene 20 años cuando se usan su células para generar un clon, el clon será como mínimo 20 años más joven.

Además, las diferentes experiencias vitales se marcarán en el aspecto, de muchas formas diferentes. El uso de un champú inadecuado para el pelo, la exposición al sol o a alergénicos, o incluso el estado anímico general, pueden influír en el aspecto.

Desde luego, el clon es un nuevo ser humano. Como tal, es sujeto de derecho y de protección por parte de cualquier moral humanista. Usar el cuerpo de un ser humano (residencia de una mente humana) como banco de órganos de otro es una barbaridad absolutamente inmoral. De hecho, incluso encerrar al clon en un entorno controlado para investigarlo, es algo que sólo podrá hacerse mientras sea menor de edad y con el consentimiento de los progenitores.

Quiénes son los “progenitores”, sin embargo, es un tema complejo. Sin duda el progenitor natural es el donante, pero supongo que una sociedad humanista puede admitir la existencia de contratos de renuncia a la patria potestad en aras de un organismo científico (por ejemplo) que estudiara la clonación humana. Asi que escenarios en los que un clon se ve obligado a vivir en un entorno controlado por científicos hasta su mayoría de edad son… posibles. Es posible que algo así llegue a ocurrir. Es posible incluso que sea positivo que ocurra.

Pero llegada la mayoría de edad, ése clon es un ciudadano de pleno derecho, y no puede encerrársele o controlársele más que a cualquier otro ciudadano.

Finalmente, ambas mentes van a ser necesariamente muy diferentes: No sólo la diferencia de edad y de experiencias vitales, sino el simple azar cuántico, conspirarán para que estos dos individuos se diferencien, asi como los gemelos univitelinos también se parecen mucho físicamente pero no dejan de ser dos personas diferentes.

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