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Archive for the ‘Religión’ Category

Aclarando una falacia habitual entre creyentes.

En un aporte anterior hablamos de la diferencia entre expresión, concepto y objeto, y las relaciones entre ellos.  Lo mencionaré directa e indirectamente aquí, asi que téngalo un poco en mente al leer.

Ahora veremos un clásico argumento creyente, que curiosamente algunos ateos han acabado aceptando (algunos de ellos, convirtiéndose con ello al agnosticismo o incluso al teísmo).

Consiste en afirmar que los ateos “en el fondo creen en Dios“, porque “para negar a Dios, hay que admitir que existe, aunque sea como idea (= concepto)” y por tanto “al negar al Dios, afirmas Su existencia“.

Ahora que ya tenemos claras algunas cosas, podemos desmenuzar este supuesto argumento:

1. Dios no es la idea de Dios.

Viendo la definición de Dios (y en el DRAE sólo hay una, la primera acepción, el resto no se “Escribe Con Mayúscula Inicial”) vemos que es un ser supremo que patatín y patatán. Ok.

Lo que no es, es “la idea de un ser supremo que” patatín y patatán. No está definido así. Esta definido como “ser supremo“, y no como “la idea de” nada.

Hagamos una reducción al absurdo. Supongamos que admitimos que Dios estuviera definido como “la idea de un ser supremo”. Entonces, la frase “la idea de Dios” querría decir exactamente lo mismo que “la idea de la idea de un ser supremo”… ¿? ¿la idea de una idea? La substitución falla, y eso demuestra, como hemos visto, que no se ha aplicado la auténtica definición.

Dios no es, por tanto, una idea. No porque exista, sino porque no está definido así.

Si Dios fuera una idea, existiría. Porque ¡qué duda cabe que la idea de un ser supremo que patatín y patatán… sí existe!. El concepto existe, como existe el concepto de hada. Lo que no existen, son las hadas. Y del mismo modo, existe el concepto de Dios… pero no Dios.

2. La frase “existe como idea” permite un galimatías.

A veces es muy importante la diferencia entre separar y no separar una expresión. La expresiones no se pueden separar a placer, como me enseñaron mis maestros hace mucho con el ejemplo de un actor que debía hacer de Watson y al entrar con Sherlock Holmes y ver una víctima, decir “¡Señor! ¡Muerto está! Tarde llegamos.“. Por no separar bien las expresiones, acabó diciendo “Señor muerto: esta tarde llegamos“.

La expresión “existe como idea” no se puede separar en “existe”. Cuando en español se dice que algo “existe como idea” lo que se quiere decir es que existe la idea. No que exista el objeto.

En el caso de Dios podemos ver esto con lo de antes: Si Dios “existiera, como idea” (noten la coma) entonces la idea de Dios sería la idea de una idea… eso no tiene sentido y no corresponde con la definición.

3. Si no cumple, no es.

Finalmente tenemos a los que nos dicen que Dios existe… lo que pasa es que no es el Dios judeo-cristiano, sino el Dios de Spinoza, o mejor aún, el de alguna oscura religión oriental. Y que como no conocemos siquiera ese concepto, mal podemos afirmar que no existe.

Bravo. Pero es que de dónde venga un determinado concepto, no altera ni una pizca de su significado. Dios tiene, en español, unas características definitorias. Una de ellas es ser hacedor (=creador) del Universo. Si X no cumple con ésa característica, simplemente ése X no puede llamarse Dios con propiedad en castellano.

Es posible que ése hecho (que no se puede llamar con propiedad “Dios” a, pongamos, el universo) sea producto de la cultura judeo-cristiana. O puede que no: creo que ni un mazdeísta ni Akenatón llamarían Dios al universo tampoco. Pero sea como fuere, no es problema nuestro. Si alguien quiere cambiar el lenguaje, adelante, que lo intente. Nada en contra. Pero mientras tanto, Dios significa exactamente lo que pone en el DRAE que significa. Porque para eso están los diccionarios, y más el diccionario estándar del español.

Y al revés: Si yo demuestro que no existe ningún creador del Universo, entonces estoy automáticamente demostrando que no existe ningún Dios, que Dios no existe. Porque para todo X…

  • O bien el concepto incluye que sea creador del universo, y por tanto acabo de demostrar que no puede existir.
  • O bien el concepto no lo incluye, y por tanto ése objeto, aunque existiera, no cumpliría con el concepto y por tanto no podría ser expresado con esa expresión, “Dios”. Puede ser mi gato, o el universo, pero no Dios.

4. Y una de arena.

Cuando sí tienen razón los creyentes es cuando afirman que para ser ateo hace falta conocer el concepto de Dios. Efectivamente, para negar la existencia de Dios hay que saber qué se está negando, y por tanto, hay que tener en la cabeza un concepto de Dios.

Y en ese sentido, existen los ateos porque existe el concepto de Dios. Si no existiera, no seríamos ateos ni creyentes: seríamos agnósticos, todos. Personas que ni niegan ni afirman la existencia de Dios… en ése caso no podríamos ni concebir ninguna de las dos posturas, al no conocer el concepto de Dios.

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Cuestiones del lenguaje y comparación con el inglés.

El lenguaje tiene cosas curiosas relativas a las creencias religiosas. Una de ellas, no la menor, es que de acuerdo al Diccionario de la Real Academia  en su última edición impresa, la vigésimosegunda, el universo es el “conjunto de todas las cosas creadas“. Semejante disparate, desde luego, sólo se entiende desde una perspectiva creyente, y será corregido en la próxima edición… con otra que, desde mi punto de vista, se excede por el otro lado, y de la que hablaré en su momento.

Otra es la definición de “ateo”, donde entramos en directo conflicto con el mundo anglosajón. Veamos primero la definición en castellano:

DRAE: “Que niega la existencia de Dios”

Ahora veamos algunas de las definiciones en inglés, un lenguaje sin diccionario estándar:

Merrian-Webster Online: Ateo – “El que piensa que no hay deidad”

Merrian-Webster Tercera Edición Internacional: Ateísmo – “Falta de creencia en la existencia de Dios o cualquier otra deidad.”

Oxford English Dictionary, tercera edición: Ateísmo – “Falta de creencia o negación de la existencia de un dios”.

Wiktionary: Ateísmo – “1. Ausencia o negación, de la creencia en la existencia de Dios o dioses. 2. La creencia de que no hay dioses, la negación de la existencia de Dios o dioses.”

Hay dos diferencias que llaman la atención entre las definiciones inglesas (notablemente parecidas unas a otras) y la castellana.

La primera es que la castellana se refiere únicamente a Dios. Todas las inglesas hablan de “cualquier dios” (incluyendo por tanto a un dios único o Dios), “una deidad” (por tanto cualquier ser divino o dios), o menciona directamente ambas posibilidades (“Dios o dioses”).

Esto hace que técnicamente, en castellano, podamos decir que un hinduísta (por ejemplo) es ateo. Al menos lo es si no cree que una de las varias deidades del hinduísmo es “hacedora del universo” y por tanto Dios de acuerdo al criterio monoteísta del diccionario. Hago notar que hay hinduístas que piensan exactamente esto, e incluso piensan que todos los grandes dioses hinduístas son realmente “facetas” de uno sólo, cosa no muy diferente de la Trinidad cristiana.

Pero en todo caso, resulta un tanto curioso pensar en un hinduísta o en un pagano griego como “ateos” porque entre sus dioses no se encuentre un “hacedor del universo”. Considero esto un fallo de la definión del DRAE, en tanto en cuanto no refeja ni la identificación propia de los ateos, ni la ajena, ni el uso habitual.

La segunda diferencia es mucho más… discutible, digamos. La definición de “ateísmo” y “ateo” del inglés incluye claramente tanto al que “no dice que sí” existe Dios, como al que “dice que no” existe Dios. En cuanto a la existencia de Dios hay básicamente tres posibilidades: Decir que sí existe, decir que no existe, o no decir ninguna de las dos cosas (también se pueden decir las dos, pero si me disculpan voy a dejar un poquito de lado a la gente que niega el Principio de No Contradicción de forma tan directa).

En inglés, para diferenciar al que “dice que no” del que “no dice que sí ni que no”, se ha distinguido entre “ateísmo fuerte” (hard atheism) y “ateísmo débil” (soft atheim). Al ateo “débil” se le llama también “agnóstico”, lo que es una forma de alterar la definición original del término, pero de una forma que ha tenido mucho éxito porque es, simplemente, muy útil.

En castellano tenemos la suerte de que el ateo es únicamente lo que en inglés se llama “ateo fuerte”. Asi que podemos llamar agnóstico al “ateo débil” inglés, y ahorrarnos adjetivos que pueden sonar incluso peyorativos.

El lenguaje no es inocente. Me ha tocado ver en foros cómo ateos atacan a los angósticos considerándolos intelectualmente cobardes o ignorantes. La idea de que Theodore M. Drange o Bertrand Russell hayan sido intelectualmente cobardes o ignorantes me da un poco de risa tonta, tengo que admitirlo, pero además de reírme considero interesante cuidar el lenguaje.

Todo esto viene a responder a una vieja pregunta: ¿nacemos ateos? Simplemente: si esa pregunta es formulada en castellano, no. Ya que el ateo (dicho esto en castellano) necesita conocer el concepto de Dios y ser capaz de negar su existencia. En ése sentido, el ateísmo (dicho esto en castellano) requiere del concepto de Dios para existir, y el estado “natural” del ser humano es el tranquilo y plácido agnosticismo de quien tiene la fortuna de no haber oído hablar nunca de semejante adefesio intelectual como es una mente humanoide monstruosa e incomprensible.

Ahora bien, si la pregunta es formulada en inglés, entonces sí, nacemos Atheists, y con suerte continuamos siéndolo toda la vida, aunque a menudo cambiando del agnosticism (que es una forma de Atheism) al “ateísmo duro”.

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Demostración por la Creación del Tiempo

Interesantes comentarios, especialmente el del Sr. Terre, me han llevado a actualizar esta demostración que ya puse en este blog en su versión 3.2:

1. Si hay un instante, hay tiempo en ése instante.

2. Crear es un proceso que puede ser descrito de la siguiente forma: Un agente (creador) causa que un objeto (creado) pase, de no existir, a existir.

3 (de 2). Por tanto, si ha habido una creación de X, ha habido (entre otras cosas) un paso de “no existir” a “existir”, por parte de X.

4 (de 3). Por tanto, si ha habido una creación de X, ha habido un instante en que X aún no existía.

5 (de 4). Por tanto, si ha habido una creación del tiempo, ha habido un instante en que el tiempo aún no existía.

6 (de 1 y 5). Por tanto, si ha habido una creación del tiempo, ha habido un instante del tiempo en que el tiempo aún no existía.

7 (de 6). Por tanto, si ha habido una creación del tiempo, ha habido algo que es imposible, un instante en que el tiempo existía (porque era un instante del tiempo) y a la vez no existía. 

8 (de 7). Por tanto, no puede haber habido una creación del tiempo, ya que eso habría implicado la existencia de algo imposible.

9 (de 1). Si en un instante hay universo, hay tiempo. Simplemente porque si hay un instante, hay tiempo.

10. El universo incluye todo lo que podemos observar racionalmente.

11(10). El universo incluye el tiempo.

12(11). Si no hay universo, no hay tiempo.

13 (de 9 y 12). Por tanto una creación del universo implica una creación del tiempo, ya que no puede haber un instante con universo pero sin tiempo, ni con tiempo pero sin universo.

14 (de 8 y 13). Como una creación del tiempo es imposible, no puede haber habido una creación del universo.

15 (de 14). No puede haber un creador del universo.

16. Dios está definido como creador del Universo.

17 (de 15 y 16). No puede haber un Dios.

18 (de 17). Dios no existe.

QED

Algunas observaciones

  • Un buen teólogo me dirá que la “creación” del universo no es una “creación” normal, como la de crear un cuadro (el artista como creador). Pero entonces no deberian usar ese nombre y llamarlo por ejemplo “patifación” del universo, y no creación: si no cumple la definición de creación, no es una creación. Y a Dios como pataficador, no creador. Pero no suena tan bonito, y además durante siglos la gente a creído a pie juntillas que se trataba de una creación en sentido estricto y claro. Las teologías modernas simplemente intentan ocultar lo absurdo de la religión retorciendo el significado de las palabras.
  • Esta demostración no se mete en ningún tema relativo a la ciencia moderna. No depende de si el universo tuvo o no un instante inicial (es cierta tanto si sí, como si no). No depende de la Teoría del Big Bang. No depende de nada salvo de los propios conceptos que se usan: Creación, instante, tiempo, universo, Dios.
  • Es una demostración racional, para el Sistema de Conocimiento “razón”. Sólo debe ser aceptada por quienes sigan este Sistema de Conocimiento. No hay verdades universales, y no pretendo que ésta lo sea.
  • No defino, en ningún momento de esta demostración, ninguno de los conceptos implicados. Me baso en las definiciones estándar de los mismos (en el caso de Universo, en la corregida), pero también en cualquier uso normal de cualquiera de las palabras usadas. Pero no dependo de ninguna definición concreta, sólo de las implicaciones relevantes para mi demostración.
  • Un caso concreto e imporante de lo anterior: me baso en un concepto de “universo” que sea lo bastante racional como para incorporar las cosas que la razón puede percibir y que la ciencia estudia de forma masiva, como es el tiempo. Esta demostración no es para gente que pretende que el tiempo no existe o para Idealistas (“creamos el universo al pensarlo”), u otros tipos de personas adscritas a formas de pensamiento no racional.

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Algunas consideraciones básicas.

1. Foco

El foco de este aporte es el matrimonio legal constituído por dos personas del mismo sexo.

Es por tanto el matimonio legal, civil. No el religioso. El matrimonio religioso es una institución que tiene un significado religioso, no legal, y por tanto la ley tiene muy poco que decir al respecto porque la ley debe respetar la libertad religiosa de los ciudadanos. Precisamente por eso, cada ciudadano puede someter su concepto de matrimonio al arbitrio de organizaciones religiosas, las cuales pueden por supuesto organizar sus ritos y símbolos como mejor les parezca. Incluyendo, por supuesto, el poner condiciones que serían discriminatorias en un acto legal, pero que son simplemente libres y arbitrarias en un acto particular de unos particulares.

Estamos hablando, por tanto, de las leyes referentes al matrimonio civil, legal, que afectan a todos los ciudadanos, sean cuales sean sus creencias.

Estamos hablando, específicamente, del matrimonio formado por dos personas del mismo sexo, y por tanto llamado “matrimonio homosexual”. No es homosexual porque lo lleven a cabo homosexuales. Es homosexual porque es un matrimonio en que los dos contrayentes tienen el mismo sexo.

 2. Discriminación.

La discriminación por razón de sexo ante la ley es contraria a la Declaración Universal de los Derechos Humanos. “Artículo 7: Todos son iguales ante la ley (…). Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración.“. Esta Declaración ha sido aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas y es por tanto parte de la legislación de todo estado miembro de la ONU.

Además, la gigantesca mayoría de los países civilizados declara explícitamente en su Constitución la prohibición de toda forma de discrminación ante la ley por razón de sexo.

La prohibición del matrimonio homosexual, es discriminación por razón de sexo.

No es discriminación por razón de orientación sexual: Un gay siempre ha podido casarse, mientras fuera con una mujer. Una lesbiana también, mientras se casara con un hombre. La mayoría no quería, pero poder, podían. Un gay y una lesbiana también han podido siempre casarse, formando un matrimonio compuesto por homosexuales, pero no un matrimonio homosexual, como se ha indicado arriba.

Si un hombre puede casarse con una mujer, pero no con hombre porque éste es hombre, entonces lo que tenemos no tiene nada que ver con la orientación sexual de ninguno de los afectados. Es el sexo lo que está determinando la prohibición, no la orientación sexual. Por tanto, es discriminación ante la ley por razón de sexo.

3. Consecuencia.

Toda persona que defienda honestamente la no discriminación por razón de sexo ante la ley; y que no crea adecuado imponer las ideas religiosas de un grupo determinado a toda la sociedad, debe defender que el matrimonio pueda llevarse a cabo entre personas del mismo sexo.

Eso no depende de las demás creencias de ésa otra persona. Alguien puede ser un católico convencido, creer que la homosexualidad es perversa, creer que sólo el matrimonio católico es realmente válido, creer que los contrayentes de otro matrimonio irán al infierno por fornicadores (aunque sean heterosexuales), y estar convencido de que el que la homosexualidad es “abominable a los ojos de Dios”. Pero si cree que nadie tiene derecho a imponer sus ideas religiosas sobre los demás ciudadanos, y que la discriminación por razón de sexo ante la ley es inaceptable… debe defender la legalidad del matrimonio homosexual. No es una cuestión de elección: O defiende la legalidad del matrimonio homosexual, o renuncia al principio de no discriminación y al de aconfesionalidad (no “laicidad”) del Estado.

Igual que yo defiendo la legalidad de la Iglesia Católica, aunque me repugnan su ideología, métodos, fines, estrucura interna, mitos y acciones. Una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa. Como Voltaire, podemos a la vez detestar lo que alguien dice, y estar dispuestos a defender su derecho a decirlo.

4. El argumento de la degeneración.

Si permitimos que se casen dos hombres, entonces pueden casarse dos compañeros de piso que no se amen“.

Efectivamente, y se pueden casar de todas formas si son hombre y mujer. O por conseguir un pasaporte. O por pagar menos impuestos. O por tener una casa propia donde tener cada uno de ellos y por separado, sexo homosexual con otras personas.

Siempre ha existido la posiblidad de que dos personas usen el matrimonio de forma diferente a la tradicional, el matrimonio homosexual no cambia esa situación.

5. El argumento de la cabra.

“Si permitirmos el matrimonio homosexual, automáticamente deberíamos permitir el de tres personas, o de una persona y un cabra… ¿por qué no?”

Porque la no discriminación ante la ley por razón de número o especie no están en la Declaración Universal de los Derechos Humanos ni en ninguna Constitución. Por ejemplo.

Pero efectivamente, deberemos analizar estos casos con una mente abierta y ver cuándo y qué tiene sentido prohibir cada cosa. Y prohibir sólo cuando tenemos un motivo para ello.

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Una confesión en toda regla

Lo reconozco, me gusta el sexo contra natura. Uso con frecuencia órganos de maneras que la naturaleza (Dios, la evolución…) nunca habría previsto, y me gusta que las mujeres con las que tengo relaciones también lo hagan. Soy un pervetido: me confieso.

La mayor perversión la explicaré al final… empezaré por el pelo… ah, el pelo… me gustan las mujeres que se depilan las axilas. Ya sé, es terrible: La naturaleza ha creado al hombre y a la mujeres con axilas peludas, ¿quién soy yo para ponerla en duda? Pero no puedo evitarlo: me gustan así. Y lo que es más, para afeitarlas sé que las pobres se ven obligadas a usar hojas de afeitar, artefactos completamente artificiales producidos en fábricas, de metales extraídos con la ayuda de más máquinas… ¿dónde queda mi respeto por la naturaleza y sus axilas peludas? Mea culpa, mea culpa.

Uso los órganos de formas… antinaturales… reconozco que me gusta posar mis labios sobre los de una mujer. Los labios, que la naturaleza hizo para comer y como mucho para gritar “¡qué viene un león!”. Y yo los uso para mis abyectas perversiones antinaturales, eso que la gente del mundillo llamamos “beso”…

¡Y fetichista! Soy un sucio fetichista… me gusta que las mujeres lleven una cosa que se llama “zapatos” en los pies, que nada tiene que ver con la natural forma de andar a pie desnudo por las rocas, formando el natural callo que tienen todos los animales. Y me gusta que vayan… ¡¡vestidas!! Bueno, no siempre, a veces puedo controlarme, pero a menudo me agrada que se pongan… cosas… encima de sus naturales cuerpos. Cosas que, encima, no han hecho ellas mismas, sino que han comprado (¡en la naturaleza no existe el dinero!) y fueron fabricadas… en fin, no sigo, me es demasiado penoso.

E incluso… incluso… a veces me gusta que la mujer se ponga substancias colorantes en sus mejillas o en sus labios, en sus pestañas… ¡por todas partes, mi perversión no conoce límites!

¡Yo mismo, yo mismo! Recozco, confieso, que uso unos artefactos vagamente parecidos a un cáctus para quitar la mugre de mis dientes. La natural mugre, que se acumula dando lugar a la naturalísima generación de bacterias, caries, y hace que tengamos los dientes negros y naturalmente olorosos a los 30 y se nos caigan más o menos a los 40… ¡eso tan natural! Pues no, yo no puedo controlarme, y uso esos artefactos artificales que nunca se vieron en la naturaleza (“cepillos de dientes”, es el nombre en clave que usamos los pervertidos), y no una vez sino varias, incluso cada día… ¡a veces, más de una vez al día! ¡Es horrible!

Y me gustaría ocultarlo, pero… ¡no puedo! El efecto de esa perversión mía ya es visible, cada vez que abro la boca. Mis dientes no tienen la natural podredumbre propia de mi edad… son mucho más… jóvenes. ¡Pero eso no es todo! Me gusta que las mujeres con las que voy tampoco tengan la boca naturalmente podrida. ¡Que sean unas pervertidas como yo, y usen esos diabólicos “cepillos de dientes”! Vamos, que tengan unos dientes… jóvenes. ¡Soy un pederasta de dientes! ¡No tengo salvación!

Y finalmente… reconozco que me gusta realizar el acto sexual… en una cama. ¡¡No siempre, lo juro!! ¡A veces consigo controlarme y llevarlo a cabo en los bosques y praderas que la naturaleza nos ha dado! Pero muchas veces… acabo en… una cama. Un artefacto fabricado a base de trocear madera hasta hacerla irreconocible, con piezas de metal fundido y telas fabricadas… un artefacto que está hecho para pervertidos que no pueden dormir en el natural suelo… y yo lo pervierto una vez más y lo uso para… para… eso

Es horrible. Soy un pervertido. Mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa

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Este aporte está obsoleto y representa la versión B3.2 de esta línea de razonamiento. Una versión más moderna puede encontrarse en éste aporte.

Demostración por la creación del tiempo.

1. Los instantes son puntos del tiempo.

2. Crear es un proceso que puede ser descrito de la siguiente forma: Un agente (creador) causa que un objeto (creado) pase, de no existir, a existir.

3 (de 2). Por tanto, si ha habido una creación de X, ha habido (entre otras cosas) un paso de “no existir” a “existir”, por parte de X.

4 (de 3). Por tanto, si ha habido una creación de X, ha habido un instante en que X aún no existía.

5 (de 4). Por tanto, si ha habido una creación del tiempo, ha habido un instante en que el tiempo aún no existía.

6 (de 1 y 5). Por tanto, si ha habido una creación del tiempo, ha habido un punto del tiempo en que el tiempo aún no existía.

7 (de 6). Por tanto, si ha habido una creación del tiempo, ha habido algo que es imposible, un punto en que el tiempo existía (porque era un instante del tiempo) y a la vez no existía. 

8 (de 7). Por tanto, no puede haber habido una creación del tiempo, ya que eso habría implicado la existencia de algo imposible.

9 (de 1). Si en un instante hay universo, hay tiempo. Simplemente porque si hay un instante, hay tiempo.

10 (de 9). Por tanto una creación del universo implica una creación del tiempo, ya que no puede haber un instante con universo pero sin tiempo.

11 (de 8 y 10). Como una creación del tiempo es imposible, no puede haber habido una creación del universo.

12. Dios está definido como creador del Universo.

13 (de 11 y 12). No puede haber un creador del universo.

14 (de 12 y 13). No puede haber un Dios.

15 (de 14). Dios no existe.

QED

Algunas observaciones:

  • Un buen teólogo me dirá que la “creación” del universo no es una “creación” normal, como la de crear un cuadro (el artista como creador). Pero entonces no deberian usar ese nombre y llamarlo por ejemplo “patifación” del universo, y no creación – si no cumple la definición de creación, no es una creación. Y a Dios como pataficador, no creador. Pero no suena tan bonito, y además durante siglos la gente a creído a pie juntillas que se trataba de una creación en sentido estricto y claro. Las teologías modernas simplemente intentan ocultar lo absurdo de la religión retorciendo el significado de las palabras.
  • Esta demostración no se mete en ningún tema relativo a la ciencia moderna. No depende de si el universo tuvo o no un instante inicial (es cierta tanto si sí, como si no). No depende de la Teoría del Big Bang. No depende de nada salvo de los propios conceptos que se usan: Creación, instante, tiempo, universo, Dios.
  • Es una demostración racional, para el Sistema de Conocimiento “razón”. Sólo debe ser aceptada por quienes sigan este Sistema de Conocimiento. No hay verdades universales, y no pretendo que ésta lo sea.

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Una llamada a la movilización.

Es curioso pensar que a comienzos del S. XX la posición del creacionismo literalista (ésta que afirma que la Tierra tiene pocos miles de años y el hombre fué hecho literalmente del barro) estaba reservada a los paletos.

El mundo científico había escuhado con atención las teorías de Darwin y Wallace. Las había debatido y sopesado. Y las había encontrado correctas. Hubo un debate, se cerró el debate, y se acabó la historia. Discutir la evolución de las especies era a partir de ahí tan ridículo como discutir la existencia de los electrones, defender que los planetas giran alrededor del sol o plantear que surgen gusanos de la carne putrefacta sin necesidad de huevos de gusano. El asunto había quedado cerrado y punto.

¿Qué ha pasado?

Porque lo cierto es que la deriva plutocrática de los EEUUA parece haber ido acompañada de una deriva religiosa. Quizá ambas cosas van unidas: La corrupción de la sociedad civil y de la democracia en el gran país que fueron los EEUUA puede haber sido la causa de que las organizaciones confesionales más fanáticas y oscurantistas hayan aumentado su poder. Como una infección “oportunista” que aprovecha la debilidad de un cuerpo enfermo, el fanatismo religioso ha organizado sus lobbies y ha acabado lanzando una ofensiva contra la razón: el intento imponer el creacionismo como “alternativa a la evolución” en las escuelas estadounidenses.

Y esto no acaba en los EEUUA: El creacionismo ha acompañado a las iglesias evangélicas en América Latina, con horribles efectos para el respeto a la razón y la ciencia por parte de los latinoamericanos más pobres e incultos (oh, disculpen, debería decir “de las clases socioeconómicas más desfavorecidas“, suena mejor). ¡Y he visto con horror cómo en Austria un obispo católico se ponía a defender el creacionismo en público!

¿¡Cómo se atreven!?

A veces gente a la que aprecio me pregunta por qué pierdo el tiempo con idiotas capaces de creer esas cosas, gente totalmente cegada por sus dogmas. Me preguntan si no tengo nada mejor que hacer que debatir a ése nivel. Mi respuesta es que debatir a ése nivel es muy importante, porque el creacionismo no está de capa caída ni mucho menos… como una infección putrefacta que emana del cuerpo enfermo de los EEUUA, antes de caer (porque por supuesto caerá) el creacionismo puede hacer muchísimo daño, y más a caballo de comunidades que se reproducen biológicamente a toda velocidad.

El catolicismo, por supuesto, como religión organizada y vieja que ha aprendido a no enfrentarse a la ciencia de cara, hace mucho que planteó su forma particular de aceptar la evolución: El cuerpo del ser humano habría evolucionado de forma darwiniana, aunque con un Dios que daba “toquecitos” en los lugares adecuados para que el hombre acabara teniendo la forma que tiene ( 😀 ). Y el alma del ser humano es creada directamente por Dios, para cada uno de nosotros. Fin de la historia.

En tanto en cuanto esta fábula no contradice de forma flagrante y directa todo lo que sabemos sobre biología moderna, es más o menos inofensiva. El creacionismo, en cambio, sólo puede mantenerse si uno se cierra completamente a la argumentación y a la autoridad científica. Es decir: Hay que estar dispuesto a hacer dos cosas a la vez: ignorar lo que dicen los expertos sobre el tema del que son expertos, y al mismo tiempo negarse a analizar de forma racional, uno mismo, el problema.

Es decir, se parece a una auto-lobotomía radical. Y eso es peligrosísimo, no sólo para el afectado sino también para los demás. Los individuos sin cerebro, como los zombies, tienden a atacar a los demás para comerse el de los otros, y convertirlos en zombies como ellos.

Asi que luchemos activamente contra el creacionismo. Ataquemos con argumentos a los creacionistas, no lo ignoremos, prestémosles atención. Ridiculicemos lo que tiene su postura de ridículo (aunque sin caer en la caricatura – no ataquemos a un hombre de paja sino al verdadero creacionismo). Si los argumentos no sirven, expulsemos a los creacionistas que intenten adoctrinar a los niños con su basura mental.

No nos encerremos en nuestra torre de cristal de amigos cultos y preparados.

No dejemos que el mundo se convierta en la Noche de los Muertos Mentales Vivientes.

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