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Archive for the ‘Mundo Ideal’ Category

Una propuesta.

Uno de los problemas que considero más importantes dentro de las democracias modernas, es lo que llamo el “precio del voto”. La presencia de los medios de comunicación de masas es muy elevada, y su nivel de profesionalismo (concretamente, su capacidad como medios de propaganda) también. Esto hace que a los medios les resulte relativamente fácil influír a un gran número de personas, con un mínimo de inversión.

En el caso de los votos, esto quiere decir que un buen número de votos (generalmente suficientes para ganar cualquier elección) pueden ser determinados usando una cantidad de dinero relativamente baja. El precio del voto es bajo.

Algunos dirán que “los medios” no son ningún monstruo tenebroso al que temer: es cierto. En muchos casos “los medios” ayudan a la democracia, y en otros luchan entre ellos por influír en un sentido u otro, con lo que buena parte de la inversión (si no toda) se gasta cancelando los efectos de otra inversión en sentido contrario.

Sin embargo, lo cierto es que los medios sí pueden ser controlados de forma no democrática. Están sujetos a las leyes del mercado, no a las reglas del funcionamiento democrático. En determinadas circunstancias, pueden surgir monopolios inaceptables de personas que manipulan así la imagen pública (por ejemplo, Silvio Berlusconi) o “consensos” entre los dueños de los medios y cierta clase política que influyen negativamente en la democracia (por ejemplo, en los EEUUA).

Otros dirán que su voto no está en venta, y también es cierto: hay minorías que se informan por cuenta propia, que beben de fuentes diversas, incluso aleyadas de la “corriente principal”. Para influír indebidamente en esa gente, los medios tendrían que acudir o bien a la censura, o bien a un nivel de propaganda y mentira elevadísimo, y por tanto, costosísimo.

Pero tampoco lo necesitan: La cantidad de gente interesada e informada es tan pequeña que cuando “los medios” quieren determinar una elección, simplemente se centran en la gran masa de “medio-informados” y desinformados, a los que se puede convencer usando relativamente poco dinero.

Y por supuesto no hablo de vender votos como si fueran tomates. Salvo en democracias muy imperfectas, la gente no su voto y recibe dinero a cambio. Pero si un partido contrata a un asesor de imagen que cuesta 200.000 euros, y ése asesor consigue que el candidato gane 200.000 votos más que los que habría ganado sin él, el resultado es el mismo: Uno invierte 200.000 euros y obtiene 200.000 votos. Ha comprado a un euro por voto: ¡una ganga!

El resultado está a la vista: Los políticos llevan a cabo acciones que son coherentes y adecuadas sólo para alguien que tenga muy poca información, o muy manipulada. No necesitan más.

Un ejemplo: Konrad Adenauer, por ejemplo, cambió el sistema de pensiones alemán de tal forma que dicho sistema quebrara en cuanto la primámide poblacional dejara de ser la que era – y a cambio llenó los bolsillos de los rentistas alemanes. Todos los expertos le advirtieron que el sistema quebraría. “¿Cuándo?” preguntó. “Dentro de unos cuarenta años“, le respondieron. Adenauer bufó “Y entonces ¿por qué me tendría que preocupar a mí?“.

Una minoría de votantes estaba lo bastante interesada como para averiguar qué estaba pasando, y puedo suponer que muchos de ellos no votaron a Adenauer. Pero el resto sólo vió los billetes en manos de los ancianos, y le votó en masa. Y ahora, claro, el sistema de pensiones alemán corre peligro de quiebra.

¿Es grave el problema? ¡desde luego que lo es! Creo que la gran mayoría de las decisiones erróneas que los países democráticos ha tomado en el pasado y presente siglo, no se habrían tomado si esos representantes hubieran tenido, en vez de la presión de un grupo de votantes “desinformados”, la de un grupo de votantes “informados”. Los políticos piensan a corto plazo cuando y porque los votantes piensan a corto plazo. En cuanto los votantes piensan a largo plazo (“hay que salvar el planeta de las emisiones de CO2“), ésa forma de pensar implica efectos a corto plazo para los políticos (“si no hago algo para reducir las emisiones de dentro de 20 años, dentro de cuatro no me votarán“). Y sólo el votante bien informado tiende a pensar correctamente y a largo plazo.

Desde luego, sólo hay dos formas de solucionar esto: O se hace que todo el mundo se informe, o se deja votar sólo a los que se informan.

Hablaremos de ambas en el próximo aporte.

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Un escenario probable.

2025

Gustav abre su navegador y lee las noticias principales del Corriere della Sera. Contento al ver los nuevos objetivos del programa espacial chino, visita la página del gobierno de la República Popular al respecto y lee unos cuantos detalles. Luego recuerda que tenía que mirar algo en el Movimiento Nación Zulú, se anota unos cuantos datos para el trabajo del día, y finalmente pasa el resto del desayuno leyendo el informe armenio de derechos humanos.

Gustav sólo habla sueco e inglés. Durante todo este rato, en la parte superior izquierda de su navegador, se ha visto un icono con una banderita. Primero ha sido una bandera italiana, luego china, luego de Swazilandia y finalmente armenia. Si Gustav hubiera puesto el cursor del ratón sobre la banderita, habría aparecido un mensaje: “Esta página ha sido traducida para usted al sueco a partir del…“. Por lo demás, sólo unas pocas expresiones le han sonado un poco raras, durante la lectura.

2050

Milla y Ricardo están hablando en una cafetería. Milla es serbia, el serbio es la única lengua que habla y entiende. Ricardo es italiano, y el italiano es la única lengua que habla y entiende. 

Cuando Ricardo habla, interfases lingüísticas situadas entre los nervios auditivos de Milla y el resto de su cerebro detectan su voz. Esas mismas interfases dejan pasar el ruido de la calle, el sonio de la respiración de Milla, y todos los demás sonidos sin alterarlos. Pero eliminan cuidadosamente la voz de Ricardo, no sin antes analizar y guardar su tono de voz, su timbre exacto, su volumen…

Luego analizan lo que Ricardo dice, lo traducen al serbio, le añaden el timbre y tono adecuados, y lo envian al resto del cerebro de Milla. Todo esto ocurre en centésimas de segundo, de modo que Milla no nota absolutamente nada. Sólo si se queda mirando fijamente los labios de Ricardo al hablar, puede detectar la inconsistencia entre lo que él vocaliza y lo que ella escucha, como en una película antigua “doblada” (una práctica arcaica de traducción, de antes de las interfases).

Han decidido pedir algo más, y miran la carta. Milla la ve en serbio. Ricardo la ve en italiano. Sólo el logo de la cafetería tiene, además de un rostro sonriente, unos curiosos símbolos formados por segmentos rectos. Ambos saben que eso son letras de la lengua nativa del lugar donde están: Shanghai. Ambos suponen que toda la carta está realmente en chino. Pero no les preocupa: las interfases lingüísticas situadas entre sus nervios ópticos y el resto de su cerebro ya se ocupan de eso.

Dentro de poco vendrá Nadia a unirse con ellos. Ninguno de los dos sabe cuál es la lengua nativa de Nadia. La verdad es que entre la juventud, se ha convertido en una pregunta más bien íntima, y con Nadia sólo llevan juntos unos cuantos meses: Milla y Ricardo ya son marido y mujer, pero todavía no han planteado a Nadia casarse con ella. El tiempo dirá.

2075

Pregunté por curiosidad cuándo había sido educado por última vez un niño en una exolengua. La sfera me dió la respuesta: en 2067 Dimitri Kapodistrias y  Konstantinos Makarios, tradicionalistas acérrimos y padres de una niña llamada Teodosia (!!), configuraron las inLinguas de su hija para que ésta adquiriera el griego clásico (!) como lengua materna. Las IAs de la fiscalía llevaron el asunto a juicio, que duró más de ocho segundos, pero durante el mismo no pudo probarse que las inLinguas fueran a tener algún problema en hacer que la niña percibiera el mundo actual en la lengua de Homero.

Me consta que funciona, con los neologismos adecuados. Mi lengua natal es el latín eclesiástico, mi madre era obsipesa católica y tenía sus manías. Pero mis interlocutores se extrañan a veces del tiempo que tardo en entender “nave espacial”.

2100

Me han comentado que el neoGlés 2.4 trae un cuerpo semántico más efectivo para los términos legales. El tema me interesa: soy abogado. En mi profesión, a veces hay que hablar rápido.

Desde luego eso no sirve de nada con clientes o colegas que no tienen neoGlés como lengua natal. Pero hace años que no me encuentro con ninguno.

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Como sabrán algunos de ustedes, Irlanda ha rechazado por referéndum el Tratado de Lisboa.

Éste tratado modificaba los anteriores en el mismo sentido que la malograda Constitución Europea, aunque aceptando aún más compromisos y añadiéndose (en lugar de substituír) a éstos. A pesar de todos sus defectos, era desde luego mucho mejor que el vigente tratado de Niza.

Me sorprende, sobre todo, que alguna izquierda poco informada o curiosamente enceguecida esté felicitando a Irlanda por haber “rechazado la Europa neoliberal” y otras lindezas. La idea vendría a ser que este rechazo obligará a los Gobiernos a elaborar otro tratado, menos “neoliberal”, que sí sería aprobado por el pueblo irlandés.

Esta postura parte de varios equívocos:

1. Semejantes “izquierdistas” parece que no imaginan otras salidas. Como que Irlanda se quede directamente fuera del próximo tratado, o que los partidos irlandeses modifiquen la Constitución para evitar semejantes desastres (y acto seguido firmen el actual tratado o una nueva versión). Todas esas alternativas son negativas para cualquier persona progresista y europeísta.

2. Además, esos izquierdistas suponen, por algún motivo curioso, que los gobiernos conservadores y realmente “neoliberales” van a preferir un tratado peor (para ellos) que éste al simple mantenimiento del status quo. Dicho de otro modo: En Irlanda no se votó entre una Unión Europea ideal y el Tratado de Lisboa, sino entre el Tratado de Niza y el de Lisboa. Todavía no he leído ni un sólo argumento que indique en qué exactamente el Tratado de Lisboa es menos social o más neoliberal que el de Niza.

3. Finalmente, esta “wisquierda”[1] parte de la muy curiosa suposición de que los que han dicho “no”, lo han hecho en nombre de posiciones progresistas y solidarias. ¿En base a qué? Por lo que a mí respecta, considero igual de probable que hayan influído el chauvinismo nacionalista, el miedo xenófobo y el egoísmo más insolidario. Como mínimo, una parte significativa del voto negativo se deberá a esto, y no a las utopías wisquierdistas.

¿Qué hacemos ahora?

Me parece que hay sólo estas opciones:

  1. Volver a “trucar” los resultados, poniendo el tratado de nuevo a referéndum una vez haya sido aprobado por el resto de países de la Unión (esto ya se hizo en Irlanda, si no recuerdo mal). Alternativa penosa para el concepto de democracia, pero que tiene la ventaja de ser barata y darnos tiempo.
  2. Que los partidos de Irlanda tengan el valor de modificar la Constitución para evadir la necesidad de un referéndum. A eso seguiría la aprobación tardía del texto actual, o la creación de un texto adaptado de forma mínima.
  3. Llevar a cabo una reforma mínima sin cambios en la Constitución irlandesa, para ganar tiempo, e intentar ganar el próximo referéndum. Es una alternativa mala porque no tiene garantias, ni tampoco soluciona el problema cara al siguiente tratado, o al próximo.
  4. Crear un nuevo tratado desde cero. Desde luego el resultado no va a ser mejor que el que ya ha habido, entre otras cosas porque habrán opiniones encontradas sobre qué falló en Irlanda, pero también porque el Tratado de Lisboa era al menos de cierta forma una versión de la Constitución, que era un trabajo muy limpio de una convención. Remozar el remoze con nuevas negociaciones multilaterales sólo desvirtuará aún más el resultado. Por cierto: a favor de las élites y en contra del pueblo, queridos wisquierdistas…
  5. Crear por fin la europa de dos velocidades.

La última alternativa me parece la mejor. Europa ha sufrido un desgarro considerable porque hemos integrado a países con conceptos diferentes, y porque hemos partido de unos tratados iniciales muy débiles que exigían la unanimidad.

Defiendo que se cree una nueva Unión Europea, con otro nombre, y que incluya mecanismos básicos como la soberanía de su ley por encima de la de cualquier estado, y la toma de cualquier decisión por mayorías cualificadas. Si me preguntan, exigiría una triple mayoría absoluta: de países, de aportes a las arcas de la Unión, y de población. También debería incluír mecanismos de expulsión y barreras a la cooperación con países no miembros (como ya comenté, me parece un desastre que Suiza esté en Schengen).

Los países miembros de la UE que estuvieran dispuestos a esto, se convertirían en “un sólo país miembro” de la UE actual, la cual quedaría como una zona intermedia entre la integración de la nueva unión, y el resto del mundo.

Por supuesto, esta propuesta mía es tan improbable como la que más. Pero en pedir no hay engaño.

 

 


[1] Wisquierda: La izquierda con un wiskey en la mano. Dícese de la izquierda intelectual antiamericana que desde la seguridad de su posición burguesa defiende barbaridades como el castrismo, las FARC o el terrorismo independentista, en nombre de ideas utópicas completamente alejadas de la realidad. Distíngase claramente del altermundismo, una corriente basada en la ciencia y el progresismo que incluye la Renta Básica Universal, la Tasa Tobin, el ecologismo y la reforma del gobierno de las organizaciones de Bretton-Woods.

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Quizá habrán notado que cuando escribo una fecha, la escribo poniendo primero el año, luego el mes, y luego el día. Por ejemplo: 2009-04-08 sería el 8 de Abril de 2009. Esta no es la convención habitual europea ni la estadounidense, sino que corresponde con el estándar ISO 8601: cuando escribimos un número (por ejemplo el mismo 8601) los primeros dígitos son los más importantes, y los siguientes son cada vez menos importantes. Ni yo ni la gente de ISO, por lo visto, hemos entendido por qué esta sencilla regla debe romperse cuando escribimos una fecha.

Las ventajas del formato ISO 8601 son muchas, pero quizá la más importante para la vida cotidiana es que hace que el orden alfanumérico y el cronológico sean iguales. Pongamos por caso un archivo llamado “Resumen 13 Abril 2008.txt” y otro llamado “”Resumen 21 Enero 2008.txt“. Si uno ordena esos archivos ascendientemente en el ordenador, el primero saldrá antes que el segundo, aunque la fecha sea posterior. En cambio, si (a) se expresan los meses con números (b) se respeta la norma de “lo más importante primero” y (c) se introducen ceros para números más cortos que el máximo (04 en lugar de 4)… entonces el primer  archivo estará antes del segundo si y sólo si, cronológicamente también está antes: “Resumen 2008 04 13.txt” sale después de “Resumen 2008 02 21.txt“.

El formato ISO incluye más signos y posibilidades, desde un “maquinal” 20090314093010 a un más entendible 2009-03-14 T 09:30:10. Pero me gustaría ir un poco más lejos en este aporte.

El calendario gregoriano es un desastre. Admitámoslo: Comienza con el año 1, incluye días que no existieron, tiene números tan extraños como 365.2475 (media de días de un año), meses de duración irregular, y demás. Todo como producto de una agitada e interesante historia, pero francamente muy poco útil.

En un Mundo Ideal (categoría a la que pertenece este aporte)… ¿cómo se vería un calendario?

Creo que hay tres cosas básicas a considerar: El formato, el punto inicial, y el periodo.

1. Formato

Es curioso cómo la gente que creaba estándares hasta el S. XX tendía a pensar que estos eran eternos y jamás necesitarán ser actualizados. Eso mató a más de un estándar: Ni siquiera el metro actual mide exactamente lo que medía la primera vez que fué propuesto.

Esa mala costumbre acabó con la asociación de nombre más hermoso que jamás he conocido, la ISO[1]. Asi que comencemos proponiendo un formato de fecha que incluya un prefijo para (a) el estándar mismo, por ejemplo ISO y (b) la versión del mismo. Como esto lo hace la ISO mejor que nosotros, nuestra fecha completa inicial comenzará por “ISO XXXX:YYYY”. Cada vez que mejore el estándar cambiará XXXX o bien YYYY.

2. Punto inicial.

Los estándares deberían ser universales ¿no les parece? Y bueno, ustedes saben que yo lo de universal me lo tomo un poco literalmente… ¿qué tal el Big Bang como punto inicial?

Con un poco de suerte, este punto inicial tiene la ventaja de que no existen las fechas negativas: para el modelo estándar (espero estar al día en esto) el tiempo antes del Big Bang no existe. No hay un “antes del Big Bang” y por tanto nada que fechar en esa fecha.

La desventaja del Big Bang es que no sabemos “exactamente” cuándo fué: 12,7 millardos de años parece una aproximación muy buena, pero evidentemente no sabemos si fueron 12.712.345.678 o 12.789.012.345 (por ejemplo). Por otro lado, sí podemos suponer que nuestras aproximaciones serán cada vez mejores: ?qué hacer?

Propongo usar un número redondo (por ejemplo 12.700.000.000) como “base”, y asociarlo a una versión de estándar. Cuando mejoren las estimaciones, podemos cambiar el número de estándar, y entonces el a~o “ISO XXXX:0001 12.700.000.000” puede ser la misma fecha que “ISO XXXX:0002 12.726.300.000“.

No tiene por qué ser la única base. Sería un poco raro decidir que vivimos precisamente en el a~o 12.700.000.000, la falta de precisión actual nos permite honrar otros hechos importantes como el holoceno: ya existe una propuesta de “calendario holocénico” provocada en parte por los mismos problemas que causan este aporte. Asi que podemos poner como año actual, por ejemplo, 12.700.012.008.

Son necesarias sin embargo algunas aclaraciones:

  1. Cuando se conozca mejor el comienzo del holoceno, esta fecha base tambien puede cambiar, con otro cambio de versión como en el caso de la edad del universo.
  2. Cuando se conozca la edad del universo son suficiente precisión, el holoceno pasaría a “chocar” con esto, y debería ser eliminado como punto de referencia.
  3. El holoceno no es un punto universal, sólo afectó a la Tierra, asi que de todas formas a largo plazo debería desaparecer del estándar.
  4. He dado los ejemplos en años. Pero un buen calendario no debería alterar sólo el punto inicial, sino también, y sobre todo, los períodos.

3. Períodos

Pensando en una civilización terrestre que se expande por las estrellas, no tiene mucho sentido que el calendario estándar tenga en cuenta cosas como la rotación de un planeta sobre su eje o su traslación alrededor de su sol. Semejantes fenómenos naturales no tienen mucha cabida.

La base 10 es otra de las cosas ques se pueden poner en discusión: es una base nacida del hecho de que tenemos manos con diez dedos. A un nivel más universal, la base 12 o 60 tienen mucho más sentido. De hecho en Asia Menor se usó la base 60 y ése es el motivo de que la circunferencia aún hoy tenga 6×60 grados con 60 minutos y 60 segundos.

Pero por amor a la claridad (piedad hacia mis pobres lectores) voy a suponer que al menos en las primeras versiones del estándar se respeta la base 10. ¿Cuál es la unidad de tiempo más pequeña y universal posible? Se me ocurre que el Tiempo de Plack: 0,00000000000000000000000000000000000000000539121(40) segundos. El que sea una unidad pequeña nos ahorra (en principio) el trabajar con decimales, y es una constate realmente universal (el tiempo que tarda un fotón en recorrer una distancia de Planck).

Desde luego no tiene mucho sentido ir por ahí contando Tiempos de Planck, pero llamando algo así como segundoPlanck (“sP”) a una unidad 10e42 veces mayor ya tenemos algo parecido al segundo (la mitad de un segundo): 0,539121(40) segundos serían un “sP”.

A partir de ahí no hay motivos para no seguir usando la base 10, sin más: Vivimos en una fecha que podría expresarse como ISO XXXX:0000 31.000.030.000.000.000, expresado en sP’s desde el Big Bang y con el Holoceno como base intermedia. Tiempos más pequeños pueden expresarse con una coma decimal.

4. Vida cotidiana.

La vida cotidiana, sin embargo, serguirá estando regida en muchos planetas por los (diferentes) ciclos naturales del año y del día. Por eso mi propuesta no incluye unidades que se llamen así: años, meses y días, horas, minutos y segundos podrían seguir existiendo, pero con algunas condiciones:

  • Su uso estaría restringido a un sistema local. Por ejemplo, “tiempo de la Tierra”. Cualquier nuevo planeta habitado debería poder escoger su propio tiempo, y desde luego cualquier nuevo sistema de tiempos debería ser más regular que el desastroso calendario gregoriano.
  • No comenzarían, evidentemente, por el mismo numero ISO que la fecha universal: La XXXX de “ISO XXXX:…” debería ser única.
  • Deberían abarcar periódos de tiempo más bien modestos, adaptándose a la fecha universal para las grandes fechas. La primera vez, sin embargo, puede hacerse al revés: “31.000.030.000.000.000” es un buen número de base al menos durante algunos a~os, si se aceptara este estándar.

Por ejemplo: Marte es colonizado dentro de unos 50 a~os. Las autoridadedes marcianas podrían establecer el a~o 0 (!no uno!) marciano, bien en una fecha bastante exacta como “31.000.030.122.467.492” (el sP en que aterrizó la primera nave colonizadora), bien en una fecha más redondeada y fácil de convertir como “31.000.030.123.000.000”.

Por supuesto mis esperanzas de que alguien realmente asuma este estándar de fechas 😀 .

Pero eso nunca me ha impedido soñar.

  


 
[1] La belleza del nombre se deriva de que, por casualidad, la descripción más exacta y completa posible de sus actividades (Asociación Internacional de Estándares) da un acrónimo inglés (ISO) que corresponde con el prefijo griego para “igual” (isobara, isótopo). A veces la casualidad nos hace un regalo.

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Desde pequeño me han gustado los absolutos. Creo que se debe a una tendencia natural que tengo a descomponer todo en cosas más simples, o quizá una cierta vagancia intelectual: me gusta lo simple. Huyo de esa tendencia como de la peste cuando me doy cuenta de que estoy tratando temas muy complejos, pero si me dejan a mi aire, empiezo por algo simple. Ya habrá tiempo de complicarlo… si es necesario.

Eso no quita que desconfíe de las respuestas simples. Pero no porque no me gusten, realmente… son tentadoras. Simplemente, he aprendido que caer en la tentación es peligroso. A veces he dicho que “no me gustan las respuestas simples“, pero es un error, realmente sí me gustan… pero desconfío de ellas.

Cuando me convertí al ateísmo, una de las preguntas que me vi obligado a hacerme fué en qué iba a basar mi moral. Nada me hubiera impedido asumir la moral cristiana: ya hacía tiempo que había comprendido que una cosa es la moral y otra la cosmogonía. Pero la moral cristiana estaba llena de vericuetos y complejidades, de principios que se pisan unos a otros… hay diez mandamientos (bueno, realmente hay once, pero dejemos eso), y me temo que es posible encontrar ejemplos para todas las 55 posibles combinaciones de conflictos entre dos cualesquiera de ellos. Un sistema así no es simple.

Y como dije, me gustan los absolutos. Y un sistema así, desde luego, no es universal.

Porque claro, repito, a mí me gusta lo simple… “universal” significa “aplicable a todo el universo“. El universo no se acaba en la Tierra. Una frontera artificial que dijera “hasta aquí vale esta moral, más allá de esta línea de puntos, tendrás que usar otra cosa“, no me sirve. También me desagrada la idea de encontrarme con un extraterrestre inteligente que se reproduce por partenogénesis, y tener que explicarle que uno de los principios morales básicos es “honrarás a tu padre y a tu madre“. No me parece simple.

Asi que cogí mi mochila intelectual y me puse a buscar un principio moral universal. Repito: Un principio moral universal. No mas de uno, para que no hubiera, ya desde el comienzo, que establecer prioridades ni resolver conflictos. Y universal, para que el extraterrestre lo entendiera sin tener que explicárselo.

Desde luego, si hay algo que comparten todos los seres que sean producto de una evolución biológica, es el instinto de conservación. Si no como individuos, al menos como especie. Confiaba por tanto en que cualquier extraterrestre entendería eso: “los nuestros deben sobrevivir“.

Y por otro lado, confiaba en que entenderían el concepto de moralidad. Eso implica una cierta capacidad intelectual: después de unos cuantos intentos fútiles, llegué a la conclusión de que el jarrón sobre la mesa de mi casa no iba a entender nunca mis ideas sobre el bien, y que por tanto no merecía la pena concentrarse en defender la preservación de los jarrones como máximo principio moral. Éstos no van a apreciar el detalle. Son desagradecidos por naturaleza.

Lo mismo se aplica a las plantas, y como mínimo a la gigantesca mayoria de los animales. Estos sí poseen instinto de conservación. Pero, ay, no saben que lo poseen. No pueden formularlo. Y así, poco a poco, me iba acercando a un principio moral lo bastante universal como para que el extraterrestre lo entendiera, y lo bastante restringido como para no defender a tipos desagradecidos como los jarrones de mi casa.

La guinda final la puso quizá, Carl Sagan, con su gran frase “somos materia de estrellas, reflexionando sobre sus propios orígenes“. Eureka. Ahí está eso que hay que defender: la capacidad misma de reflexionar sobre nosotros mismos.

Éste es mi concepto de “bien absoluto”:

La pervivencia de la autoconsciencia en el universo.

Con autoconsciencia me refiero a algo que realmente no estoy capacitado para definir de forma exacta. He hecho muchos intentos, algunos mejores que otros. Pero quizá se me entienda con lo siguiente:

  • Me refiero a la capacidad de pensar “yo”. La capacidad de pensar como uno mismo, en cuanto a individuo.
  • Me refiero a la capacidad de modelar nuestra propia mente, dentro de ésta. Se trata por tanto de una cierta recursividad, como si una pipa de fumar tuviera grabado en su mango, el dibujo de una pipa de fumar. La primera pipa es la real, la segunda no es una pipa, es el modelo de una pipa, mucho más sencillo. Y por eso, puede formar parte de la pipa real.

La autoconsciencia, y esto es un juicio estético mío, es algo maravilloso.

Me causa verdadera reverencia pensar que el universo, en base a leyes y hechos relativamente simples, ha sido capaz de generar la autoconsciencia. El mismo tipo de reverencia, supongo, que siente un religioso ante la idea de Dios. Autoconsciencia: seres que piensan sobre sí mismos, que reflexionan sobre sí mismos, y a la vez reflexionan sobre el universo. Materia de estrellas, reflexionando sobre sí misma.

Mi sistema moral se basa en ese único principio: la autoconsciencia debe seguir existiendo. En principio, no importa si existe en un sólo ser, o en varios… podemos suponer que “ser uno” es arriesgado, se corre el peligro de que muera “sólo uno” y nos quedemos con ninguno, asi que yo tendería a evitarlo… pero sólo si y mientras suponga un riesgo adiccional. En principio, lo que me importa es que haya autoconsciencia. El número no importa.

Tampoco importa si soy yo u otros. No me importa si la autoconsciencia es humana o no. Ni siquiera importa si esta autoconsciencia sufre… firmaría su pervivencia doliente si la única alternativa fuera la desaparición. La “felicidad” no es mi bien absoluto – es la pervivencia.

Por supuesto semejante ideal está muy, muy lejos de ser un projecto político o siquiera un sistema moral adecuado para manejarse todos los días por la vida. Es sólo el principio. Pero a partir de ese principio se puede llegar a un principio algo más concreto. Veamos cómo:

Tengamos en cuenta que la única autoconsciencia de la que tenemos total constancia, es la de los seres humanos. Admito que algunos animales pueden tener un cierto nivel de autoconsciencia, e incluso autoconsciencia plena, pero aún si es así, eso sólo significa que nosotros, como gobernantes del planeta, debemos hacernos responsables de ellos también.

Tengamos en cuenta que las ciegas fuerzas de la evolución favorecen la autoconsciencia muy rara vez. La autoconsciencia requiere un cerebro complejo, y eso requiere muchas proteínas y mucha energía. Evolutivamente, es raro que convenga ser autoconsciente. Por eso hay millones de especies que no lo son, y muy pocas (o una sola) que lo es. Dejada de la mano de la evolución, la autconsciencia seguirá siendo un fenómeno raro.

Y tengamos en cuenta que este planeta no es eterno. A menos que hagamos algo para evitarlo (nosotros, u otros seres tecnológicamente avanzados cuya existencia no nos consta), la Tierra desaparecerá abrasada bajo el sol rojo dentro de miles de millones de años. Y con ella, toda posiblidad de que la evolución de lugar o mantenga autoconsciencia sobre el planeta.

La conclusión está clara: la humanidad debe seguir existiendo. Es preciosa, como depositaria de autoconsciencia, y como responsable de la salvación de la vida terrestre más allá de lo esperable a través del curso normal del desarrollo del sistema solar… sea evitando ese desarrollo, sea exportando la vida a otros espacios.

La humanidad debe, por tanto, no sólo permanecer, sino además adquirir más poder. El poder necesario para, algún día, salir acompañada de vida terrestre, a otros planetas y estrellas… e incluso, el poder necesario para eternizar el sol.

Del principio muy general que dice que “la autoconsciencia debe pervivir”, llegamos por tanto muy fácilmente, a otro principio moral, más cercano:

La humanidad debe progresar en poder y sabiduría.

Desde luego, la sabiduría es una forma de poder, pero me gusta esta expresión porque sugiere que dos polos que muchas veces los “sabios” y “gurús” ponen como contrapuestos, son realmente complementarios. El poder, político, físico, económico… no es el enemigo de la sabiduría, cauta, calma, comprensiva. En mi mente, al contrario que en la de los ascetas religiosos, ambas cosas son complementarias, no enemigas. Necesitamos ambas.

A partir de ese “segundo principio único”, yo desarrollo mi moral, usando la razón para deducir más y más reglas y principios, o para juzgar casos concretos. La democracia, los derechos humanos (o animales), el liberalismo… todo esto será bueno porque, y mientras, ayude a que la humanidad progrese en poder y sabiduría.

Y al igual que los seis axiomas de la razón me permiten deducir la existencia de todo el universo, mi principio moral me permite hacerme una idea bastante clara de por dónde debemos ir.

Cuál es esa idea, es el contenido de todo este blog.

 


[1] Literalmente cierta en un buen porcentaje de nuestra masa, esta frase es de Carl Sagan, en la serie documental “Cosmos”.

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Una dirección completa.

Avenida Metallisty, 129A, puerta 13

San Petesburgo, Región de Leningrado (todavía se llama así)

Federación Rusa, Confederación de Estados Independientes, Eurasia

Tierra, Sistema Solar

Brazo de Orión, Vía Láctea

Grupo Local, Supergrupo de Virgo

Espaciotiempo

Supongo que se pueden enviar cartas a la Estación Espacial Internacional, pero no creo que el sistema sea muy normal y si algún día llega a serlo probablememte la dirección será “Tierra (órbita)” o simplemente “Tierra”. Asi que desde luego, a más tardar en “Sistema Solar”, la información no es necesaria para enviar una carta. De acuerdo.

Pero sí ayuda a mantener la perspectiva. Si cuando pensáramos en la posición de algo, nos viéramos obligado a recordar que la Tierra es sólo un planeta de muchos, en un sistema solar de muchos, en un cúmulo de muchos, en una galaxia de muchas… si recordáramos eso cuando escribiéramos un memorándum o una carta llena de orgullo nacional o de convicción en la propia importancia… ¿lo haríamos igual? ¿no se nos colaría por la puerta de atrás un poquito de humildad, y otro poquito de humor?

Quiero decir… “daremos nuestra sangre y nuestros hijos por el Eretz Israel, el Gran Israel desde el Mediterráneo hasta el Jordán, allá por Eurasia, Tierra, Sistema Solar, Brazo de Orión, Vía Láctea, Grupo Local, Supergrupo de Virgo, Espaciotiempo.” Me da la impresión de que en algún momento al hablante se le irían las ganas de mandar a sus hijos a la muerte por una cosa tan absolutamente insignificante que te quedas sin resuello para describir dónde está exactamente… ¿no?

Quizá sería sano, de vez en cuando, poner una dirección “completa”.

 

Estructura a gran escala del Cosmos (WMAP)

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