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Posts Tagged ‘Historia Alternativa’

Así es como me imagino el escenario: Adolf Hitler se vuelve moredano en invierno de 1938/1939.

Primero viene la ya mencionada etapa de “recuperación” de mi “ataque”, en este caso calculada como muy breve porque corro peligro de ser eliminado por algunos de mis colegas, especialmente Göring. Luego, la principal prioridad es prepararse para nuestra entrada en la Segunda Guerra Mundial, una guerra que desde mi humilde punto de vista comenzó en 1937. Considero que esa entrada, alas, es inevitable. Primero porque esto es una fantasía y otra cosa sería aburrida, pero también porque:

  • Es muy tarde ya, Hitler para entonces lleva planeando desde hace años esa guerra, que muchos nazis desean y muchos militares han planeado. Me arriesgo a un golpe de estado del que puede salir un régimen bastante más sangriendo que lo que yo intento hacer.
  • La economía alemana está profundamente endeudada y sólo puede sobrevivir con las restricciones que puedo imponer en tiempos de guerra, y con el botín. Un botín que espero considerable, y que incluye los trabajos forzados y el expolio de muchísima gente.

La preparación es a varios niveles:

  • Construír campos de trabajo masivos y funcionales, es decir, creados no para exterminar a la gente sino para que su trabajo sirva para sostenerla a ella y producir cosas útiles. Lo justifico con la enormidad de la guerra que está por venir (“necesitamos todos los brazos”) y el peligro del comunismo. De momento están casi vacíos… casi. Judíos y disidentes los van llenando (así mantengo mi perfil político) y mejorando… a algún nazi le puede extrañar que dedique tanto interés a la idea de que los prisioneros deben vivir decente y saludablemente en vez de matarlos a trabajar. Lo justifico diciendo que no sabemos cuánto tiempo los necesitaremos, y con ideas sobre la motivación como factor de productividad del trabajo.
  • Una intensa campaña, con medidas discriplinarias y reglamentos pero también publicidad y propaganda, para imponer dentro del ejército un código moral “caballeresco”. Uso para ello (como el Hitler histórico) la imagen del caballero teutónico medieval, y con eso suavizo la doctrina del darwinismo social: el débil debe ser sometido, sí, pero no ser asesinado. Suavizo así la postura inicial nazi y me esfuerzo por explicar también que “el mundo no entendería” que nos comportáramos “como salvajes” y que Alemania está muy sola en el mundo y no puede enemistarse con todos. Debemos demostrar que somos la civilización superior. La humanidad y el honor, la generosidad con el derrotado, forman parte de todo eso. “Cada soldado alemán es un caballero teutónico” y debe comportarse como tal. Se menciona la propaganda anti-alemana de la Primera Guerra Mundial como ejemplo de qué imagen no debemos dar.
  • Me esfuerzo por no perder más científicos. Eso puede muy bien incluír entrevistas discretas con científicos judíos, en las que afirmo que aunque me ha encantado usar el antisemitismo como argumento electoral, esa etapa ha pasado y ellos verán cómo la guerra significa el comienzo de la relajación. Explico mis ideas “sionistas”: Los judios son una raza inferior porque han degenerado por culpa de carecer de un estado propio durante siglos. Deben volver a obtener un lugar en el mundo, y eso les ayudará a integrarse con las demás naciones. Estas ideas, que de momento se expresan sólo en privado y sólo a muy poca gente, no me ganarán muchas simpatías, pero sí pueden reducir el terror / pánico que en estos momentos pueden estar sufriendo muchos de estos científicos. Dejo que Göbbels repita aquello de “nosotros decidimos, quienes son los judíos”, con un tono más civilizado y menos cínico que en la realidad.
  • El esfuerzo militar de investigación va a aquellas cosas que Moredan sabe que funcionarán: producción en serie de tanques (no necesariamente enormes), submarinos y caza-bombarderos de largo alcance, radares, sistemas de codificación, aviones a reacción, misiles y por supuesto, bombas atómicas. El material radioactivo lo consigo fácilmente por mi pacto con Stalin. No necesito mucho: cantidades mayores las obtendré de las colonias de la Francia de Vichy. Es por supuesto el programa más secreto de mi Wehrmacht.
    • Una palabra sobre Engima: Por un lado, fuerzo y exigo que los códigos sean aún más complejos de lo que fueron en la realidad (más cilindros). Por otro, limito de forma extrema la comunicación que vaya por ellos. Y eso, por supuesto, incluye un manual de uso que prohíbe usar ninguna palabra o expresión que no sea estrictamente necesaria. “Heil Hitler“, por ejemplo. Al mismo tiempo, hago mis esfuerzos para que se desarrolle, si puede ser, a tiempo, la criptogragía asimétrica y los ordenadores.
  • En la diplomacia, mi postura es claramente anti-comunista y de pleno apoyo defensivo a Japón. Pero no hago mucho al respecto, en público. En privado, le sugiero a Stalin que mi anticomunismo es de boquilla, pero mi diplomacia comienza campañas a nivel mundial de información sobre los horrores del comunismo, especialmente centradas en Europa Occidental y los EEUUA. Noten que escribo “información” y no “propaganda” – no necesito mentir sobre el estalinismo, y no lo hago ni dejo que se haga. La verdad basta y sobra. Por supuesto, al cabo de cierto tiempo (¿un año?) Stalins se enterará de que estoy detrás de muchas operaciones de información. Pero para entonces yo ya tendré el Uranio y Polonia y me importará bastante poco su opinión. En ese momento, mi anticomunismo se vuelve feroz y me preocupo de que la gente de bielorrusia, los paises bálticos y Ucrania lo sepan.
    • En otro frente, uso dinero y lobbismo lo más profesional posible, para ganarme a Washington. Contratos y buenas relaciones, visitas frecuentes, comprensión hacia los puntos de vista americanos (si hace falta uso el manido argumento de que “no estamos preparados para una democracia como la suya”, aunque esas cosas no deberían imprimirse en el Reich) y mucha mano izquierda.
    • Y en un tercer frente, el Reino Unido, procuro que la gente y sus políticos sepan que estoy deteniendo el desarrollo de la flota (= barcos), que respeto la ambición británica de “reinar sobre las olas”, y que me considero maltratado por una civilización a la que admiro. Es decir: juego al Kaiser. Siempre será mejor que la impresión que hemos dado hasta ahora. Si consigo llegar a Churchill, incluso con una entrevista personal (difícil de justificar, asi que puede que tenga que encargarse Ribbentrop o que lo hagamos por teléfono) en la que relativizo el antisemitismo, explico que imagino un mundo donde el RU domina las colonias y océanos y Alemania “lidera pacíficamente” la Europa continental, que rechazo que una guerra sea inevitable y que le pido que “sea razonable”. Vamos, soy cínico, mentiroso y por supuesto no tengo éxito, pero sí espero sembrarle de dudas para cuando las cosas se pongan feas.

Así las cosas, llega Septiembre. Y aquí lo dejo por hoy, más en la próxima.

 

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