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Posts Tagged ‘homosexuaidad’

Estoy ahora mismo escuchando a The Communards, uno de los grupos más significativos para el movimiento de liberación homosexual, al menos en occidente. Eso me lleva a hablar de nuevo del tema (que ya traté aquí y aquí). Y en realidad, si me fijara sólo en mi alrededor, sería un tema superfluo: en mi entorno, la orientación sexual no tiene más importancia que una curiosidad, y a veces ni eso. Pero soy consciente de que en la mayor parte del mundo, las cosas son muy diferentes.

Tengo un problema básico, y es que no existe una palabra para definir mi postura respecto a la homosexualidad. En realidad, yo podría usar “sentido común”, pero comprendo que eso significa cosas diferentes para diferentes personas. Antes de hacer mi propuesta (porque no creo estar sólo) déjenme explicar mi situación.

Soy heterosexual. Profundamente heterosexual. De ésos que no entienden qué puede tener de atractivo un cuerpo masculino, de los que piensan que si fueran mujeres, serían lesbianas. De los que les da asquito pensar en determinadas cosas (agradezco mucho a Ralf König que sus caricaturas no sean demasiado realistas).

Al mismo tiempo, comprendo que mi vida sería (o habriá sido) más interesante si fuera bisexual. Más posibilidades, después de todo. Pero es una reflexión intelectual, todas las aproximaciones (puramente mentales) que he hecho al tema me han convencido de que no tengo remedio.

Al mismo tiempo, sin embargo, y de forma igualmente visceral, odio la homofobia.

He sido educado para comprender y aceptar que alguna gente es bi- u homo-sexual, o cosas mucho más raras. Que toda persona con un poco de imaginación tiene algo de “pervertido“, y que el hecho de que no me gusta el hígado de ternera no significa que tenga que pensar mal de aquellos que lo combinan con un buen tinto. No sólo eso, sino que he aprendido a lo largo de mi vida bastante sobre la lucha por la igualdad de los homosexuales: conozco su sufrimiento, sus problemas y la historia de su lucha. Conozco sus enemigos, que en muchos casos son los míos (el fanatismo, la ignorancia). He aprendido sobre la vida y obra de grandes homosexuales (como Mark Ashton), y de homosexuales grandes (como Alan Turing).

Y todo ello hace que no tenga palabras amables para la homofobia. Además de ser antinatural, lo que no tiene la menor importancia fuera de la tremenda ironía (homosexualidad hay en muchas especies, homofobia sólo en la nuestra), más allá incluso de ser una de las “grandes formas” de discriminación, como el racismo, el sexismo, el clasismo y la xenofobia… lo mío con la homofobia es algo especial. He visto a inmigrantes, pueblos sometidos, clases explotadas y hasta a las mujeres defenderse de forma violenta de la injusticia. Pero a los homosexuales, nunca. Y esa incapacidad de defenderse de las agresiones hace que, de algún modo, atacarlos me parezca como atacar a un niño. Me causa un fuerte sentimiento de repugnancia y odio.

Y para esa combinación no encuentro palabras.

Buscando una, me encontré con “homofilia”. De hecho, en inglés esa palabra se usó durante los años 50-70 con el mismo significado que le estoy dando yo: una defensa clara y sin compromisos de los derechos de los homosexuales, y un interés por su bienestar. Pero siempre se ha confundido con, y algunas veces se ha usado como sinónimo de, homosexual.

¿Podríamos recuperar el término homofílico? Para referirse la gente como yo, que sin ser homosexual disfruta como un chino de películas como “Pride“, de los cómics de Ralf König y de las canciones militantes de The Communards. La gente que está dispuesta en todo momento a apoyar y ayudar a la causa de la no discriminación contra los homosexuales (evidentemente me refiero tanto a gays como a lesbianas).

Asi que, desde aquí, esta humilde propuesta: El retorno a la homofilia.

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Algunas consideraciones básicas.

1. Foco

El foco de este aporte es el matrimonio legal constituído por dos personas del mismo sexo.

Es por tanto el matimonio legal, civil. No el religioso. El matrimonio religioso es una institución que tiene un significado religioso, no legal, y por tanto la ley tiene muy poco que decir al respecto porque la ley debe respetar la libertad religiosa de los ciudadanos. Precisamente por eso, cada ciudadano puede someter su concepto de matrimonio al arbitrio de organizaciones religiosas, las cuales pueden por supuesto organizar sus ritos y símbolos como mejor les parezca. Incluyendo, por supuesto, el poner condiciones que serían discriminatorias en un acto legal, pero que son simplemente libres y arbitrarias en un acto particular de unos particulares.

Estamos hablando, por tanto, de las leyes referentes al matrimonio civil, legal, que afectan a todos los ciudadanos, sean cuales sean sus creencias.

Estamos hablando, específicamente, del matrimonio formado por dos personas del mismo sexo, y por tanto llamado “matrimonio homosexual”. No es homosexual porque lo lleven a cabo homosexuales. Es homosexual porque es un matrimonio en que los dos contrayentes tienen el mismo sexo.

 2. Discriminación.

La discriminación por razón de sexo ante la ley es contraria a la Declaración Universal de los Derechos Humanos. “Artículo 7: Todos son iguales ante la ley (…). Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración.“. Esta Declaración ha sido aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas y es por tanto parte de la legislación de todo estado miembro de la ONU.

Además, la gigantesca mayoría de los países civilizados declara explícitamente en su Constitución la prohibición de toda forma de discrminación ante la ley por razón de sexo.

La prohibición del matrimonio homosexual, es discriminación por razón de sexo.

No es discriminación por razón de orientación sexual: Un gay siempre ha podido casarse, mientras fuera con una mujer. Una lesbiana también, mientras se casara con un hombre. La mayoría no quería, pero poder, podían. Un gay y una lesbiana también han podido siempre casarse, formando un matrimonio compuesto por homosexuales, pero no un matrimonio homosexual, como se ha indicado arriba.

Si un hombre puede casarse con una mujer, pero no con hombre porque éste es hombre, entonces lo que tenemos no tiene nada que ver con la orientación sexual de ninguno de los afectados. Es el sexo lo que está determinando la prohibición, no la orientación sexual. Por tanto, es discriminación ante la ley por razón de sexo.

3. Consecuencia.

Toda persona que defienda honestamente la no discriminación por razón de sexo ante la ley; y que no crea adecuado imponer las ideas religiosas de un grupo determinado a toda la sociedad, debe defender que el matrimonio pueda llevarse a cabo entre personas del mismo sexo.

Eso no depende de las demás creencias de ésa otra persona. Alguien puede ser un católico convencido, creer que la homosexualidad es perversa, creer que sólo el matrimonio católico es realmente válido, creer que los contrayentes de otro matrimonio irán al infierno por fornicadores (aunque sean heterosexuales), y estar convencido de que el que la homosexualidad es “abominable a los ojos de Dios”. Pero si cree que nadie tiene derecho a imponer sus ideas religiosas sobre los demás ciudadanos, y que la discriminación por razón de sexo ante la ley es inaceptable… debe defender la legalidad del matrimonio homosexual. No es una cuestión de elección: O defiende la legalidad del matrimonio homosexual, o renuncia al principio de no discriminación y al de aconfesionalidad (no “laicidad”) del Estado.

Igual que yo defiendo la legalidad de la Iglesia Católica, aunque me repugnan su ideología, métodos, fines, estrucura interna, mitos y acciones. Una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa. Como Voltaire, podemos a la vez detestar lo que alguien dice, y estar dispuestos a defender su derecho a decirlo.

4. El argumento de la degeneración.

Si permitimos que se casen dos hombres, entonces pueden casarse dos compañeros de piso que no se amen“.

Efectivamente, y se pueden casar de todas formas si son hombre y mujer. O por conseguir un pasaporte. O por pagar menos impuestos. O por tener una casa propia donde tener cada uno de ellos y por separado, sexo homosexual con otras personas.

Siempre ha existido la posiblidad de que dos personas usen el matrimonio de forma diferente a la tradicional, el matrimonio homosexual no cambia esa situación.

5. El argumento de la cabra.

“Si permitirmos el matrimonio homosexual, automáticamente deberíamos permitir el de tres personas, o de una persona y un cabra… ¿por qué no?”

Porque la no discriminación ante la ley por razón de número o especie no están en la Declaración Universal de los Derechos Humanos ni en ninguna Constitución. Por ejemplo.

Pero efectivamente, deberemos analizar estos casos con una mente abierta y ver cuándo y qué tiene sentido prohibir cada cosa. Y prohibir sólo cuando tenemos un motivo para ello.

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